El aroma a café recién hecho llenaba el penthouse. Hana estaba en la cocina, sirviendo dos tazas mientras Travis, en la sala, jugaba con Zack en una manta de actividades. El bebé parecía fascinado con la voz grave de su padre, que le narraba cualquier cosa como si fuera una historia épica. —…y entonces el campeón hizo una jugada perfecta y todos en el estadio se pusieron de pie —contaba Travis, agitando un peluche como si fuera el balón. Hana lo observaba desde la barra, con la taza entre las manos. No podía negar que la imagen le arrancaba una sonrisa, aunque intentara disimularlo. —¿Siempre le hablas como si fuera tu compañero de equipo? —preguntó, entregándole el café. —Claro, tengo que entrenarlo desde ahora —respondió Travis con una media sonrisa—. Nunca es demasiado temprano para

