Al lado derecho de su escritorio hay una camilla, me dice que me debo recostar en ella porque me tendrá que hacer un ultrasonido, solo para ver. Mi madre no espera que la doctora le diga cuando ya está ayudándome. Le doy gracias a Dios que la camilla no es tan alta, creo que es de las que se ajustan a la altura del paciente y de la que el médico decida. Me recuesto sobre la camilla, bajo el pantalón de mi pijama y subo la camisa hasta mis pechos, todo para darle a la doctora acceso a mi abdomen —Tranquila, le aplicaré un poco de gel, está un poco helada —ella echa gel en el vientre y, con un aparato, lo comienza a extender. Me quedo pensando y rogando a los santos que me ayuden porque la verdad que necesito mucha ayuda. Esto me pone demasiado nerviosa, no es lo mismo un examen que un ul

