GEORGIA El cursor parpadea en la pantalla como si me estuviera provocando. Tengo el expediente abierto desde hace veinte minutos y no he avanzado una sola línea. Leo la misma nota una y otra vez sin procesarla. Palabras legales. Frías. Objetivas. Todo lo contrario a lo que tengo en la cabeza. Me obligo a respirar hondo. Concéntrate. Esto es trabajo. Esto siempre fue fácil. Paso la página. Subrayo una frase. Hago una anotación al margen que sé que es correcta, aunque no recuerdo haberla pensado. Mis manos siguen funcionando aunque mi cabeza esté en otro lugar. En él. Blake. No debería ocuparme tanto espacio mental. No debería importarme este silencio suyo, esta distancia milimétrica que no puedo señalar sin parecer paranoica. Porque eso es lo peor: no ha hecho nada. No me ignoró de

