La lluvia caía suave contra los ventanales del penthouse. El sonido era tenue, casi como una canción de cuna que envolvía todo el lugar en calma. Zack dormía plácidamente en su cuna junto a la cama. Hana ya se había cambiado: camiseta amplia, short cómodo, el cabello suelto y desordenado. Travis, sin camisa, con pants y el corazón latiéndole como loco, se recostó a su lado. No era la primera vez que dormían juntos. Pero sí era la primera vez que lo hacían así: sin miedo, sin rencor, sin mentiras. Hana apoyó la cabeza en su pecho, y él la rodeó con ambos brazos como si necesitara asegurarse de que no era un sueño. —Hueles a bebé —murmuró ella con una sonrisa apenas audible. —¿Y eso es bueno o malo? —Depende… ¿te pusiste talco o fue accidental? Él soltó una risa ronca y suave, enterra

