El alfa conoce a Kaleia
A media mañana, envían los juguetes a la casa de Kaleia.
—¿Es la casa de la niña Kaleia? —preguntan los empleados.
Confirman y comienzan a entregar los regalos, su familia se sorprende al ver bajar de la camioneta tantos obsequios, la hechicera, que ya sabía, comienza a sonreír, mientras los padres y los abuelos de Kaleia se alegran al ver todos los regalos que el Alfa y su beta enviaron.
—Mira, Taiel, cuántos regalos para nuestra princesa, ya no entran en la casa —Eliseo corría ayudando a bajar las cajas como si fueran para él.
Cuando finalizan de bajar todos los paquetes, el personal de la juguetería se retira y la escena es cómica; la hechicera los mira sonriendo —¿Que no piensan abrir los regalos? —ellos están los cuatro parados con la boca abierta, frente a la montaña interminable de obsequios.
Emocionados, comienzan a abrirlos y cada juguete, peluche o muñeca se lo muestran a Kaleia y ella sonríe feliz, hasta que ve una hermosa muñeca y le llama mucho la atención y como no llega donde la dejaron, ella la atrae a su lado y la abraza fuerte con mucho cariño.
Taiel la toma en brazos y se sienta en la alfombra con ella a jugar.
Kaleia va acercando los juguetes que más le llaman la atención; con solo señalar el juguete, se pega a ella.
La hechicera ve que dejó su chupete en la alfombra, lo toma de espaldas a ella y lo apoya sobre la mesa.
Cuando Kaleia nota que su chupete no está, sin verlo, él vuela hasta su mano, lo toma y lo lleva a su boca y sigue jugando.
A la hora de dormir, Taiel la recuesta en su cuna y para que duerma y baje la euforia, la emoción de todos los regalos, no pone ninguno junto a ella, pero cuando su madre se va, ella atrae su muñeca favorita, la abraza, se pone su chupete y se duerme junto a su muñeca preferida.
Taiel entra nuevamente al cuarto para ver si ya se durmió y se sorprende al verla dormir abrazada a su muñeca.
—Eliseo, ¿tú le pusiste la muñeca en la cuna a Kaleia? —pregunta sorprendida mientras mira a la bebé dormir plácidamente.
—No, seguro ella misma la atrajo —Eliseo levanta los hombros, tan sorprendido como Taiel.
Luego, mientras Kaleia dormía, acomodan los juguetes, algunos en el cuarto de la bebé y otros en el living.
Mientras los adultos descansaban, en el comedor se comienzan a escuchar las risas de Kaleia; todos corren al cuarto de la niña y la encuentran sentada en su cuna rodeada de muñecos jugando feliz.
Su bisabuela toma su chupete y lo aleja sin que Kaleia lo note, pero ella lo atrae a su lado, su chupete siempre lo quiere junto a ella, aunque no lo tenga en su boca.
La hechicera sonríe al descubrir sus poderes y cómo los domina a la perfección.
—Alfa, aquí traje dos túnicas para ponernos hoy en la noche y pasar como monjes, en la oscuridad, nadie nos va a reconocer.
—Gracias beta, nunca estuve tan impaciente por que finalice el día y que oscurezca para salir de la mansión e ir a ver a mi princesa —ya se notaba la emoción en sus palabras.
—Alfa, te oíste, ya es tu princesa, se pondrá celoso Demian si te oyera cómo hablas —ambos se miran y sonríen.
—Es verdad.
Llega la noche y como habían arreglado con la hechicera, se van a visitar a la nueva princesa de la manada, salen ocultos detrás de esas túnicas y nadie nota que son el alfa y su beta.
Entran por la parte trasera de la casa, donde la hechicera los esperaba.
—Vengan, pasen por aquí, rápido entren —ella los lleva hasta el living.
—Alfa, esta es mi familia, mi hija, mi yerno, mi nieta Taiel y mi nieto Eliseo… y es interrumpida.
—Y ella es la princesa —mientras habla, se acerca a ella y Kaleia le estira los brazos y se recuesta entre su cuello y su hombro.
—Es hermosa —el alfa le acaricia suavemente la espalda.
El beta se acerca a ella y le toma la mano —Hola, hermosa, ¿cómo estás? —ella le sonríe dulcemente, luego le hace señas de que quiere jugar y el alfa se sienta en la alfombra con ella.
—¿Cómo ve, ya se da cuenta de que ella tiene poderes, verdad? —la hechicera lo mira orgullosa.
—Observen esto —dice ella mientras le esconde su chupete y Kaleia lo vuelve a atraer junto a ella.
El alfa y su beta se sorprenden al ver cómo atrae su chupete hasta su mano.
—Eso no es nada, miren, cuando quiere algún juguete, como lo trae hasta ella —ellos abren grandes los ojos de la sorpresa y cuando Eliseo trae los juguetes, pueden observar cómo ella toma los juguetes que más le llaman la atención.
De pronto, Kaleia elige su muñeca, que desde hoy es su favorita.
—¿Te gusta esta muñeca? —le pregunta el alfa emocionado —Ella es una muñeca y esos ojos son preciosos.
—Sí, eso es verdad, es tan hermosa como su madre —Eliseo responde feliz porque tiene a las dos mujeres más bellas de la manada.
Ya nació con esa característica especial, lo llaman heterocromía, por eso son diferentes el color de sus ojos.
—Es preciosa y esa distinción la hace aún más bella, más auténtica —repetía el alfa emocionado y sorprendido, Kaleia lo dejó impactado, cautivado por su belleza y sus poderes.
—Sí y vaya que es única —la hechicera le comentaba al Alfa mientras le quitaba los juguetes que ella tenía para que vieran sus poderes.
Luego de jugar, Kaleia comienza a tener sueño, toma su chupete y le estira los brazos a su madre, quien ya tenía listo su biberón.
—Miren, este es el primer truco que vi que podía hacer —y todos se quedan expectantes observando a Kaleia tomar su biberón, de pronto se duerme, pero antes de finalizar lo recarga y repite esto nuevamente.
Ellos no lo podían creer, sus poderes y como ya los domina.