GEORGIA Hay días en los que pienso que Blake y yo estamos jugando a algo que ninguno de los dos admite en voz alta. Días en los que sus miradas duran demasiado. Días en los que mi respiración se acelera cuando se inclina un poco más de lo necesario. Días en los que él parece leer mi mente, como si supiera exactamente qué botón presionar para desordenarme. Y después hay días como hoy… en los que el universo decide ponerme a prueba. El juicio termina sin Blake. Él estaba asignado a otro caso en otra sala. Lo agradezco, porque hoy mi concentración ya estaba al límite. Apenas salgo del estrado, Reyna —siempre sociable, siempre sonriente— me pregunta si quiero unirme al juez y a unos cuantos para tomar algo y hablar del fallo. Acepto, porque no veo razón para no hacerlo. Además, necesi

