BLAKE ASHFORD No lo vi venir. Un segundo estaba lamiéndole el torso como si probara un postre caro, y al siguiente ya tenía la mano cerrada alrededor de su erección. El tipo se arqueó en la silla, la cabeza echada hacia atrás, los labios abiertos en un gemido que la venda no podía ocultar. Mi corazón golpeó como un mazo dentro del pecho. Ella no estaba siendo lenta. No. Lo masturbaba con un ritmo cruel, experto, como si cada movimiento estuviera calculado para volar en mil pedazos a todo el que mirara desde este lado de la pantalla. La cámara, puta cámara, estaba tan bien colocada que hasta el más mínimo estremecimiento de su cuerpo se veía amplificado, como un espectáculo hecho a medida. Y yo lo sentí. Lo sentí en la boca del estómago: ese oleaje de enojo mezclado con excitación. Co

