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1287 Words
Narrado Jayden. Una vez en el parque de tuve que arrastrar un poco a Nadia que parecía no querer moverse, no sabía si era porque iba conmigo o porque era perezosa en general, cosa que no me sorprendía ya que eran contadas las veces que la había visto hacer deporte. —Nadia—la llame y ella me miro. —¿Qué he hecho ahora?—se quejo ella. Íbamos mucho más lento que los demás, haciendo que fuéramos separados y no me importaba pero no creo que fuera lo mejor. —Vas muy lento—le dije y estiro bruscamente de mi brazo haciendo que me girara. —¿Te das cuenta que me sacas dos cabezas?—me pregunto ella y la mire. Era verdad que era más alto que ella y por ello mis piernas eran más largas, por lo que podía entender porque íbamos tan lento. Me agache un poco. —Sube a mi espalda—le dije sin dudarlo. —¿Que?—me pregunto sorprendida. —Sube—le repetí algo más serio. Ella subió sin dudarlo y la agarre por las piernas para empezar a andar mientras ella me abrazaba por el cuello. —¿Estás seguro de que quieres llevarme así?—me pregunto. Me sorprendió que tuviera un tono más amable pero no me iba a quejar, me gustaba ese tono. —Tranquila—le dije—Estoy acostumbrado a llevar a mi hermana—añadí tranquilo. Kira, era mi hermana pequeña de doce años, que aunque hacía un tiempo que no la llevaba siempre que podía evitaba andar y se subía a mi espalda, y Nadia no pesaba mucho más que ella. —No sabía que tenías hermana—me dijo en un tono tranquilo y dulce. Camine mirando al frente y respire hondo. —Medio hermana—dije y note como ella se movió un poco para apoyar su cabeza en mi hombro con curiosidad—Es hija de mi madre y su pareja—aclare. Nadia se quedo un momento en silencio cosa que nunca era buena señal. —¿Y tu padre?—pregunto. Me pare en seco. —Eso no es asunto tuyo—le dije al recobrar las fuerzas para seguir caminando. La persona con la que mi madre se caso y se acostó para tenerme, no se podía llamar padre, era un maldito borracho que solo sabía quejarse y beber, no era un buen hombre y estaba mucho mejor sin él, estaba mejor con el muerto pero no iba a ser avaricioso. —Si supuestamente soy tu novia deberías contarme esas cosas—me refuto usando mis tontos planes contra mi. La baje cuando llegamos con los demás y la mire. —¿Tú me vas a contar las cosas oscuras de tu vida?—le pregunte y ella me miro. —No—me dijo y la mire. —Entonces no tengamos conversaciones que no queremos—le dije y me fui donde Liam que estaba sacando las entradas para esa atracción. Liam, era mi mejor amigo pero era antes que eso primo de Nadia por lo que sabía que cuando pudiera me iba pegar. —Se que estás enfadado—le dije y él me miro sin entender nada. —¿De que hablas?—me pregunto revisando las entradas. —De que haya hecho lo de ser novios a la fuerza con Nadia—le dije. Liam me miro analizando las cosas. —Primero que nada, me das pena porque esa chica no te va poner las cosas tan fáciles—comento Liam. —Lo se—le interrumpí sabiendo que Nadia planearía algo para que me cansara de ella y le dejara, evitando así que habláramos del tema pero lo que ella no sabía, era que yo la conocía demasiado bien y que no me iba sorprender con nada. Liam me miro. —Dos dos tenéis demonios parecidos—comento y le mire impresionado, sabía por él que Nadia lo había pasado mal pero no sabía la magnitud de esos sucesos—Y eres de las únicas personas con las que no me importaría que Nadia saliera—me dijo y le mire impresionada. Tenía muchas ganas de saber quienes eran esas otras personas con las que dejaría salir a Nadia, solo para ver que tan alto estaba, aunque seguramente era el primero, ser su mejor amigo daba puntos. —¿Perdona?—se quejo Nadia y los dos la miramos sorprendida. La morena apareció con los brazos cruzados. —Nadie puede decirme con quien puedo estar—nos aviso y Liam levanto las manos no queriendo discutir pero yo la quería molestar un poco más. —Venga nena, no seas tonta, es broma—le dije y ella me miro. —Vuelve a llamarme nena y te arranco el pelo—me amenazo y la mire. —¿Pequeña?—le pregunte y ella me miro. —¿Quieres que te mate?—me pregunto y le mire. —¿Enana?—le pregunte y ella me miro. —Haz un solo apodo más que tenga ver con la altura y hare que midas medio metro—me aviso y la mire. —¿Muñeca?—le pregunte divertido. Sabía que esto no le gustaba pero a mi me encantaba verle enfadada. —¿Quieres que te meta una por el culo?—me pregunto y le mire asustado. —Que carácter—comento Noah y Nadia le miro seria haciendo que se alegara por miedo. —¿Cariño?—le pregunte y Nadia volvió toda su atención a mi. —¿Pero tu te crees que estamos en una mala novela de romance?—me pregunto molesta y se cruzo de brazos—No necesito que me busques apodos ridículos porque no somos pareja de forma seria— se quejo y le mire. —¿Pecas?—le pregunte ignorando sus quejas. Ella grito molesta. —¿Tú eres tonto?—me pregunto molesta—No tengo pecas—me aviso y se giro para irse a la atracción. —Si no quieres que me meta con la altura dudo que quieres que sea algo como morena o hermosa—le dije y ella se giro para mirarme de brazos cruzados—Y me imagino que lo de princesa o bebe, me podría provocar una patada en el culo muy grande—le dije y ella me miro. —No se porque te sigo escuchando—dijo ella haciéndome reír. —Estrellita—le dije y ella me miro sin entender nada. —¿Que?—me pregunto bastante sorprendida. —Cuando llegas a un lugar todos te miran y brillas sin necesidad de que nadie te alumbre, como las estrellas, ya sabes eso de que todos están esperando a que lleguen para disfrutar de ellas porque son algo inalcanzable y hermoso al mismo tiempo—le dije y todos me miraron—Eres una estrella en lo que haces, tu misma dices que eres la mejor en todo ¿Por que no llamarte así?—le pregunte. Nadia me miro sorprendida sin saber que decir, pero extrañamente relajo su postura, dejando de tener sus brazos cruzados y dejándolos a cada lado de su cuerpo, y me miro más relajada, incluso podía decir que se forzó el no sonreír, por lo que le había dicho. — ¿En que atracción nos vamos a montar primero?—pregunto cambiando de tema. Cosa que significaba que el apodo le había gustado y que no lo iba a admitir por no dañar su orgullo, pero tenía un apodo con el que le iba a llamar, todo el tiempo.
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