- Te sientes mejor - murmuro
Mientras masejeaba lentamente mi cuello , trague saliva lentamente mientra me miraba intensamente con esos ojos vellana .
-Ehh, si ....si mejor
Solte un suspiro lento , y tome mi cuello he hice leves movimientos hasta la tencion que habia se fue esfumando y el retiro sus manos de mi y volvio a su posision original . No se que hubiera hecho con esos ojos mirandome un segundo mas .
Un segundo después, un empleado de traje apareció como por arte de magia para limpiar los vasos, y lo miré fijamente durante medio segundo de más antes de recordar que probablemente no debería parecer en shock por alguien que limpiaba lo que había dejado. El hombre que me habia dado un masaje sensual de cuello no había dicho ni una palabra, y el empleado simplemente se había movido. Creo que el empleado intuyo que este hombre era rico .
Rico. Definitivamente rico, y no al estilo extravagante de publicar fotos de bolsos Louis Vuitton en i********:. No, este hombre tenía peso. De esos que no necesitan presumir. De esos que saben que pueden entrar en una habitación y ser dueños de ella sin decir una palabra.
-Debería haberme quedado en casa, murmuré, principalmente para mí mismo mientras giraba la cabeza para no ver los últimos trozos de cristal roto que se llevaban.
-¿Por qué no lo hiciste? Las palabras fueron casuales, pero la respuesta fue intensa, pegajosa en mi boca. Lo seguí con la mirada mientras estiraba una pierna larga frente a él y se reclinaba, con el puño de su camisa subido lo justo para que se viera un reloj de aspecto ridículamente caro en su muñeca.
-Porque , dije, ajustando mi postura simplemente porque sentí que debía hacerlo, no iba a dejar que unas vacaciones en la Costa Amalfitana totalmente pagadas se desperdiciaran solo porque mi ex tiene un idiota sin sentido de la lealtad.
Se llevó la mano a la boca mientras una carcajada le salía a borbotones, frotándose el labio superior con el dedo. -Vaya. Esa es una razón de mil demonios.
-Tengo mejores, pero éste es el que transmite el mensaje más rápido.
Sonrió con suficiencia y me extendió una mano. Grande, con venas en el dorso de la palma. Uñas limpias. Un anillo de plata -no, de platino- en el índice derecho, lo suficientemente sutil como para no sonar como una crisis de la mediana edad. -Yo también estoy en el vuelo a Nápoles. Soy Charles .
Solo eso. Nada que pudiera buscar en Google. Solo -Charles .
Lo miré con los ojos entrecerrados y dudé un segundo antes de tomarlo. Su agarre era cálido, fuerte, no demasiado fuerte, y no una muestra de dominio. Simplemente seguro. -Selena
Charles me miró de arriba abajo lentamente, bajando la mirada antes de volver a levantarla, y por una vez, no me pareció sórdido, no parecía que intentara desnudarme con la mirada. Parecía más bien que me estaba evaluando o que intentaba memorizar algo sobre mí. -Selena , repitió como si estuviera probando mi nombre. -Mucho gusto. Y disculpas, de nuevo, por casi hacerte saltar el corazón del pecho.
Dios mío. Puse los ojos en blanco. -No pasa nada, dije, quitándole importancia con un gesto. -Aunque es la primera vez que un tipo me hace romper un vaso. Eso sí que es un logro.
Sus labios se curvaron en una comisura. -Me lo llevo, dijo. -¿Puedo conseguirte uno de repuesto, al menos?
Lo miré parpadeando. -¿Me estás invitando a una copa cuando las bebidas son gratis?
-Te pregunto si quieres otro -aclaró, con una sonrisa burlona en sus mejillas-. Y me ofrezco a moverme y traértelo.
De repente, la piel de mi pecho se sintió demasiado caliente para mi gusto, y me la froté para intentar disimular el rubor que me subía. -Solo si no te importa que lo haga raro.
-¿Es más raro que romper una copa de champán en el momento en que te saludo? bromeó, poniéndose de pie y alisándose la camisa.
Lo fulminé con la mirada, sin ningún rencor. -Grosero.
Ni siquiera reaccionó. -¿Otro champán?
Mirando de reojo la tablilla de la barra, negué con la cabeza. -Uno de esos de flor de saúco y ginebra.
Se movía con esa tranquila confianza que no pedía atención pero que de alguna manera la exigía de todos modos: hombros anchos, piernas largas, el volumen de sus músculos debajo de su camisa mientras cruzaba el salón como si perteneciera a él, o más probablemente, al revés.
Me removí en el asiento mientras lo seguía, consciente de lo corto que era el ridículo vestido amarillo, y lo observé apoyar un codo en la barra, con una postura relajada y relajada. Hizo un gesto hacia el camarero, con una calma y una confianza espontáneas, y no pude evitar mirarlo con enojo. Estaba irritantemente sereno. Probablemente escuchaba mantras de macho alfa como podcasts. Probablemente hacía yoga e inversiones en bolsa a la vez un martes tranquilo.