GEORGIA No sé en qué momento perdí la cabeza. No sé cuándo exactamente mi cuerpo decidió traicionarme, abrirse, ceder, entregarse a un hombre al que juro que detesto. Pero cuando su mano asciende… cuando finalmente llega hasta donde ninguna mano debería estar en una mesa llena de gente… sé que ya no hay vuelta atrás. Lo siento. La palma ancha, firme, segura. La presión exacta. No demasiado fuerte. No demasiado suave. Justo en ese punto perfecto donde la respiración se corta pero el mundo no se derrumba todavía. Blake Ashford. El maldito tiburón. El abogado cínico. El hombre que me irrita, me provoca, me desarma. El experto. Porque eso es. Un jodido experto. No sé si en el juego… o en tocar. Pero su mano se mueve como si llevara años estudiando cuerpos. Como si entendier

