Los rayos del sol atravesaban las ramas de los árboles mientras el vapor se alzaba perezosamente desde las pozas naturales. El sonido del agua burbujeando y las risas de los estudiantes ya instalados creaban una atmósfera cálida, relajada… y perfecta para que pasen cosas.
Lucía fue la primera en correr, enfundada en un bikini rojo de dos piezas.
—¡Ya se siente el paraísooo! —gritó mientras se lanzaba con gracia a una de las pozas.
—Cuidado que resbala —le advirtió Diego, quitándose la camiseta con lentitud teatral. Su abdomen marcado arrancó más de un silbidito del grupito de chicas de otra facultad.
—¿Tú vas a entrar así? —preguntó Hana a Travis con una ceja levantada.
Travis estaba quitándose la camiseta sin ningún apuro, como si lo hiciera en cámara lenta solo para fastidiarla.
—¿Así cómo? ¿Irresistible? ¿Con tatuaje nuevo? ¿O con traje de baño n***o a la cadera que casualmente me queda perfecto?
Hana rodó los ojos.
—No tienes remedio…
Ella llevaba un bañador n***o entero con escote en la espalda y aberturas laterales que le daban un aire elegante pero muy sensual. Al caminar, su bata blanca se deslizaba suavemente con el viento, y su cabello recogido en un moño alto dejaba a la vista su cuello y hombros.
Travis la miró de reojo y murmuró para sí:
—No tengo remedio... pero tú tienes la cura, demonios.
—¡Vengan aquí! Esta tiene burbujas —gritó Lucía desde una de las pozas, salpicando agua con los pies.
Hana entró primero, con cuidado, sintiendo el calor subirle por las piernas.
—Ah… esto es gloria.
Travis se sentó al borde, mojando los pies con una sonrisa socarrona.
—¿Sabes? Me gusta esto. Calor, vista agradable, y tú con menos ganas de matarme.
—Eso es porque si te mato, arruinarías la paz de este lugar —le dijo con una sonrisita burlona.
—Entonces... ¿hay esperanza?
—Solo si te portas como un ser humano funcional por más de cinco minutos.
—¿Puedo intentarlo por cuatro y medio?
Ambos se rieron suavemente mientras el vapor los envolvía, y más compañeros se sumaban a las otras pozas, algunos con bebidas en mano, otros simplemente charlando.
Diego y Lucía estaban juntos en la esquina opuesta, demasiado cerca como para decir que solo eran amigos.
—Lucía, ¿te estás sonrojando o es el calor?
—Calla y pásame la botella —respondió ella, medio riendo y medio evitando la mirada.
La tarde seguía avanzando entre bromas, chapuzones, miradas que duraban un poco más de la cuenta y ese ambiente tan propio de las escapadas universitarias… donde todo puede pasar.
El cielo comenzaba a teñirse de naranja y púrpura, mientras el vapor se volvía más espeso con el descenso de la temperatura. Las pozas seguían repletas de risas, chapoteos y una que otra botella circulando sin dueño fijo.
—¡Alguien que ponga música! —gritó uno de los chicos, y como por arte de magia, un parlante portátil comenzó a reproducir una playlist de reguetón lento y lo suficientemente sensual para que los cuerpos se movieran... o se acercaran más de lo necesario.
Lucía, aún dentro del agua, se reía con la copa en la mano mientras Diego la miraba como si acabara de salir de un comercial de perfume.
—¿Qué tanto me miras? —preguntó ella, tomando un sorbo con una sonrisita coqueta.
—Estoy buscando constelaciones… pero todas están en tus ojos —le respondió, apoyado en el borde con un brazo extendido detrás de ella.
Lucía levantó una ceja.
—¿Tú y tus frases de novela barata?
—¿Funcionan o no? —dijo, acercándose más, su rostro a escasos centímetros.
—Estoy borracha, no idiota.
—¿Entonces me besarías si estuvieras sobria?
Lucía soltó una risita, pero no se alejó.
—Puede ser. Aunque con tu aliento a piña colada, no prometo nada.
Mientras tanto, en otra poza, Travis y Hana estaban más tranquilos… o eso querían aparentar.
—¿Cuántas llevas? —preguntó Hana, sacando la lengua apenas, divertida.
—Contando esta… —Travis alzó la botella medio vacía—…unas cuatro. Pero soy deportista de alto rendimiento, mi tolerancia es parte de mi entrenamiento.
—Oh, claro, porque la resistencia a la cerveza es clave en el básquetbol universitario.
—Y la capacidad para no babearme cuando estás en traje de baño. También la entreno.
Hana se rió, apartando la mirada por un momento. Se veía más relajada que en días anteriores, sus mejillas ligeramente sonrojadas por el calor… o por la bebida.
—¿Estás más suelta hoy? —preguntó Travis, inclinándose un poco hacia ella.
—Tal vez es el agua caliente… o el alcohol.
—¿O yo?
Ella lo miró fijo, en silencio.
—Travis...
—Ya, ya… perdón. Lo arruiné otra vez, ¿verdad?
—No… solo… baja la guardia, a veces.
Un silencio cómodo los envolvió por unos segundos. Luego, ella se acomodó más cerca, hundiendo las piernas hasta los muslos en la poza. Travis la miró con esa mezcla de ternura y deseo, hasta que su mano rozó la de ella bajo el agua. No se apartó.
Mientras tanto, en la poza vecina, Lucía y Diego ya estaban besándose descaradamente, con el vapor ocultando apenas sus movimientos.
—¡Oigan! ¡Ya se prendieron allá! —gritó uno de los chicos del fondo, provocando silbidos y aplausos.
Lucía le sacó el dedo de en medio sin despegarse de Diego.
Hana negó con la cabeza.
—Estos están muy mal.
Travis sonrió.
—Yo diría que están muy bien.
Ella lo miró. Él la miró.
Y aunque no se besaron todavía… el fuego ya estaba encendido.