Siempre es bueno confiar en nuestro instinto, ese sentimiento profundo que te dice que las cosas no están bien y que debes hacerte a un lado para que no te arrollen. Me habría gustado haber podido confiar en mi instinto, haber hecho caso de todo lo que me pedían mis tíos, así no estaría sufriendo las consecuencias de mis propias decisiones. ¿Por qué no confié en mi instinto? ¿Por qué me dejé llevar?
[...]
—¡Mamá! —grité desesperadamente cuando entré a casa—. ¡Mamá, ¿dónde estás?! ¡Mamá!
Busqué desesperada por todos los rincones de nuestro pequeño hogar, pero no encontré nada. Realmente pensé que aquella llamada que recibí minutos atrás era una completa mentira:
—¿No te vas a comer eso? —preguntó Jasper con una enorme sonrisa mientras me quitaba parte de la comida—. Qué lástima, el pastel de chocolate está tan delicioso… Gracias por regalármelo, Saori…
—¡Oye, eso es mío! —exclamé y sonreí mientras ambos teníamos una guerra para ver quién se quedaba con la comida del otro—. ¡Dámelo! Jasper, estamos haciendo un desastre aquí… ¡Dame mi pastel!
Entonces mi teléfono sonó y detuvimos nuestro juego. Tomé mi teléfono y al ver un número desconocido fruncí el ceño.
—¿Hola?
—Buenas tardes, ¿hablo con la señorita Saori Pierce? —una voz fría y masculina me habló al otro lado de la línea y eso encendió mis alarmas.
—Ehh... sí, ella habla —respondí con desconfianza—. ¿Quién es?
—Habla con el oficial Park del departamento de policía de la provincia central. Le llamo para informarle que su madre, la señora Ianthe Pierce, se encuentra recluida dentro de nuestras instalaciones.
El tiempo se detuvo de golpe y mi corazón comenzó a repiquetear con fuerza. La respiración me fallaba y había comenzado a sudar a mares.
—¿Qué? ¿De qué está hablando? Ella no...
—Le comunico a su madre. Tiene dos minutos —me interrumpió y su voz desapareció.
Escuché varias voces en la línea antes de poder oír su voz:
—Saori... —escuchar la voz estrangulada de mi madre me rompió el corazón.
—Mamá, ¿qué pasó? ¿Por qué estás en...?
—Cariño, escucha, yo no hice lo que dicen —comenzó a hablar con desesperación y muy rápido—. Ellos están haciendo todo esto. Ten cuidado, hija.
—Mamá, no entiendo —murmuré—. Voy para allá, espera un poco por favor.
—Saori, ten cuidado —mamá me advirtió de nuevo—. Quieren hacerte daño, no te quedes sola.
—Está bien, no lo haré. Ya voy, espera un poco —le dije y finalicé la llamada.
Con rapidez, tomé mi bolso y me despedí de Jasper. Él quiso acompañarme a la estación de policía, ya que estaba confundido por mi actitud, pero no lo dejé y me marché sin él.
Con las manos temblándome, busqué mi teléfono dentro del bolso para poder llamar a mi tía. Sabía que ella tenía que ver en esto, pero una silueta en la entrada de mi hogar me detuvo de mis acciones. Enojada, caminé hacia ella. La miré mientras me dirigía una sonrisa bastante aterradora. Mi tía estaba disfrutando de todo esto.
—¡¿Qué hicieron?! —grité histérica—. ¿Dónde está mi madre?
—Estoy segura de que el oficial Park ya ha hablado contigo —me dijo victoriosa—. La pregunta aquí es... ¿por qué no has ido con tu madre?
—Yo... —bajé la mirada avergonzada, realmente no pensé en lo que estaba haciendo—. Pensé que se trataba de una broma para asustarme... No puedo creer que hayan sido capaces de enviar a mi madre a prisión. ¡¿Qué culpa tiene ella?! ¡No es mi culpa que mi abuela haya decidido dejarme todo a mí! ¿Por qué tienen que lastimarnos de esta manera? Solo la tengo a ella… Tía…
—Te dije que te arrepentirías, Saori —dijo. Sus penetrantes ojos negros intentaban acabar conmigo—. Deberías saber que cada decisión que tomes traerá una consecuencia, ya eres una persona adulta. Deberías tener mucho cuidado con las cosas que haces.
Sin importar lo humillante que pudiera ser esto, me acerqué a mi tía y me arrodillé frente a ella. Junté mis manos y empecé a frotarlas implorando piedad. Las lágrimas comenzaron a fluir por mis mejillas sin detenerse.
—Por favor... tía, te lo suplico, deja ir a mi madre... ¿Quieres el dinero? ¡Está bien! Tómalo todo, pero por favor...
Mis súplicas se vieron interrumpidas cuando ella comenzó a reírse estruendosamente de mí. Sus largas carcajadas realmente daban miedo, lo que automáticamente hizo detener mis lágrimas y con mucha lentitud me levanté del suelo. Ella estaba disfrutando de mi desgracia, eso era lo que quería, jamás me iba a ayudar.
—No, cariño... así no funcionan las cosas —dijo alejándose de mí y se comenzó a ver en uno de los grandes espejos de la casa—. De cualquier forma obtendremos la herencia de mi madre. Tu mamá será encarcelada por haber asesinado a mi madre y el testamento quedará nulo ya que abusaron de ella estando mal de su cabeza. La herencia la compartiré con mis hermanos, pero es mejor que dejárselo a una niña inmadura.
—No pueden hacer eso... ¡Mamá no le hizo nada a mi abuela! —grité de nuevo—. No pueden ser tan crueles.
—Cariño, el dinero hace posible todo. Finalmente pagarás en nombre de tu padre por habernos humillado —dijo con una enorme sonrisa en sus labios y se dirigió a la puerta, pero se detuvo antes de marcharse y me miró de nuevo—. Ah, será mejor que no hagas ninguna tontería, tengo a la policía de mi lado... Aunque si quieres hacerle compañía a tu madre, serás más que bienvenida.
Se rió una última vez y finalmente se fue de mi casa, dejándome sola y con la cabeza gacha. Completamente derrotada.
—Te juro, tía, que no se saldrán con la suya —murmuré para mí misma después de un rato—. Tienes razón en algo y es que siempre debemos tener cuidado con las personas a las que lastimamos en nuestro día a día… ¿Quién sabe si mañana se te pueda devolver?
Estaba muy enojada. Una cosa era meterse conmigo, eso no me importaba, pero mamá... Mi mamá era otra cosa.
Yarah Pierce, algún día nos volveremos a ver y juro que la situación será diferente.