Tormenta entre dos corazones Los días en el castillo habían cambiado. Aunque todo a su alrededor seguía en calma, dentro de Kaleia… algo se había roto. La alegría que antes llenaba su mirada ahora se veía opacada por una tristeza silenciosa, pasaba más tiempo sola, pensativa y distante. Aquella tarde, el cielo estaba cubierto de nubes grises, como si reflejara exactamente lo que sentía. Demian la encontró en el balcón, mirando hacia el bosque. —Kaleia… —dijo con suavidad. Ella no respondió, solo siguió mirando al horizonte. Demian se acercó. —Tenemos que hablar. Kaleia suspiró, visiblemente cansada. —No quiero hablar. Demian frunció el ceño. —No puedes seguir así. Eso hizo que Kaleia girara bruscamente. —¿Así cómo? Demian sostuvo su mirada. —Distante, fría, como si estuvieras en

