*** —Esposa… —sisea. Esas son palabras claves para mí, mis vellos se erizan completamente y mi corazón palpita como si quisiera salir, y mi v****a pide a gritos que ese gran pene entre sin piedad. Doy pequeños pasos hasta llegar hasta él, mientras que él se percata y rápidamente se sienta a la orilla de la cama. —Hoy nuestros cuerpos se unirán como marido y mujer—jadeo. Mi esposo recorre mi cuerpo con sus manos y me da delicados besos en el mentón y en el cuello. El roce de sus yemas al pasar por mis costillas me hace tener un escalofrío y sonrió de placer. Cuando poso mi mano en su dura erección él jadea al sentirme. —Si sigue así, no dudaré ni un segundo. Eso me hace reír, mientras él me quita el vestido. Sin esperarlo él me levanta y me pone frente a él, acerca su boca a mi v****a

