Mona fue la primera en llegar, era el estilista del Club, me miró enfundada en ese minivestido dorado y sonrió con entusiasmo, sus ojos brillaron como si hubiese recibido el mejor regalo de navidad. -Eres todo un diamante en bruto, ven- me dijo y me tomó del brazo para llevarme a la los camerinos, me senté en el tocador profesional e inmediatamente después se puso por detrás mientras se recargaba leventemente sobre mis hombros -Hmm…-musitó -Mona, no creo que… -¡Silencio!, estoy pensando- llevó una mano hacia el mentón, entrecerró un poco los ojos y arrugó la nariz como cuando hueles algo feo- ¡Lo tengo!- dijo tan fuerte que me hizo dar un brinco en la silla, tomó mi pelo oscuro y lo movió un tanto, los rizos se me desordenaron hacia un lado- ¡Hoy usarás peluca!- sentenció -Pero Mona,

