Reforzar la seguridad de la frontera de la manada
—Votemos por la fertilización de las jóvenes.
Levanten las manos quienes están de acuerdo con este proyecto —grita el rey y todos levantan sus manos y el proyecto es aprobado por unanimidad en la asamblea.
El beta toma nota y luego todos firman.
—A partir de mañana comenzamos a seleccionar a las jóvenes saludables para el proceso.
Bueno, ¿ahora qué monto es el indicado para repartirles? —pregunta el rey y el consejo comienza a susurrar.
—Una recompensa de por vida, para que cuiden de su niño, porque no sabremos si nacen con los poderes o no.
—Una vez que descubrimos que sí tienen poderes, nosotros mismos los criamos, los adiestramos,
para que dominen sus poderes y su madre solo recibirá una compensación por haberlos traído al mundo.
—Yo creo que una mensualidad que haga que viva sin pasar necesidad sería lo ideal.
—Están de acuerdo con treinta ducados de oro para cada mes.
Todos elevan sus manos en señal de acuerdo y afirmación.
Luego pasan uno por uno el consejo de ancianos y todos los jefes a firmar el acta de lo acordado en la asamblea y por último, la firma del rey con el sello real.
Luego organizan la invitación a las jóvenes para postularse para engendrar a los futuros hechiceros.
La convocatoria rápidamente tuvo aprobación y ya están llegando jóvenes al hospital para su revisión.
Una vez que estén aprobadas, comenzarán con las fertilizaciones.
Mientras el reino de los vampiros intenta gestar un hechicero, en la manada se refuerzan las fronteras.
Durante la reunión para proteger a la manada se estableció: alrededor de los límites se talaron árboles, se establecieron torres de vigilancia, se programó un amurallamiento para proteger a toda la manada.
Un grupo partió para comprar armas de última tecnología, plata, cobre y estaño y muchos reflectores con paneles solares.
Al llegar la tarde, llegan con el armamento y todos están felices porque tienen equipos de alta tecnología para la protección.
Los técnicos comienzan a instalar los reflectores con los paneles solares que serán los techos de las torres de vigilancia.
Con los reflectores tendrán más visión sobre la llanura de los alrededores.
—¿Qué piensas, Alfa?
—Estoy muy satisfecho con todo lo que pudimos hacer hoy; cuando se trabaja en equipo, se logran muchas cosas.
Mira, ya podremos ver cuándo se quieran acercar; con estos puestos de vigilancia será imposible llegar a nosotros y luego mira estas armas, está más que protegida nuestra manada.
—Ahora solo falta levantar la muralla y ya estaremos más seguros.
—Si beta, con la muralla estaremos más seguros.
Me informaron que los materiales llegarán mañana.
Así que debemos organizar cómo trabajar.
—Ya organicé todo con los arquitectos cómo comenzaremos.
Se cavarán para hacer los cimientos y una vez que esté firme, comenzamos con las paredes.
También encargamos unos tractores para mantener corto el pasto; así podemos ver quiénes se acercan.
—Felicitaciones, beta, ¿qué haría yo sin ti?
—Tendrías otro Beta —dice y ambos comienzan a reír, el Alfa lo toma del cuello y lo comienza a despeinar.
—No sería lo mismo si tú eres único.
Bueno, cambiando de tema, ¿cuándo podremos ir a ver a la princesa?
—Yo creo que mañana, si su familia lo permite, podremos ir de incógnito a visitarla.
Yo estuve pensando en enviar algunos obsequios para no llevarlos nosotros, ¿qué te parece?
—Genial, compra muchos juguetes y hermosa muñeca, sabes que las niñas aman las muñecas.
—Si Alfa, pero también una pelota, capaz quiere jugar fútbol, uno nunca sabe, ahora las niñas comparten más cosas con los niños.
—Lo que tú quieras, me parece bien, mañana llama y organiza con la hechicera y en la noche iremos a verla.
—Ya le envió un mensaje.
Al día siguiente, el beta llega a la juguetería, comienza a mirar y le gusta todo lo que ve para Kaleia y lo compra.
—Disculpe, beta, mi atrevimiento, pero qué afortunada su sobrina, cualquier niño quisiera todos estos juguetes.
—Es que es la hija de un gran amigo y ellos se merecen esto y más porque son excelentes personas, amigos y muy leales al Alfa.
—Ellos estarán felices de recibir tanto cariño —responde la empleada contenta por la niña y por su comisión de las ventas.
Con entusiasmo prepara todos los regalos para enviarlos a la casa de Kaleia.
El beta llega a la mansión del alfa con una pelota, entra en el despacho sin golpear.
El Alfa levanta la vista —¿Desde cuándo juegas fútbol? —deja lo que estaba y lo mira sorprendido con una media sonrisa en el rostro.
—No es para mí, es para Demian, cuando termine su entrenamiento se la entregaré —sonríe sosteniendo la pelota en sus manos.
—Podemos suspender un momento su entrenamiento, ven, vamos a darle su regalo —ambos salen del despacho y se van hacia el campo de entrenamiento y ahí está Demian aprendiendo defensa personal, como futuro Alfa, debe estar bien entrenado.
Al ver llegar al Alfa, paren para saludarlo y Demian observa la pelota y sus ojos se iluminan.
—Beta, ¿y ese regalo? —corre ansioso porque se imagina que es para él.
—Es para un niño de la manada y de pronto Demian pone cara de desilusión y cuando el beta lo nota, sonríe—Toma, es para ti.
—Gracias beta —Demian se lanza a sus brazos, lo abraza y luego llama a los demás niños a jugar y en cuestión de segundos ya organizaron un partido de fútbol.
—¿Y cómo va Demian con su entrenamiento? —pregunta, mientras observa a Demian disfrutar como cualquier niño jugando con sus amigos.
—Alfa, Demian tiene un instinto natural de protección; ya varias veces en la práctica, lo atacamos entre varios y tiene que verlo cómo se defiende y se protege —cuenta el jefe del ejército, que es quien se encarga de la educación de Demian como futuro guerrero.
—Mañana veré el entrenamiento, pero sin que Demian se dé cuenta —sonreía el alfa orgulloso de su hijo.