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1240 Words
Mia me enseño todo el colegio, y me dijo las normas, pero no lo hizo como su hermanastra, me dijo lo que se podía hacer y los fallos de las normas que tenía el colegio. Compartíamos todas las clases, fue una gran coincidencia, quizás rozaba el acoso y cansancio pero no me importaba y compartíamos el turno de comida, cosa que no hacía con el resto de mis acompañantes de viaje, en cierta forma lo agradecí. —Aún no me has respondí si tienes amigos—me dijo y la mire. Estábamos sentadas en una mesa del comedor alejada de todo el mundo nosotras dos solas. —¿Cómo se que no vas a usar lo que diga en mi contra?—le pregunte y ella me miro. Mia se llevo un poco de carne a la boca y me miro. De lo malo malo, la comida, era algo decente y con sabor. —No tengo amigos, soy la marginada y rara de este colegio, todos tienen una y del colegio Potter, ese papel es el mío—me dijo y la mire—Siempre nos pasa a las ravenclaw, la casa olvidada—añadió—No tendría con quien compartir las cosas y humillarte—me dijo y la mire. En verdad, ella no me conocía por lo que aunque quisiera no tendría razón para odiarme ni para usar las cosas que le dijera en mi contra, no creo que ganara nada sabiendo cosas sobre mí. —Pensaba que tenía amigos—le dije y ella me miro impresionada—Pero ayer me enterré de que mi padre les paga para que estén conmigo—le dije. Había escuchado la conversación que tuvieron todos a mis espaldas, pero aún así dolía, dolía que ni aún teniendo que engañarme se esforzaran en hacerme sentir querida, y su amiga. —¿Por que?—me pregunto y la mire. —Odio a la gente y demasiadas cosas en general—le dije y ella me miro—Soy difícil de aguantar—comente. Ella me miro. —A mi me parece que solo eres una mujer con determinación—me dijo y la mire—Siempre se ha tendido a tachar de brujas a las mujeres poderosas o a dejarlas solas, solo por envidia—me dijo y la mire. Apoye mis codos en la mesa y mi cabeza en las palmas de mis manos. —No creo que me tengan envidia—le dije y ella me miro imitando mi postura. —La tienen—me dijo y la mire impresionada relajando mi postura—Por lo que he podido ver, eres inteligente, la gente en su mayoría le teme a la inteligencia porque va contra lo que creen—me dijo y la mire. —Puede ser—le dije y ella me miro. Tenía razón en parte, la inteligencia estaba atada a la acción de plantarse que todo estaba mal y eso en ocasiones iba contra las creencias de las personas, no solo con las religiosas, sino cuando alguien veía las cosas de una forma y otro venía a preguntarle porque, a intentar cambiar su forma de ver o al menos comprenderla con presuntas, la gente se incomodaba, lo veían como algo violento y un ataque. Quizás eso es lo que pasaba conmigo. No era mi personalidad fuerte y en ocasiones algo egocéntrica, sino que mi forma de vivir la vida planteándome todo y criticándolo todo, cansaba a las personas, por lo que tenían que tener algo fuerte para estar a mi lado. —Tienes tazón—le dije tras analizarlo. Mia me sonrío. —Las personas más inteligentes son los locos marginados—me dijo. La mire. Yo no estaba loca, pero no era una discusión que iba a tener en ese momento. Mire por los ventanales del comedor para ver a lo lejos, en el aparcamiento, al mismo hombre que el miércoles a la noche me molesto. Con la luz del sol le pude ver más claro, era alto, demasiado y corpulento, tenía los hombros muy anchos, y parecía que tenía la espalda torcida, pareciendo que tenía una joroba pero al mismo tiempo parecía estar de pie en forma perfecta. Respire hondo. Iba tontamente de n***o, con una camiseta negra y un abrigo grande n***o, sus vaqueros eran negros pero iba descalzo dejando ver sus enormes pies, la mitad de su rostro estaba tapada con una mascara con esas de plástico pero que dejaban ver parte de las quemaduras, de esa piel arrugada y deforme. —¿Qué miras?—me pregunto Mia. No la mire, seguí viendo al hombre que me miraba sin moverse.  La gente pasaba por su lado como si el no estuviera, pero una persona como esas no era fácil de ignorar. —¿No lo ves?—le pregunte. —Nadia—me llamo preocupada. Me levante y sin dudarlo salí lo más deprisa que pude del comedor pero sin correr para que nadie me mirara, para que nadie supiera que estaba viendo para que nadie me atormentara con esto, para que la gente no me viera vulnerable. Salí del comedor mirando al suelo, mientras intentaba contar hasta diez para olvidarme de lo que había visto. No mire por donde iba, por lo que choque con un cuerpo. —Nadia—me llamo Jayden. Con él choque. Mire al chico que me miraba preocupado. —¿Qué pasa?—me pregunto preocupado y le mire. —Esta aquí—le dije y él me miro. —¿Quien?—me pregunto preocupado. Con cuidado me agarro y me quito del medio del pasillo para llevarme a una esquina y poder tener una conversación más tranquila, así la gente no me miraba y seguía con sus vidas sin molestar. —El hombre de la cara quemada, el que me hirió—le dije y él me miro. Sus ojos eran de preocupación. —¿Dónde estaba?—me pregunto mirando a todas partes. —Estaba mirando como comía pero Mia la chica con la que estaba no le veía, pero te juro que estaba ahí—le dije y él me miro. Paso su mano por mi pelo para después dejarla en mi pelo. —Tranquila—me dijo. Le mire, estaba esperando el que dijera "te creo" o lo que fuera pero nada de nada, simplemente me miro manteniendo la calma. —Yo—le llame para que dijera algo pero no lo hizo y solo me abrazo. —Yo me encargo—me dijo tranquilo. Le mire a los ojos, él me abrazo con fuerza mientras acariciaba mi espalda tranquilo. —No voy a dejar que nada malo te pase—me susurro. Fue un impulso, pero me abrace a él con fuerza quizás demasiada pero que fuera la primera persona que me creía que no me juzgaba y que se acercaba a mi, al parecer de forma sincera, me daba una sensación que jamás había sentido, una alegría y una paz que no podía entender como un idiota como Jayden me podía dar, no comprendía a mi mente y a mi cuerpo en estos momentos pero solo entendía que en sus brazos. Hoy. Ahora. Me sentía bien. sentía que nada me podía pasar, que nada me podría hacer daño y que si quisiera, el mundo enterró sería mío. Pero él no estaba preparado para saberlo, ni yo para decírselo.
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