Acto 11

1811 Words
INFORMACION IMPORTANTE A TENER EN CUENTA :  En esta historia se refleja la manipulación, la obsesión y ensañamiento, todas son acciones y sentimentos fuertes. Así que deben tener la mente abierta para poder analizar todos los hechos y aun que las mayorias de las novelas son ficción, muchas tienen ese toque de semejanza a la realidad. Daniela La comida en la casa fue lo más fastidioso que hemos vividos, tuvimos que hablar con algunos chicos mentes de gelatinas, hijos de los posibles socios de mi padre, un chico muy engreído nos fastidio toda la tarde con sus cuentos de campeón de tenis, golf y no sé qué más deportes. El celular de Tay estaba cargándose en mi habitación, porque terminada la comida partiríamos hacia la hacienda. Las horas aunque lentas pasaron al final, así que cambiándonos por ropa más cómoda nos subimos a la camioneta donde iríamos mientras las otras dos llevaban las cosas que necesitaríamos y algún personal que trabajaría en las instalaciones de la oficina. Le envié mensajes a Tay, mientras íbamos en la carretera y reclinando la butaca me dispuse a dormir, estaba cansada y los pensamientos del porque arrojaron una sonrisa que se instaló en mi  cara sin ganas si quiera de partir. Entrada la madrugada llegamos a la hacienda, solo había personal de seguridad y la casa en realidad era hermosa, con tres pisos con detalles en piedra y madera, nos adentramos en ella y directo a las habitaciones, todas amplias. Alejandra corrió para hacerse de una de ellas, lo cierto que el tercer piso todas las habitaciones eran principales, seis amplias habitaciones se ubican aquí, dejando a la niña instalarse tomamos la habitación contigua a la de ella, queríamos estar cerca. Al entrar una cama grande entre ventanales de techo a piso nos daba la bienvenida, todo olía a limpio así que dejando nuestras maletas cerca de las puertas, nos lanzamos en la cama.  Daniel y yo quedando perdidos en un sueño profundo, solo sin los zapatos. Un canto de pajarillo me despertó de mi tan delicioso sueño, en el piso se encontraba una pequeña ave al parecer estaba lastimada pues tenía un ala estirada y daba brinquitos en una sola pata de un lado al otro mientras piaba insistentemente, tome una toalla del baño, que gracias a todos los cielos estaba dentro de la habitación. Lo coloque sobre ella, al lograr que se calmara pude ver que estaba lastimado, limpie y atendí su alita y patita. Cuando ya había terminado el pajarillo se acurruco y se durmió. Riendo me metí en el baño, una ducha deliciosa reparo el cansancio de mi cuerpo. Salí a tomar algo de ropa, Daniel, aun remolaba en la cama eran las diez de la mañana pero habíamos llegado tan tarde que aún no se levantaba. Al acercarme a la puerta esta se abrió rápido, pero sin ruido y no pude evitar sobre saltarme al ver quien entraba por ella. Solo atine a sujetar muy fuerte la toalla que rodeaba mi cuerpo, maldiciendo mi estupidez de no haber entrado con mi cambio de ropa de una vez. —Vaya, que vista tan linda hay en esta habitación — dijo sin más al entrar, por instinto di un paso atrás. —Yo-yo me estoy vistiendo, Rodrigo —. Trate de sonar fuerte, sin embargo no fue así, solo fue un  patético intento del cual él se percató. —Bien, no te estoy deteniendo — dijo dando otro paso hacia mí, haciéndome dar otro hacia atrás. —Quiero saber ¿Dónde estuvieron ayer y con quién? — preguntó con su voz gruesa, dándome escalofríos de terror en todo mi cuerpo. — ¿En el baile? — respondí, no obstante sonó más como si preguntará que debía responder, la sonrisa junto a la mirada que me dio no me gusto para nada, mi estómago se revolvió mientras su mano se estiraba en mi dirección  —Mi Daniela, pareces un animalito acorralado y eso me gusta — tomo un mecho de mi cabello y lo enredo en su dedo, su asquerosa voz sonó baja. Paralizada estaba en el lugar, él dio un paso más hacia a mí, pero no pude moverme aunque quería, cuando su dedo se soltó de mi cabello haciendo que recorriera desde mi hombro hacia mi brazo, un leve temblor me recorrió, se acercó más, dejando su dedo sobre la mano donde apretaba con toda mi fuerzas el moño de la toalla para que esta no se soltara. Tenías ganas de correr, llorar y gritar, pero no me respondía el cuerpo. Para cuando se acercó más a mí, mis manos temblaban y sentía el terror pasando por mi cuerpo, cuando su mano completa se colocó sobre la mía, me sentí desfallecer, pero fui salvada por el pajarillo quien comenzó a revolotear y piar como loco, lo que hizo que Daniel gruñera haciendo consciente a “El Tío” de su presencia. —¿Qué hace él aquí? —Me pregunto entre dientes, evidentemente controlando hacer mayor bulla. —Dormir —. Respondí en susurro más por el susto que por no querer despertar a Daniel ya que también me había olvidado de su presencia. — ¿Por qué no está en su habitación? Él —, dijo señalando hacia Dan— no puede dormir contigo, eso no será más así; ustedes ya son mayores y cada uno tiene su habitación, solo esta vez lo dejare pasar, si no, Daniela, tú te abstendrás a las consecuencias —. Y dándose la vuelta cerró con un portazo que hizo a Daniel despertarse de golpe. Sin mirar tan sin quiera a Dan camine rápidamente al baño y me duche nuevamente mientras dejaba salir toda la angustia de momentos atrás. Luego de vestirme y enviar algunos mensajes a Tayler, desayunamos y fuimos a recorrer la hacienda. Inmensa y con muchos kilómetros de tierra fértil, pero desolada se presentaba delante de nuestros ojos Las Alejandra´s,  ese día nos sentamos en el despacho de papá, pues aún no estaba terminada la cabaña que cumpliría como oficina para todo lo relacionado en cuanto a la hacienda. Sentados en la mesa grande que estaba momentáneamente instalada allí, fuimos informados en lo que serían las funciones de cada uno en la casa. Así que mientras la empresa se ponía al día, nosotras debíamos ayudar en el aseo, cocina, lavado de ropa y mantenimiento en general de la casa estaríamos casi dos meses, mientras mi padre, Daniel y “El Tío” estarían a cargo de los corrales y las cercas en los límites para lo que sería el ganado.   Los días pasaban rápidos, cosa que me alegraba, cada mañana le escribía a Tayler y todas las noches en el baño antes de ducharme  él me llamaba y hablábamos casi una hora  y antes de dormir casi dos. Rodrigo concentrado en sus tareas poco lo veíamos por la casa, al igual que a mi padre y hermano, lo cierto es que trabajaban duro y honesto para lograr que la hacienda iniciara muy bien, estaban no solo invirtiendo una gran cantidad de dinero si no un tiempo valioso. Al transcurrir el primer mes ya estaba instalada la piscina en la hacienda y los cochineros alejados de la casa principal estaba en funcionamiento habían casi doscientos puercos o cochinos, y cada mañana pasábamos por allí a llevar los restos de vegetales para complementar la alimentación, vimos el nacimiento de unos cochinitos y eran realmente lindos pequeños, pero habían dos cochinos machos que eran de cuidado por ser tan grandes y agresivos. Una mañana fuimos a llevar las conchas de papas, zanahorias y resto de frutas a los comederos, mi madre ya tenía ayuda en la cocina así que trabajábamos menos en esa parte. Cuando vaciábamos los cubos en los comideros uno de los cochinos salió corriendo rápido y violento hacia nosotras, mi reacción fue subir a Alejandra por la cerca, pero mientras la empujaba el puerco estaba más cerca así que corrí. Cuando sentí desfallecer mis piernas fui jalada por mi cintura y lanzada sobre la barandas de maderas que delimitaban el camino, estaba asustada y trate de levantarme pero unas manos grandes y fuertes me mantuvieron en el piso.  Empecé a patalear pero fue cuando escuche su voz que me quede totalmente congelada, sin darme cuenta había hecho lo que tanto evite, alejarme de la casa y de la vista de todos. Estaba sola con el cuerpo congelado y tirada en el piso con mi cuerpo aplastado al césped mientras mi pecho chocaba con el suyo, sentí mí estomago estrujarse y las ganas de llorar en mi garganta. Fue hasta que hablo que abrí mis ojos con el mayor terror que había sentido hasta ahora. —Shhh. Tranquila te tengo —, y eso es lo que realmente me preocupaba— no es bueno que estén cerca de ese puerco, es muy agresivo ¿Estás bien? —S- Sí —balbuceé e intente levantarme pero él me apretó más hacia su cuerpo — yo me tengo que ir, Alejandra se quedó sola. —Mmm —murmuro mientras con su nariz recorría mi cuello— hueles delicioso, Dani, cada día eres más hermosa. Cada día te admiro más, como ansío que crezca pronto. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y mis manos temblaban colocadas sobre la de él, Rodrigo siguió olfateando mi cabello, cuello y beso mi hombro sobre mi franelilla, las náuseas subieron inmediato a mi boca y trate de respirar para controlarlas, para cuando sus manos comenzaron acariciar mi abdomen ignorando mis intentos de pararlo ya mi llanto era evidente en mi rostro. —Por favor, Suéltame — le suplique con evidente temor en mi voz, pero él siguió ignorando mis ruegos. —Shhh. Tranquila, Dani, nunca te haría daño mientras cumplas lo que te pedí, mantente alejada de esos chicos babosos y yo esperaré a que seas adulta para enseñarte lo que es el deseo, lo mucho que puedes confiar y disfrutar conmigo — en un solo movimiento se colocó sobre mí y aunque voltee mi cara llena de lágrimas y trate de empujar con mi tembloroso cuerpo el suyo de encima del mío, no lograba quitarlo, Rodrigo siendo mucho más alto y robusto no me daba ventaja para escarpa. »Quédate quieta Daniela — gruño mientras apretaba mis manos sobre mi estómago— su mirada oscura se quedó fija mirándome y mi vista sigue borrosa— No llores, Dani, no debes hacerlo — besó mi frente y luego cerca de mi labio, bajó y besó mi barbilla demorándose más que en los otros besos — Te cuidaré tanto — dijo antes de dirigir su boca hacia la mía. Mi cuerpo se tensó y un frío lo recorrió por entero,  deje de pelear y mientras que lo único que mi mente gritaba era ¡CORTEN! anhelando la ¡SIGUIENTE TOMA!
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