BLAKE ASHFORD El ascensor se pone en marcha con un zumbido bajo, como si nada hubiera pasado. Como si no acabáramos de cruzar una línea que no estaba pintada en el suelo, pero que ambos vimos con claridad. Georgia está rígida a mi lado. La conozco lo suficiente para saber que no es vergüenza lo que la mantiene así. Es rabia. Pura. Densa. De esa que se queda atrapada en el pecho y busca salida en cualquier dirección. Yo, en cambio, estoy tranquilo. No satisfecho de una manera vulgar. No eufórico. Tranquilo como alguien que recuperó una pieza que le pertenece. Las puertas se abren en el siguiente piso y Moisés entra sin notar nada fuera de lugar. Trae una carpeta bajo el brazo, el gesto cansado de quien ya quiere irse a casa. Nos mira a ambos y sonríe con esa cordialidad automática que

