Noche = Oscuridad.
Tayler
Pasamos la noche acurrucados luego de repetir dos veces más nuestra entrega, Daniela es la mujer más hermosa que he conocido y ahora es mi mujer «Mi mujer… me encanta como suena, Mía, solo para mí.»
Esta sensación de posesión hacia ella me enloquece, solo quiero tenerla cerca y me agobia que seamos tan jóvenes y no podamos dar más pasos hacia vivir como pareja, pero el tiempo es perfecto y lo aprovechare cada día para estar con ella. Son las cuatro de la mañana y ella desnuda bajo las sabanas descansa con su rostro relajado, mientras yo la observo desde la ventana donde me he refugiado luego de una oscura pesadilla, no quise despertarla, habían pasado por tanto estos dos días que solo quiero verla tranquila.
La oscuridad de la noche abraza ahora todo aquello que en el día tuvo luz y fue motivo de felicidad para muchos, lo cierto es que yo me siento arropado por esa misma oscuridad que me roba la luz que hace poco compartí con mi amor.
Estoy preocupado por los acontecimientos de su casa, si bien es cierto que sus padres como adultos que son, se hacen los únicos responsables por gustos y actos, bien sea en el ámbito que sea , deberían asegurarse mejor que sus hijos no supieran de este secreto, además de que el maldito de Rodrigo no me gusta —y aun no lo conozco— para nada, me da temor que ese hombre logre sus intenciones porque no hay que ser muy sabio para sumar las claras intenciones que dejo expuestas con todo lo que ocurrió ayer en casa de mi amada. Me da miedo que la dañe, que abuse de su cercanía y lo utilice como una mera excusa para poder cumplir sus más bajos deseos.
«Me dijo que yo sería de él, y que nadie podría evitarlo, ni si quiera mis padres»
«Tengo miedo »
—Tay — un murmullo me saca de mi ensoñación, no me había dado cuenta que ya había aparecido el sol y que estaba sudando por el reflejo que este proyecta sobre mi desnudo cuerpo a través de cristal de la ventana.
Volteo y la veo parada al lado de la cama, su cara refleja extrañeza y se ve adormilada, mi corazón palpita fuerte y no puedo evitar sonreírle desde el corazón. Ella me devuelve una tímida sonrisa y titubea entre acercarse o mantenerse allí, es tan evidente es lo que me encanta de ella que no sabe ocultar sus sentimientos que es un libro abierto para mí y yo muero cada día por leerla.
—Mi Dana, acércate — le respondo bajo mientras tiendo mi mano en su dirección, lentamente ella se acerca y su cálida mano al juntarse con la mía me hacen consciente de lo helado que esta mi cuerpo.
La acerco y la coloco de frente a mí con su espalda algo separada de mi pecho, evitando así que mi frialdad la incomode. Ella gira su rostro buscando mi mirada y con el ceño fruncido me cuestiona.
— ¿Por qué no quieres abrazarme? Acaso te incomoda mi desnudez.
—No. Jamás me incomodaría ver tu hermoso cuerpo, es solo que estoy muy frío y tú estás cálida —al terminar mis palabras ella se gira dejándonos frente a frente y sonríe.
—Pues entonces vuelve a la cama conmigo y te ayudare a calentarte — una sonrisa pícara se refleja en su rostro un pequeño brillo de deseo se nota en su hermosa mirada.
—Bien, deseo cumplido, mi niña, mi Daniela hermosa, mi mujer — le susurro cerca del oído mientras con mi nariz recorro su suave piel —. Vayamos a calentar este cuerpo.
Su risa inunda nuestra habitación y caminamos abrazados hasta llegar a la cama nos dejó caer en esta mientras trato de hacerla reír con cosquillas en sus costados, muerdo sus hombros suavemente mientras pide que pare.
—Para, Tay, para. Haces trampa no puedo moverme, me aplastas —al escuchar sus argumentos nos doy vuelta dejándola arriba de mi ella se apoya con sus manos en mi pecho para poder mantener su cara alejada de mi pecho y vernos.
—Ahora no tienes excusas, estamos igualados —su mirada se vuelve fija en la mía y siento que mi cuerpo se excita viéndola así sobre mí y su cuerpo acoplarse con el mío, su calidez en seguida me cubre y paso de estar frio a sentir mi piel arder.
—Cre-creo que —balbucea sin apartar su mirada y su rostro se sonroja haciéndose para mí más hermosa que antes— ya estas calientes.
— ¡Oh, Si! mi amor, ya estoy caliente — no evito reír a carcajadas mientras muevo mí ya erecto m*****o bajo su pelvis y ella abre sus ojos mientras su cara de asombro cubre todo su sonrojo.
—Yo- yo —, tartamudea y yo aguantando la risa, trato de mirarla serio — yo no sé qué decirte — la miro y su ojitos brillosos me enternece a más no poder.
—Pues yo sí sé que más que decir, hacer —susurro mientras me levanto con ella y camino al baño— Es hora de estrenar el jacuzzi.
La siento en el lavado mientras abro las llaves de agua, por fortuna la instalación incluye un sistema rápido de llenado, el agua caliente sale fuerte mientras se mezcla con la fría, volteo a mirarla y ella está meciendo sus pies cruzados una sobre otro mientras sus manos reposan a la orilla del granito de demarca el largo lavado.
En pocos minutos está listo y lleno el jacuzzi, coloco sales y burbuja perfumada, lo enciendo y comienza a moverse el agua de un lado a otro logrando la espuma que se queda sobre la intranquila agua. La tomo en mis brazos y nos sumerjo en el delicioso calor que nos brinda la tibia agua.
Es una bañera ancha y grande, a pesar de ser joven me gustan ciertas cosas ostentosas —además de haber visto por internet que un jacuzzi era favorable para ciertas travesuras— poco a poco he logrado que mi padre me remodele el apartamento como lo deseaba.
—Está caliente, muy rica. Me podría quedar aquí toda la vida, dentro de esta agua cálida y confortante —Me dice mientras habla bajo evidentemente disfrutando del baño.
—Creo que sentiré celos del Jacuzzi, quizás lo mande a quitar —. Le digo en tono serio mientras ella voltea con los ojos muy abiertos, trato de aguantar la risa.
—Tay, no puedes hacer eso, no está bien. Además no solo es el jacuzzi tu podrías tener algo de participación en ello.
—Bien, tendré participación en este jacuzzi y reclamare lo que es mío —. Le digo mientras la levanto y la llevo a la parte donde esta moldeado un asiento ancho la subo allí, dejando de su cintura para arriba fuera del agua.
—Tayler… está haciendo frio — trata de taparse con sus manos sus erectos pechos, pero la detengo. Tomo una esponja y arrojo agua desde su cuello para que recorra sus senos, un pequeño gemido se escapa de su boca y yo la deseo más.
—Yo seré el que te de calor, mi Dana — digo mientras me dirijo hacia sus pechos y tomo uno en mi boca y el otro con mi mano dándole a ambos caricias.
Recorro su cuerpo con besos y mordiscos pequeños, deleitándome con su sabor y su hermosa melodía de gemidos, griticos y suspiros. Mi nombre suena celestial en su voz y me pierdo en el deseo de poseerla, leí que la primera vez no se debe abusar de la penetración y con las tres veces que hicimos el amor anoche me son suficientes —por ahora—, así que ahora será mi boca quien la complazca.
Después de unos minutos la siento sobre el borde del jacuzzi y abro sus piernas, con dulzura logro convencerla y explicarle lo que deseo hacer, así que dejando su resistencia —más que resistencia es timidez— estoy deleitándome con su centro, mientras ella se remueve demostrando el placer que gustoso le estoy ofreciendo.
Verla llegar al clímax es lo más sensual y excitante que he visto en mi corta vida s****l, y hay que saber que he visto muchas cosas en videos e internet para lograr aprender todo lo que es bueno y no en el ámbito s****l además que mi hermano Franco me ha contado montones de historias.
La tomo en mis brazos y me siento con ella sobre mi regazo mientras disfruta de los últimos rastros de su orgasmo, le beso suave, degustando su adictivo sabor.
—Eso fue muy explosivo, Tay— murmura sobre el hueco de mi cuello.
—Fue demasiado exquisito y perfecto — le respondo mientras hago que su cara quede frente de la mía — no quiero que entre nosotros exista alguna desconfianza, sino quieres hacer algo o no te gusta bien sea en lo s****l o en nuestro día a día quiero que me prometas me lo harás saber, las personas dañan sus relaciones y vidas por no decir lo que siente y no reclamar, pelear o buscar lo que quieren.
»Yo te quiero a ti, esta mundo que hemos encontrado ambos por primera vez, lo quiero vivir y descubrir a tu lado, no deseo que te sientas presionada, yo soy hombre y por ello puedes pensar que mis cinco sentidos se dirigen a solo este momento, pero no es así, yo no pienso así Daniela, en verdad ¡Te Amo! Y quiero que siempre recuerdes que yo puedo escuchar lo que necesites decirme o decir, y que estaré para y por ti siempre. Así no estemos juntos ¿Entiendes lo serio e importante que es nuestro amor? Este paso de entregarnos solo lo hace más fuerte.
—Te amo. —me dice mientras comenzamos un beso desenfrenado que nos hace caer de nuevo al Jacuzzi mientras ella se sienta en ahorcada sobre mi regazo.
Sus movimientos lentos comienzan a enloquecerme y antes de que pueda detenerla ella toma mi erección y la guía a su entrada, lentamente internándola en su cálido, húmedo y suave interior.
Gruño por la fabulosa sensación y me dejo llevar por sus indecisos movimientos, mientras sube y baja sobre mí.
—Déjate llevar Dana, amor, no lo pienses tanto deja que tu cuerpo te guie.
—Está bien, lo siento, solo estoy nerviosa no sé si lo que hago te gusta. — le tomo la cara en mis manos y comienzo a besarla suavemente.
—Todo, absolutamente todo lo que haces desde una sonrisa es jodidamente perfecto, idóneo y correcto para mí —. La veo sonreír con más confianza en sí misma y yo soy un jodido con suerte porque soy él que disfruta de esa confianza que siente.
Sus movimientos más seguros y certeros me llevan al límite y cuando ella llega al suyo, me apresuro a levantarla, logrando vaciarme sobre su vientre, soy consciente que no teníamos protección y aunque me pierda en lo delicioso de hacer el amor con ella, mi prioridad es cuidarla y un embarazo a nuestra edad no es lo más conveniente para nuestros planes.
Luego de nuestro encuentro en el baño nos duchamos, nos vestimos y cuando estamos a punto de salir de la habitación para tomar un desayuno tardío mi celular comienza a sonar con insistencia. Lo tomo de la mesa de noche y miro el número, pero no lo reconozco es número desconocido. Decido atenderlo…
—Alo — digo al descolgar.
— ¿Dónde carajo esta Daniela? — grita una voz de un hombre evidentemente rabioso.