El eco del miedo (y el refugio de sus brazos) La sala del penthouse Volkov estaba sumida en un silencio productivo. Alexander y Olga estaban sentados frente a la mesa baja de roble, rodeados de carpetas con el sello de Volkov Industries. Alexander revisaba los márgenes de beneficio de una fusión reciente, mientras Olga, con su parche de seda negra sobre el ojo, señalaba con su bastón los puntos donde la ética se encontraba con la avaricia. Emilia se había retirado hacía una hora, agotada por el dolor de sus costillas y el peso de los sedantes. Sin embargo, el sueño no había sido profundo. A paso lento, arrastrando los pies y sosteniéndose el costado con una mano, Emilia apareció en el umbral de la sala. Sus ojos estaban nublados y su rostro aún conservaba la palidez del sueño interrumpi

