ABIGAIL Como llevaba los platos y las dos botellas de agua, golpeé la puerta de la oficina de Harper con el pie. —¿Qué? — ladró. —Soy yo— —Se que eres tú. Somos los únicos dos aquí. Lo que no sé es lo que quieres— Por un momento pensé en dejarlo morir de hambre, pero esto era típico de Harper. Su rudeza nunca me había molestado antes, y no debería de molestarme ahora en mi matrimonio falso. —Abre la puerta— —Ábrela tú. Estoy ocupado— —¿Crees que no habría hecho eso si pudiera? Deja de ser un idiota y abre la puerta— incliné la cabeza cerca de la gruesa puerta, él estaba refunfuñando, pero se estaba acercando. La puerta se abrió de golpe. —¿Y por qué no puedes abrir? — sus palabras murieron cuando su mirada se posó en los platos en mis manos Pasé junto a él, sintiéndome bien por p

