Luego de nuestro encuentro en el baño nos duchamos y nos vestimos y cuando estamos a punto de salir de la habitación para tomar un desayuno tardío mi celular comienza a sonar con insistencia. Lo tomo de la mesa de noche y miro el número, pero no lo reconozco es número desconocido. Decido atenderlo…
—Alo — digo al descolgar.
— ¿Dónde carajo esta Daniela? — grita una voz de un hombre evidentemente rabioso.
— ¿Quién coño eres?
—Eso no es tú asunto, dime ¿Dónde está? —me vuelve a gritar, levanto mi vista y Daniela intrigada frunce su ceño, creo tener una idea de quién podría ser.
—Llamas a mi teléfono y te das el equivocado lujo de gritarme, y aun así exiges. Además quien te crees para saber de ella, no es tu asunto donde esté ni mucho menos con quien.
—Así que está contigo ¿cierto? — afirma con voz fuerte0
—Pues ella está —, Daniela me interrumpe con sus manos puestas en suplicas y sus ojos lloroso, debe haber deducido quien me habla y que es por ella que preguntan, cierro mis ojos y controlo mi rabia, voto el aire contenido y me dispongo por esta vez a ceder―Ella está con sus hermanos, deberías llamarlos a ellos y no vuelva a llamar a este número.
Apenas colgué me di cuenta que Daniela temblaba y sus lágrimas ya no fueron contenidas en sus ojos, estaba asustada y esa mirada de miedo me daba terror, porque si bien era cierto que tenía la mejor disposición de detener a ese hombre, nosotros éramos apenas jóvenes, yo cumpliría los diecinueve dentro de poco y ella apenas dieciocho y no podíamos hacer nada, él no había hecho ninguna declaración evidente de su raro y trastornado interés por ella, así que decirlo sin pruebas no nos daba el soporte para que nos creyeran y debíamos ser cuidadosos.
—Dana —dije mientras la halaba hacia mi pecho, acobijándola en mis brazos, maldición ese desgraciado había logrado explotarnos nuestra burbuja de amor y perfección —. No temas, no puede saber nada, estamos deduciendo que era él, pero no lo sabemos.
— ¿Cómo no puede ser él? ¿Quién si no él? — sus lágrimas salían rápidas humedeciendo sus mejillas y borrando en su paso esa hermosa sonrisa que mantenía hasta hace poco, quería matarlo y ese sentimiento tan fuerte, fijo y profundo en mí me preocupo, dejando pasar esa sensación, me ubique en arreglar lo importante , el estado de ánimo de mi Dana.
—Bueno, está bien supongamos que él llamó —ella levanto su humedad y asustada mirada fijándola en la mía atenta a lo que iba a decir —. Entonces no nos amarguemos, ya le dije que no estabas conmigo así que él no puede saber, nos quedan varias horas para que se vayan, aprovechemos de compartir que serán casi dos meses sin vernos, sin besarnos.
Acercando mi rostro hacia ella, junte nuestros labios y la arrastre conmigo a la cama nos tumbe de lado a ambos y la besé suave, dulce y largo. Para cuando nuestro beso culmino su cara había cambiado de expresión y una sonrisa tímida resurgió, lo que me emociono y logro apaciguar la ira interna que me poseía.
—Tengo miedo —murmuro bajito y sentí que sus palabras eran muy, muy ciertas y de alguna manera yo también tenía miedo.
—Yo, estaré para lo que sea, te llevaras mi celular y yo conseguiré otro, para mí no hay problema luego de dejarlos en su casa, iré a comprar uno con mi padre y apenas lo tenga te avisaré.
» Daniela, quiero que me prometas, que pase lo que pase hoy, mañana o en cualquier momento, hora o lugar, tú me llamaras y si quieres hablar yo te escucharé, si necesitas ayuda yo te la daré. Nunca, nunca dudes en contar conmigo, sea lo que sea te apoyaré.
—Lo prometo, Tayler, prometo acudir a ti por y delante cualquier situación sea lo que sea.
Sellamos nuestra promesa con un beso diferente, terminando en nuestros cuerpos desnudos entrelazados uno a otro, dormimos por una hora más luego de amarnos, para cuando salimos del cuarto los chicos ya habían pedido comida China para el almuerzo y estábamos casi listos para la despedida.
Aunque el dolor amargo nos embriagaba fuimos a dejarlos cerca de su casa, nos besamos repetidas veces y con un vacío en el estómago me despedí de ella, no sin antes suplicarle a Daniel que cuidara las intenciones de ese hombre y que por favor me avisaran cualquier novedad.
Al verlos entrar no pude evitar sentir que la estaba dejando en manos de un hombre despiadado y que podría morir de la angustia, esa angustia que desde el momento en que la puerta cerró me invadió, estos dos meses apestarían y realmente contaría cada segundo para que ellos volvieran.
—¿Apesta, cierto? Es una sensación de dejarlos en un hueco oscuro, hediondo y putrefacto — dijo Jaylor y mi corazón se estrujo más de ser posible.
—Gracias hermano, en realidad dejas esa sensación de paz afianzada en mí —, respondí mientras colocaba en marcha la camioneta y nos dirigía a casa de nuestros padres, este fin de semana me mudaría al apartamento y aunque tuviéramos muchas cosas, quería que Daniela lo hiciera parte de su vida y lo llenara de cosas a su gusto — bueno lo cierto es que tienes razón, una muy maldita razón.
Culminando con esas palabras el silencio nos acompañó hasta la casa, al llegar mi padre nos recibió riendo con mi madre y nuestros otros hermanos, amo mi familia, tenemos lo que necesitábamos y todos hemos trabajado por ello.
Camine hacia el patio trasero y me senté en las escaleras, la piscina iluminaba el jardín de mamá, mientras los pájaros hacían su algarabía cuando la fresca brisa pasaba.
—Tus hermanos y tu madre quieren asar carne y tener una tarde familiar, ¿Te gustaría participar? — pregunto mi padre sentándose a mi lado, su rostro mayor, pero aun conservado me miraba fijamente, amo a mi padre siempre tan cercano y amigo para todos.
—Claro, papá — deje salir el aire que tenía contenido— ¿Por qué no querría? Sin son mis preferidos —. Le cuestione por su pregunta.
—Porque hay veces que necesitamos espacio, queremos pensar o simplemente quieres dejar que lo que te apena pueda hacer su recorrido quitando lo que deba quitar de ti.
—¿Es bueno dejar que las penas absorban nuestras vidas? —pregunte desconcertado.
—Es bueno, sí, dejar que la pena te inunde, lo que es obligatorio es arrancarla luego de que ya ha recorrido lo que debe —. Me quede pensativo y haciendo lo que mi padre dijo deje que ese sentimiento de vacío, perdida y terror me invadieran, haciéndome sentir impotente por no poder sostener a Daniela en el momento que lo necesite.
—Estoy jodido de miedo y la impotencia de no poder hacer nada me invaden — solté sin darme cuenta y lágrimas salieron de mis ojos sin sentirlas, mi padre me sostuvo pasando sus brazos por sobre mis hombros y confortando mi angustia bajo su protección.
—Entonces haremos que se vayan, ya han recorrido mucho en tu interior, así que vamos por esas cervezas que tanto nos gustan y en el camino votamos ese miedo e impotencia.
—De hecho si me agrada la idea, necesito comprar un celular nuevo.
—Bien, un celular nuevo y cervezas para este viejo antes de que muera asesinado por sus hijos — concluyó dándome un beso en la cabeza y levantándonos para salir en busca de las cervezas.
—Gracias, siempre tienes las palabras perfectas —no pude evitar sonreír, sé que aunque la nostalgia no se iría de mí, me sentía fuerte para asumir lo que sea por y para ella, Daniela, mi mujer.
De camino al centro comercial, nos hicimos de un nuevo celular para mí, las cervezas y más, apenas lo tuve en mis manos le escribí un mensaje a mi Dana, pero mientras ella respondía le conté todo lo que había pasado a mi padre, no pudo evitar soltar unas maldiciones en algunas partes del cuento pero coincidía con nuestras opinión los padres de Daniela eran adultos y responsables de sus actos, lo lamentable es que tenían el lobo en su casa disfrazado de abuelita y no lo habían descubierto.
La tarde paso lento y aunque me hice de unos buenos consejos de mi padre, no podía dejar de sentir que caía al vacío.
De: Mi Dana ♥
Gracias por el teléfono, ya vamos camino a Las Alejandra´s 8:45pm.
También Te Amo, voy a dormir un rato, el camino es largo. Te escribo cuando lleguemos
8:46pm.
Sonreí al ver sus mensajes y lo cierto es que me alivio mucho haberle dado el celular, solo espero que este no tenga el mismo destino que el anterior.