Acto 12

1204 Words
Un sabor amargo entra por mi boca, no puedo evitar sentir repulsión aun cuando realmente el beso no tiene ese sabor, así lo percibo yo, su olor inunda mi olfato y empiezo a sentir repulsión por esa fragancia que antes me resultaba agradable. El miedo instalado en mí, no me permite moverme, quiero encarecidamente quitarlo de encima de mí, pero no logro tan si quiera abrir los ojos, los aprietos fuertes y me obligo a no ceder antes su invasión. En un instante muerdo sus labios haciéndolo sangrar y escupiendo su rostro despotrico todo el odio de ese momento. —Eres un maldito, quítate de encima y no ¡Me toques! —, grito la última palabra, mi cuerpo tiembla fuerte por miedo y rabia—  ¡Suéltame! — todo el aire sale de mi cuerpo cuando siento un fuerte dolor en mi costilla, sumado a la presión de su pesado cuerpo sobre el mío, quedo jadeando. —Escúchame bien, Dani, no me importa que te resista, puedes decir lo que quieras igual serás mía cuando yo lo desee —, besa nuevamente mis labios cerrados dejando rastro de sangre en mi mejillas y quijadas —. Si vuelves a negarte te atendrás a las consecuencias.   Se levanta y yo trato de llenar mis pulmones con aire, me duele mi costado izquierdo, el desgraciado me ha golpeado fuerte, ahogo un grito de dolor, arrodillada trato de sostenerme para levantarme, se agacha y me toma por mi cabello haciendo que levante mi rostro hacia él. —No vuelvas a morderme, eso déjalo para cuando estemos solos —, muerde mi oreja fuerte pero sin dañarla, pasando su lengua por donde mordió, jadeo por el dolor y la frustración — Morder, está desaprobado, Daniela. Se levanta y se aleja de mí, dejándome con ganas de llorar, mis manos ceden y caigo en el césped y dejo que mi llanto salga, pasados unos minutos logro recomponerme y con algo de dolor me pongo en pie, miro a mi alrededor y todo esta vacío, solo no hay nadie en metros, dejo salir un suspiro y despacio comienzo a caminar, fijándome que ninguno de los dos puercos reaparezcan. En la casa todos están afuera hay varias camionetas y suben cajas en una y las otras, hay gran algarabía, mi padre me sonríe y siento un hueco en el pecho, mis sentimientos se encuentran encontrados, no sé si culparlo o simplemente entenderlo, me siento en peligro en este lugar y quiero volver a Caracas, la ciudad, el llano no es mi favorito desde que llegamos. Paso por la puerta de la cocina evitando conseguirme a “El Tío”, todos van de un lado a otro y no me notan. Para cuando logro estar dentro de mi habitación escucho las camionetas partir, mis lágrimas comienzan a salir y corro al baño allí me meto en la ducha, cepillo con fervor mi boca, pero no logro hacer que su sabor desaparezca, casi hago que mis encías sangren, así que paro de cepillarme, limpio mi cuerpo y termino con mi ducha. Vestirme me hacen consciente del dolor de mi costado, decido bajar a comer, por fortuna la ducha ha abierto mi apetito y ver que Rodrigo a partido con los hombres y mi padre ha ayudado en ello. Me preparo un emparedado y lo mastico sin mucho esmero, luego de un rato Alejandra llega a la cocina y empieza a moverse de un lado a otro tomando un tazón, cuchara y cereal. —Olvidas la leche, niña, ¿Comerás solo eso? — le digo mientras la veo preparar lo que parece será su cena. —Sí, mamá dijo que papá, Daniel y la sanguijuela no volverán durante varios días  —encoje sus hombros en forma de no darle importancia — así que podríamos comer lo que sea, y como la comida en esta familia es una ceremonia, quiero algo mortal. No puede evitar reír a carcajadas y a pesar que apoyo su opinión, el dolor detiene mi risa,  sin embargo siento un vacío al saber a Daniel lejos, si bien mi hermano siendo hombre corre menor riesgo que cualquiera de nosotras dos, él no estaría a salvo de la ira de Rodrigo en el caso que quiera dañarlo.  Cuando terminamos y aseamos la cocina subimos a nuestras habitaciones, pasados unos minutos tocan la puerta de mi habitación, le he pasado llave no he podido evitar sentirme más segura por lo mínimo con la puerta asegurada. —Mami — mi madre con un pijama de pantalón, y blusa manga largas se adentra a mí habitación. —Mi niña, vine a darte las buenas noches —.Extiende sus brazos invitándome a unirme a ella en un abrazo. —Mami —.Digo soltando un suspiro en el momento que sus brazos me rodean. — ¿Qué tiene mi princesa? ¿Peleaste con Tayler? —, me pregunta mientras profundiza su abrazo, yo niego con mi cabeza—¿Entonces? Estas triste tus ojitos están apagados, será ¿Por qué lo extrañas? —. dice mientras trata de verme a los ojos. —Puede ser, mami, solo estoy cansada, me gustaría volver —. Le digo con tristeza, sobre todo en estos momentos quiero y necesito a Tayler. —Bueno —, su sonrisa se agranda y mi corazón se llena de calidez delante de su gesto— como estaremos dos semanas solas, podemos hacer muchas cosas divertidas y así recuperar el tiempo perdido en trabajo —.Asiento, copiando su sonrisa, nos abrazamos un rato más y luego besa mi cabeza  y encomendándome a dios sale de mi habitación. El que estemos solas, me reconfortan y enseguida recuerdo llamar a Tayler, así que corro a poner seguro y saco el celular, espero que encienda y leo los mensajes de Tay, en pocos minutos de responder todos una llamada entrante de él hace que mi corazón salte de emoción. —Hola, Amor — digo apenas atiendo la llamada. —Mi vida, Dana, he estado pegado al teléfono, necesitaba escucharte, te extraño tanto. Diablos como odio estas vacaciones — y lo entiendo cada palabra, la siento. —Yo… también te extraño, me haces falta —. Sin poder evitarlo un sollozo se apodera de mí y lo transmito a mi amor. — ¡Eh! No llores, mi amor, no por favor me duele saberte triste y que yo no pueda estar allí para abrazarte —. Me dice soltando un largo suspiro. —Lo siento, amor, no quiero hacerte sentir mal — me duele que se sienta impotente. —Está bien, no pasa nada, cuéntame cómo va todo y los chicos se han divertido, o siguen siendo hormiguitas grajeras — no puede evitar reírme y carcajearme por su comentario  —. Eso está mejor, adoro escucharte reír, amo tu sonrisa. —Y yo te amo a ti. Las horas se pasan rápidas y cuando nos damos cuentas hemos hablado cuatro horas, mi otra oreja duele pero no me he detenido a pensar en ello, solo disfruto de la bella vos de mi amado, mi Tayler, mi hombre. Para despedirnos duramos varios minutos más, pero cuando colgamos, la sensación de felicidad me invade y me quedo plácidamente dormida.
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