Capitulo 2

2283 Words
                  Dicen que cuando conoces el amor de tu vida el tiempo se detiene… y es cierto que todo lo que nos rodea carece de importancia cuando nos encontramos frente a esa persona que nos emociona y nos hace sentir mariposas en el estómago. —señorita. Me trae una ensalada de vieiras con tomates y vinagretas de aceitunas negras .—ordeno Sofía, sacando a Anita de su burbuja. —A mi me trae, un jamón ibérico cinco jotas por favor .—pidió Thomás, sonriendo de medio lado. Ella le dio la sonrisa más tierna del mundo. —Muy bien, ¿para tomar? —preguntó, Ana anotando en su libreta. —Vino tinto —contesto Thomás, comiéndose a Ana con la mirada. —En diez minutos le traen su pedido .—aseguro Ana retirándose a la cocina. Se había hecho la hora de salida y ambas amigas regresaban al departamento agotadas, después de una jornada de trabajo. Al día siguiente Anita se levanto, se dio un baño y se vistió. Luego se dispuso hacer el desayuno preferido de su amiga, ese que no podía faltar en la mesa de todo Nicaragüense, gallo pinto, plátano maduro frito, cuajada y tortilla de maíz. Sabia que al probar la comida se sentiría como en su tierra. Diana llego y cuando vio la mesa no pudo evitar emocionarse pues tenia tiempo de no probar esa comida. —Si sigues cocinando a si extrañare mas mi tierra ,—afirmo Diana sentándose .—Deberías de hacerme una comida especial para el día de mi cumpleaños, ya que cocinas tan bien —pidió la chica. —No se diga mas, hare mucha comida típica de nuestro país como Biborón, Vaho entre otras .—anuncio Anita levantándose de la mesa. Diana se levanto tomo su bolso y salió a su trabajo no sin antes despedirse de su amiga. Todo el departamento era un desastre así que Anita se dispuso a limpiarlo, para cuando termino eran mas de las una de la tarde. Se volvió a bañar y se decidió por un enterizo corto floreado con unas sandalias planas y salió del lugar con bolso en mano. Mientras caminaba hacia la parada de bus, observo un pequeño parque con arboles colorido, personas paseando a sus mascotas, niños jugando. Cuando tomo el autobús y llego a su destino, se asombro por lo que sus ojos veían este era el centro de cuidad con enormes rascacielos, personas caminando de aquí para haya, iba tan distraída que no se percato que venia un vehículo, el cual freno en seco golpeando Ana y desmayándose del susto. Cuando salió el conductor del vehículo vio a Ana en el suelo desmayada, la reviso que no tuviera alguna fractura, pero gracias a Dios solo tenia un raspón en la rodilla como no supo donde llevarla, la subió al carro y la llevo a su casa. —Rayos, ¿donde estoy? —murmuro Anita— observando el lugar amplia habitación en tono azul, un enorme sillón del mismo color, coloridos cuadro de pinturas. Se levanto de la cama con mucho cuidado para que no le diera mareo, vio su rodilla que tenia vendaje y se acordó del accidente. Camino hacia la puerta cojeando, la abrió y salió por el pasillo buscando la cocina ya que necesitaba un vaso de agua, encontró la cocina entro bebió agua luego regreso a la habitación cuando llego escucho un ruido en una de las puertas que había, pensando lo peor busco con que defenderse encontrándose con un bate, lo tomo, cuando se abrió la puerta Anita le dio con el bate a Thomás dejándolo inconsciente. Al instante Anita reconoció a Thomás como el chico guapo del restaurante, se levanto y entro al baño en busca de un botiquín de primeros auxilio, lo encontró y se dispuso a despertar al rubio con alcohol, empezando este reaccionar. —¿Qué te sucede? ¿Acaso estas loca? —grito Thomás— mira que golpearme con un bate —protesto Thomás— tocándose el área afectada por el golpe. —Perdón —susurro Ana— estaba nerviosa y como no conocía el lugar pensé que me habían secuestrado, aunque también es tu culpa por traerme a tu casa —justifico Anita. —Esta bien, no te preocupes —aseguro Thomás—. De todos modos tampoco conozco tu casa como para haberte llevado ahí —aclaro el chico . —¿Como te sientes? —quiso saber Thomás. —Mucho mejor —contesto la joven. Ella lo ayudo a levantarse, sentándolo en el sofá. Por otra parte Thomás pensaba no dejarla ir tan fácil, esa chica lo traía loco y jamás se había sentido a así. Mientras tanto Ana no hallaba la hora de irse de esa casa, así que después de ayudar al chico le dijo que se marchaba por que tenia trabajo. —¿como que te vas? —Pregunto Thomás. —Si, como te digo tengo trabajo y no puedo faltar —contesto Anita. —Entonces yo te llevo ,—anuncio el chico— ya que fui el que te golpeo —argumento el rubio— al menos déjame hacer eso por ti. Anita no opuso resistencia ya que era tarde no tenia dinero para un taxi además no conocía el lugar. Cuando iban de trayecto hacia el restaurante Thomás le hizo un sinnúmero de preguntas a Anita desde como se llamaba hasta sus gusto, cosa que le pareció extraño a la joven, A lo que omitió muchas respuestas, puesto que todavía no le tenia mucha confianza . Cuando llegaron al lugar se bajo y despidió de el, antes Thomas le pidió su numero. —Lo siento, no doy mi número a extraño —justifico Anita. —¿Es enserio? —se quejo Thomás—, te lleve a mi casa, fuiste tu la que me golpeo y a un así soy un extraño para ti —dijo el rubio. Anita suspiro y accedió a darle el numero, pero Thomás no satisfecho le mostro el teléfono y le pregunto si estaba correcto agarrando desprevenida a la chica la tomo por la cintura y la beso. —¿Qué te pasa? Idiota ,— bramo Anita—. Dándose la vuelta sin darle chance a Thomás de responderle. Ya adentro del restaurante se apresuro a cambiarse de ropa, salió lista; busco a Diana y como no la encontró pregunto a lo que le dijeron que estaba en la oficina de don Federico. Subió ala segunda planta observo que la puerta estaba entre abierta, pero lo que vio no le gusto y le pareció raro, Diana sentada frente a don Federico mientras el tenia su mano puesta sobre la pierna de ella. Ana los interrumpió carraspeando, ambos se quedaron mirando y de inmediato don Federico quito la mano de la pierna de la joven. —Interrumpo algo —inquirió Ana con el cejo fruncido. Todo quedo en absoluto silencio. —Nada —respondió su jefe, rompiendo el silencio. Ana lo miro con dureza, puesto que sospechaba que algo estaba ocurriendo entre ellos y que no debía ser bueno por el comportamiento de su amiga. —Diana, puedes retirarte —indico don Federico. Diana asintió mirando a la nada. —¿Necesitabas algo Ana?—pregunto su jefe. Negó con la cabeza la castaña. De inmediato salió de la oficina con su amiga. —¿Todo esta bien? . —Si, Ana no te preocupes . —Como tu digas, pero recuerda que soy tu amiga y puedes confiar en mi, además nadie puede obligarte hacer algo que tu no quieres —dijo Ana. Diana sabia que su amiga era de armas tomar a la hora de un problema, que era capaz de enfrentarse ahí mismo a su jefe si se entera de lo que estaba sucediendo. Por lo que Diana no quiso contar nada, en su cabeza maquinaba la forma de resolver el asunto. —Hoy tuve un accidente y no te imaginas quien fue el responsable —conto Ana— cambiando de tema. —¿Qué? — pregunto su amiga, abriendo los ojos como platos. —Tranquila no fue nada —contesto —si supieras quien fue el causante —dijo Ana. —¿Quién fue?. —El chico de quien estaban hablando el otro día ,—soltó Anita— no solamente hizo eso me llevo a su casa, me curo la rodilla y me trajo al restaurante —conto la castaña. Diana abrió la boca formando una O . Sabia que su amiga era bonita, inteligente, sus senos pequeños, pero considerables hermoso trasero, unas piernas esbeltas y figura excepcional. —Me pidió mi número y no satisfecho me beso, pero lo rechace de inmediato — dijo Ana. Diana abrió los ojos como plato, y se llevo la mano a la boca. —¿Te beso? Sabia que mas de algún cliente guapo le gustarías —chillo Diana— pero no pensé que fuese Thomás Smiith. Estaban trabajando y Diana le explicaba que tuviera cuidado, pues se decía que Thomás era mujeriego, que no le gustaban las relaciones serias. Thomás llamo a su amigo para reunirse en el bar de siempre para luego irse a la carrera. Aunque a su mama no le gustaba, a el no le importaba. Llego al lugar entro se sentó y pidió un wiski doble en lo que llegaba su amigo. Todavía no creía que la chica lo haiga rechazado y dejado con la palabra en la boca. Pronto se enteraría quien era Thomas Smiith, le daría una lección hasta hacerle gemir su nombre pensó. Al cabo de diez minutos llego su amigo, se saludaron como de costumbre luego llamo al mesero y pidió un wiski. —Haber dime, ¿Qué es eso importante que me tienes que contar? —quiso saber Javier— tomándose un trago de su bebida. —Conocí a una chica el otro día que fui al restaurante con Sofía, muy bella, ocurrente, con unos ojos verdes preciosos —conto Thomás. —No puedo creer Bro, me haces cancelar mi cita para hablarme de una chica —dijo Javier— con fingido enojo. Thomás rodo los ojos, a lo que Javier se encogió de hombros. —La llamare para invitarla a cenar —soltó el rubio— bebiéndose de un solo trago lo que tenia en la copa. Javier abrió los ojos como platos, tomándose lo que le restaba de la bebida. —El gran Thomás Smiith llamando a una chica para invitarla a cenar —dijo Javier— riendo. Thomás lo miro con desdén. —Vámonos —ordeno el rubio. se levanto y pago la cuenta, camino hasta su auto seguido de su amigo, ambos entraron al auto. —Listo para ganar —pregunto Javier. —yo nací listo —dijo Thomás— soltando una risa de suficiencia. Javier blanqueo los ojos. Salieron a toda velocidad haciendo rechinar las llanta del hermoso deportivo n***o, llegaron al lugar mientras se estacionaban se fijaron que la carrera iba a empezar, así que se dieron prisa. Se encontraron con el organizador de las carreras y les dijo que la de Thomás era la segunda. Solo se oía el rugir de los motores listo para arrancar, salió una chica con unos short y un top blanco, llevaba banderín en la mano, se ubico en medio de la carretera del lugar y dio la señal de salida. Era la hora de salida de Anita y Diana, llamaron al señor del taxi que siempre las recogía, llegaron a su casa cansadas, Anita se dio un baño y se puso su piyama luego fue ala cocina por un vaso de leche para poder dormir, su amiga Diana también estaba ahí bebiéndose un te ya que había pasado todo el día nerviosa por lo que estaba ocurriendo con su jefe. —Anita el domingo esta de cumpleaños Roberto mi novio, quiero presentártelo y de paso celebramos los cuatro juntos su cumpleaños —soltó Diana emocionada. —¿cuatro? —inquirió la castaña— con una ceja arqueada. —Si, Roberto llevara un viejo amigo de el —dijo Diana. —Así que solo por eso me invitas para que le haga compañía al amigo de Roberto —dijo Ana— con fingido enfado. Ehh… —Nah. Es broma —dijo Ana riendo. Amas amigas soltaron en enormes carcajadas. —claro que voy a ir, quiero conocer al famoso Roberto y de paso dar una buena bailada —dijo la castaña— moviendo las caderas. —Pues no se diga mas el domingo nos vamos de rumba —grito Diana— alargando la A. Ambas se fueron a dormir, Ana estaba cepillándose los dientes, cuando escucho vibrar su celular, lo fue a buscar y lo tomo de la mesita de noche notando que era un mensaje de un número desconocido. Para: Anita De: número desconocido Estoy mirando a la luna esta noche y parece ser que intenta ser tan bella como lo eres tu, que inocente… si supiera que eso es imposible… Te deseo una bonita y buenas noches. Que descanses lindo. Atte. Thomas S. Ana se emociono al leer quien le había enviado el mensaje, jamás pensó que fuera así de romántico Thomás, revisaba el contenido una y otra vez, pensando si contestar si o no. Para: número desconocido. De: Anita. Buenas noches y que descanses. Atte. Anita. Anita envió el contenido de mensaje y luego guardo el número de Thomas. Se cobijo y se dispuso a dormir quedando al instante rendida de sueño. Al otro lado de la ciudad Thomas sonreía al ver que la chica contesto el mensaje. Sin saber se estaba enamorando de la castaña.
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