No tardó mucho. Apenas habían pasado dos minutos cuando regresó caminando, con un vaso alto en una mano y algo delicado en la otra, como si de alguna manera confiara en que no iba a romper nada más.
Me lo entregó con un pequeño gesto de la cabeza. -Tu cosa de flor de saúco y ginebra, dijo arrastrando las palabras.
Lo tomé, mis dedos apenas rozando los suyos, e intenté no pensar en lo que me hizo mientras miraba el vaso. Sabía justo lo que necesitaba para aguantar esta conversación y el tiempo que me tomaría subir a bordo y encerrarme en mi asiento privado.
-Bueno -dijo, hundiéndose en su asiento con su vaso de líquido ámbar en la mano-. Viajar solo en pareja. ¡Qué atrevido!
-No dije que fuera un viaje de pareja -respondí por encima del borde de mi vaso.
Se encogió de hombros. -Dijiste Amalfi. Dijiste ex. Y estoy bastante seguro de que dijiste que te quedaste con las vacaciones, así que di un salto lógico.
Lo miré con los ojos entrecerrados y esquivé la conversación por completo. -¿Vas a Italia por negocios o por placer?. Odié la palabra en cuanto salió. Placer.
Inclinó la cabeza a la izquierda y a la derecha, sopesándolo. -Un poco de ambas cosas. Sobre todo negocios, dijo, inclinándose un poco hacia delante y bajando la voz antes de continuar, pero no voy a mentir y decir que no disfruto más del placer.
Resoplé en mi vaso. -¡Dios mío!. Su confianza era abrumadoramente molesta. No era arrogancia, aunque definitivamente era arrogante, sino que se movía y hablaba como si se hubiera ganado el derecho a decir lo que quería. Como si el mundo se hubiera doblado tantas veces que no sintiera la necesidad de fingir. Cambio de tema. Ahora. Antes de que diga algo más.
-¿Entonces eres rico?
Se rió, como debe ser, esta vez, sin esconderse tras la mano ni ahogarse.
-¿Por qué preguntas?
Me encogí de hombros, dándole un sorbo a mi bebida antes de dejarla con cuidado. -Esa es la onda que transmites. Tienes esa energía de 'Tengo un yate y una amante en Mónaco.
La sonrisa que se le quedó pegada a la risa. -Lo discutiría si no fuera verdad a medias. No tengo amante.
-Ah, bien -dije secamente-. Solo el yate, entonces.
Se rio entre dientes mientras se llevaba su... ¿bourbon? ¿whiskey? -a los labios. -La última vez que lo vi, estábamos en la sala de primera clase, Selena .
Lo miré fijamente antes de desviar la mirada. -Hay una diferencia entre ser rico de primera y lo que sea..., dije, señalándolo.
-Lo dices como si fueras de la primera categoría. -No se inmutó. Lo soltó sin rodeos, no como un insulto, sino como un hecho. Lo miré con el ceño fruncido. Pero entonces volvió a hablar-. No lo eres. Está claro. Pero apuesto a que todos los hombres de esta sala se han preguntado a qué sabes.
Casi me ahogo con mi saliva.
Una voz crepitó en los altavoces de arriba, salvándome afortunadamente. Ahora estamos llamando al embarque para nuestros pasajeros de Primera Clase con StrathOne Air para el vuelo de las 7:15 p. m. a Nápoles, Italia.
Me puse de pie más rápido de lo que debía, agarrando el asa de mi equipaje de mano y tirando del bajo de mi vestido para asegurarme de que no se hubiera enganchado con nada. Charles se levantó a mi lado con demasiada naturalidad, terminó lo que quedaba de su bebida y dejó el vaso en la mesa.
-Después de ti , dijo, señalando hacia la salida.
La tentación de darle un golpecito en la frente casi triunfó.
El camino a la puerta fue silencioso, él me seguía sin llevar maletas a la vista. Sentía su mirada fija en mí mientras escaneábamos nuestros pasaportes y tarjetas de embarque, y su mirada fija mientras caminaba por la pasarela frente a él. Miré hacia atrás cuando la sensación se desvaneció, y lo vi brevemente hablando con uno de los empleados en la pasarela, pero seguí adelante.