Capitulo 4

2166 Words
—Buenas tardes, me trae un batido de frutas y un píe de manzana —pidió Javier sonriéndole a Ana. Ella asintió anotando en su libreta. —¡Hola preciosa! Me traes un Latte con leche de almendras y un píe de manzana también —indico Thomás guiñándole un ojo. —¡Hola! Con mucho gusto, en cinco minutos se los traigo —dijo Ana dándose la vuelta de inmediato. Cuando llego a la cocina tenia un leve rubor en las mejillas, las manos sudadas, se tomo un poco de agua para tranquilizarse. —¿Te encuentras bien? —inquirió una compañera de trabajo que había llegado. Ella afirmo con la cabeza. Ana llego con el pedido a la mesa de los jóvenes sirviéndoles a cada quien luego se marcho. Cuando terminaron Thomas le pidió a Javier que se retirara que el iba a pagar la cuenta, por que necesitaba hablar en privado con Ana, su amigo se retiro sin ningún problema ya que tenia otros compromisos que atender. Thomas cancelo la cuenta, luego le pidió a Ana que se sentara por un momento que necesitaba hablar con ella. —Lo siento, no puedo estoy muy ocupada —dijo la castaña, mientras limpiaba unas mesas. —Tranquila, hable con Laura para que charlemos un poco —comunico el rubio, invitándola a sentarse con la mano. Ana arqueo una ceja. —Me alegro por ti que ya tengas otro trabajo —expreso Thomás sonriendo. Ana sonrió, luego se sentó un poco temerosa manteniendo su espacio, sus ojos se quedaron fijos durante unos cuantos segundos, perdidos en aquellos ojos azules como el mar. —Quería invitarte a cenar —soltó Thomás entrelazando las manos. Esas palabras la sacaron de su burbuja, luego se sacudió la cabeza. —¿Invitarme a cenar? —pregunto Anita confundida. —Si ¿porque no? —contesto viéndola directo a los ojos. —Por el simple hecho de que tu y yo no somos nada —aseguro ella. Thomás tomo las manos de Ana, pero ella las aparto de inmediato. —Seré sincera contigo, no me interesa tener una cita con nadie —dijo Anita—, además tengo dos trabajo, por lo tanto no tengo tiempo para nada. Thomas admiraba la sinceridad de la chica, notaba en ella lo que no había observado en otras desinterés en el dinero, ya que al siempre se le acercaban por su dinero y fama, como decía su amigo ella era de otro nivel y eso le encantaba. —Sera como amigos ¿acaso los amigos no pueden salir a divertirse? —pregunto el rubio. Ana entre cerro los ojos. —Se que tienes un día libre —afirmo seguro—. Te prometo que no te arrepentirás, será inolvidable. Thomas solo necesitaba de un día para demostrarle cuanto era el interés que tenia hacia ella y lo importante era demostrárselo. Nunca le había suplicado y mucho menos rechazado una mujer era el quien las desechaba; para el era algo nuevo, pero no se sentía mal haciéndolo. Ana sonrió y negó con la cabeza, pues era verdad que si tenia un día libre. —Esta bien, acepto —contesto ella—, pero con la condición que me dejaras en paz. Esas palabras le cayeron como un balde de agua fría al chico. —No te prometo nada, por que se que te gustara —reitero Thomás. El intento tomar de nuevo las manos de Anita, esta vez ella no las aparto, tomándola de las manos le dijo. —Me gustas cuando me observas de esa manera, esos labios que me incita a querer probarlos —exclamo el rubio—, pero mas tu forma de ser. Ella se removió incomoda sobre su asiento, sus mejillas estaban adoptando un color rojo. Thomás sonrió de medio lado. —Te hare pasar el mejor día de tu vida —susurro Thomás. Al instante aparto la mirada y de un jalón se soltó del chico. Thomas miro divertido a Ana, pues sabia que estaba nerviosa y que no le era indiferente eso le dio una esperanza . —Tengo que seguir trabajando —anuncio Anita poniéndose de pie. —Esta bien, yo también tengo un compromiso que atender —dijo el chico levantándose de su asiento. —Nos vemos el sábado a las seis de la tarde —comunico Thomás, dándole un beso de despedida en la comisura de los labios a la chica. Ana por inercia cerro los ojos y suspiro. Thomas llego a la empresa con una gran sonrisa y saludando a todo el personal, cuando entro a su oficina encontró a Sofía sentada en su silla e inmediatamente se le borro la sonrisa. —¿Quién te dejo entrar a mi oficina? —inquirió Thomás frunciendo el entre cejo. —No necesito permiso para entrar a tu oficina cariño —contesto. Sofía se levanto y camino hacia donde estaba el, coloco ambas manos alrededor del cuello e intento darle un beso, pero inmediatamente se aparto Thomas yéndose a sentarse a su silla. —Te pediré que no vuelvas a ser eso —advirtió enojado—, Tampoco que entres a mi oficina sin mi autorización. Sofía frunció el ceño y entre cerro los ojos. —¿Por qué me dices eso querido? —se quejo, pavoneándose por toda la oficina. —Esta es mi oficina y detesto que te tomes atribuciones que no te corresponden —respondió dándole una mirada d*******e. Thomás se levanto de su asiento, tomo a la rubia del brazo para sacarla de la oficina. —Me lastimas, suéltame —se quejo— Yo solo te traía un mensaje de papá, realizara una cena para celebrar la firma de contrato y te espera sin falta. Thomás rodo los ojos fastidiado. —Dile que ahí estaré —dijo entre dientes. —Ahh… también para formalizar nuestro compromiso ante la sociedad y ni se te ocurra no llegar —advirtió Sofía, yéndose del lugar sin esperar respuesta del rubio. Thomás se llevo los dedos a la cien. —¡Laura! —grito. Laura era su secretaria, una señora de unos cincuenta y cinco años, de baja estatura, que quería mucho a Thomás, lo conocía desde pequeño, ya que había sido la secretaria de su papá; lo conocía tan bien que cuando le llamaba por su nombre sabia que algo no iba bien, ya que normalmente la llamaba por el diminutivo Laurita. Para el Laura era como una segunda mamá, desde la repentina muerte de su padre ella fue quien lo apoyo en todo momento, mas cuando su hermano fue expulsado de la familia por algo que no tenia culpa. Laura le llevaba una taza de té, pues sabia que eso lo tranquilizaba. —Joven, aquí tiene su taza de té —Le entrego Laura apenas entro a la oficina. —Gracias —dijo tomando la taza. —¿Ahora que paso? —pregunto riendo. —Son mi mama y Sofía —contesto tomando un sorbo de su té—, quieren manejar mi vida a su antojo, de mama se lo puedo permitir un poco, pero de Sofía nunca . Laura se sentó en la silla que estaba frente al escritorio. —A todo esto ¿Quien dejo entrar a esa mujer a mi oficina? —pregunto enojado. —Cuando yo vine de recursos humanos, ya estaba adentro sentada en tu silla —conto la señora—. Le pedí que me hiciera el favor de esperarte afuera en lo que tu venias, pero sabes muy bien como es ella. —Esta bien, olvidemos ese asunto —dijo Thomas—. Sabes conocí a una hermosa chica hace unos días, hay algo en ella que me atrae como imán. Thomas sonrió ampliamente al recordarla bailando en la discoteca. —Enserio, por el brillo que hay en tus ojos cuando hablas de ella puedo decir que te gusta —comento sonriendo. —A ti no te puedo engañar Laurita, no sabes como me encanta esa chica —soltó el rubio—. Por eso la he invitado a cenar el sábado, quiero hacer las cosas bien con ella. Laura se emociono al oír a Thomás hablar así, desde la muerte de su padre se había vuelto distante, arrogante, ya no era aquel joven que sonreía. Nunca le había conocido una novia, salía con diferentes mujeres cada día y luego no las volvía a llamar. —Me alegro hijito que encontraras a una buena chica —expreso Laura—, no como esa Sofía que solo busca tu dinero, para salvar a su padre de la inminente bancarrota que se encuentra. Thomas le conto a Laura el tipo de persona que era Anita, una mujer trabajadora que no se dejaba amedrentar por nada ni por nadie; hermosa, poseía unos ojos que cautivaban a cualquiera, su cabello largo castaño. Luego le pidió consejos de como tratar a una mujer con delicadeza, ya que nunca la tuvo con ninguna, era un bruto en ese tema. Era la hora de salida en la cafetería y tenia una hora libre, por lo tanto llamo a su hermana al segundo tono contesto. —¡Hola Melissa! ¿Como estas? Y mamá —pregunto mientras caminaba hacia la parada del bus. —Bien, mamá se encuentra bien de salud, así que no te preocupes —respondió su hermana—. Ahora hace manteles bordados para vender, no sabes lo bien que le va, además eso le sirve como terapia para no estresarse mucho. —¡Que bueno! Me alegro —expreso sonriendo. —Esta semana que viene la llevare a una cita con el neurólogo —explico desde la otra línea— te mantendré informada de lo que diga el medico, te dejo por que tengo que trabajar. —¿Trabajar? —inquirió. —si, trabajo en una tienda de electrodomésticos para el hogar —contesto su hermana— Y Luis Felipe en un cibercafé por las tardes. —¿mama con quien se queda? —quiso saber ella. —Con doña Lupe y doña catalina —dijo Melissa—, tengo que colgarte ya voy tarde, luego te llamo. —Esta bien, cuídate —expreso, luego colgó la llamada. Ana sonreía de oreja a oreja, estaba mas que agradecida con Dios, porque su mamá que ya se encontraba mejor, pero lo que no sabia era que su hermana le había mentido a petición de su mamá, ya que no quería preocuparla y mas conociendo el temperamento de su hija mayor, era impulsiva mas cuando se trataba de su mama. Cuando Anita llego al restaurante todos estaban reunidos así que se apresuro, don Federico era quien precedía la reunión y expuso que al estar en una temporada buena el restaurante se mantenía lleno. —A partir de ahora dos meseras mas se van a quedar una hora mas cada día —explico el. Nadie se opuso, pues sabían que eran horas extras y se las pagaban como tal. Luego de finalizar la reunión todos procedieron a cumplir con sus labores. Cuando termino el turno de Anita le dijo a Diana que la esperaría, ya que a su amiga le tocaba quedarse hoy haciendo la hora extra. —No te preocupes puedes irte, yo pediré un taxi —explico Diana mientras ordenaba servilletas—, además no me quedare sola, Mary también se quedara. —Esta bien me iré —comunico mientras tomaba sus cosas para irse. Ella asintió. —Don Federico dice que vallas atender las mesas, ya que hay demasiados clientes —grito la chica desde la cocina. —¿Don Federico? —Inquirió Diana con el ceño fruncido. —Si, el se quedara hasta el cierre —informo. De inmediato los gestos de Diana cambiaron, su mandíbula estaba tensa y sus facciones contraída, Ana al observar la reacción de su amiga al mencionar a su jefe le volvió preguntar. —Diana, seguro que no quieres que me quede —pregunto Anita con preocupación. — No, no te preocupes, no es necesario —aseguro . Ana sospechaba que algo malo pasaba, primero la encontró en una situación sospechosa con su jefe, después llorando en el baño, pero lo que preocupaba mas a Ana era que su amiga del alma no había tenido la confianza de decirle lo que ocurría, lo que no sabia ella era que Diana sufría de acosa laboral por parte de su jefe. Cuando Anita llego al departamento, ordeno un poco, luego se dio un baño y se puso su pijama. Fue a la  cocina por un vaso de leche y después se dirigió a la sala a ver TV  mientras llegaba su amiga. Al cabo de cuarenta minutos llego Diana, se notaba triste y pensativa, se despidió de su amiga y se fue a su cuarto, ahí se dio un baño y después se acostó a dormir, cerro los ojos hasta entrar en un profundo sueño, dormir era la única manera de huir de la realidad para ella.       
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