Miguel se esforzó tanto que pensó que el tendón de su cara se le estropearía, la viuda era un hueso duro de roer, él estaba usando sus mejores armas de seducción, pero al parecer no tenían ningún efecto en ella. Después de un rato de estar tirándole sus mejores piropos, se fue al grano. —Señora, Granados. Estoy enamorado de usted. —¿Qué ha dicho? Si apenas nos conocemos Miguel. —A esto le llaman amor a primera vista, ¿Ha escuchado hablar de eso? —Si he escuchado, sin embargo, en estos tiempos nadie vive de amor, ¿Usted tiene fortuna señor miguel? —Desde luego, señora mía. —Si es así entonces voy a creer en su amor a primera vista, porque con la muerte de mi esposo, que fue algo doloroso para mí, done mi fortuna al hospital de niños quemados. Ahora sé que Dios existe Porque enviárme

