Joe se encontraba en su apartamento de Londres, el mismo que había llegado a habitar dos años atrás, cuando dejó de compartir su vida con Ana. La habitación estaba fría, el único calor provenía del té que sostenía entre las manos. Frente a él estaba Alex, conectado en videollamada, si bien no era su mejor amigo, él era el único que podía llegar a conocer y entender a Ana. Alex se dio cuenta que algo no estaba bien, y a pesar de no conocerlo lo suficiente sabía que la raíz del problema era Ana. —¿Entonces qué vas a hacer? —preguntó Alex, con la voz calmada, pero firme, observando a Joe a través de la pantalla, quien parecía perdido en sus pensamientos. Joe levantó la mirada y suspiró, dándole un sorbo a su té antes de hablar, como si cada palabra fuera un esfuerzo. —No lo sé, Alex. Quier

