BLAKE ASHFORD Amanezco tarde, cosa rara en mí. Normalmente el despertador suena a las seis, yo ya estoy de pie a las seis con dos, y a las seis con diez ya estoy destripando algún caso con el café en la mano. Hoy no. Hoy abro los ojos cuando la luz ya se filtra con descaro por las cortinas del penthouse y la almohada huele demasiado a sudor, whisky y frustración. Me quedo mirando el techo unos segundos, respirando hondo, dejando que el cerebro haga ese recorrido involuntario de siempre: anoche, la ducha, el whisky, la cama… mi mano… ella. Gigi. Georgia. La misma. El recuerdo me atraviesa como un cuchillo, pero esta vez no me revuelco en él. No voy a quedarme en modo víctima. Ese papel no me queda. Me incorporo despacio, siento el cuerpo pesado, pero la mente está extrañamente clara. Esa

