—Oh, no me digas que ella se fue porque nada la detenía en esta ciudad, ya que el único que la podía detener eras tú, pero debido a tu comportamiento cobarde se fue lejos y no sabes dónde está porque eres un infeliz que prefiere el poder y no a la persona que amas de verdad —encoge los hombros, su mirada está sobre la mía y al mismo tiempo está alerta a mi reacción. —Deja de ser cínica y deja de preguntar por ella, no fue suficiente con lo que hiciste y ahora quieres buscarla, ya es tarde para que busques a un alma perdida y de la que no sé dónde está. —Lo sé y día a día me arrepiento porque esas no fueron mis intenciones —guarda silencio. Sentado en una de las cómodas sillas de la cafetería donde pensé que no me llegarían a molestar, sonreí al pensar en lo extraño que es olvidar a una

