BLAKE ASHFORD El día empieza como todos. El cielo está gris, el café amargo, y Nueva York sigue rugiendo allá abajo, como si no le importara nada. Estoy en la oficina antes que el resto. Me gusta llegar cuando todavía huele a silencio. Traje gris, camisa blanca, reloj en su sitio. Todo bajo control. O al menos, eso parece. En el escritorio me esperan los documentos del caso de adquisición hostil. El tipo de batalla que disfruto: poder disfrazado de legalidad. Cada palabra en ese contrato es un arma, y yo sé usarlas todas. Bebo un trago de café. El sabor áspero me recuerda que sigo aquí, que puedo mantenerme cuerdo. En el reflejo del ventanal, mi cara parece otra: más delgada, más tensa, pero funcional. Dormí poco, aunque dormí. Y eso ya es suficiente para sobrevivir. El teléfono vibra

