— Bueno pues este— señalo él color en la carpeta Helid, aun desconcertada.
— Bien— respondió Juny y le arrebato la carpeta de las manos a su hermanita— ya puedes retirarte.
—¿Que? pero oigan esto no tiene sentido— dijo irritada y confundida Helid— ¿para que querían que escogiera un color?
Ambos, alfas mayores suspiraron pesados, estaban estresados de tanto trabajo y su hermanita solo venía a molestar, aunque ellos mismos fueron los que pidieron que ella llegara.
— Es para tu fiesta de cumpleaños, numero 18— respondió serio Hébert.
Helid se desconcertó, últimamente había estado tan preocupada y ocupada que se le había pasado por alto que su cumpleaños, seria entre unas cuantas semanas.
Ella frunció su ceño ante la respuesta de su hermano— Pero yo dije que no quería celebración— reclamo, molesta.
No tenía buen recuerdo de sus cumpleaños, ya que era solo una excusa para hacer creer a todos que ella era la hija amada y consentida de los Dogerts, dando una farsa mentira de que no era rechazada.
Su familia se regía por el que dirán, los rumores y como en la sociedad no es muy bien visto en la actualidad que se rechace a un m*****o de una manada por no poseer lobo entonces sus padres crearon una mentira.
Su cumpleaños solo servía para que su familia se lucrara más y tuviera más poder pues en esas reuniones lograban tener una que otra alianza con clanes y manadas vecinos y lejanos.
Además, otra de las razones por la que Helid odiaba su cumpleaños y vísperas de este, era porque le recordaba ese fatídico día, ese maldito día que perdió a la persona más importante para ella, y que también fue marcada con una herida y culpa que nunca debió sufrir una niña de 5 años.
Ambos mayores se encogieron de hombros sin prestarle atención a la chica— sabes que esa no es una opción— respondió sin importancia Hébert.
— Si, ¿sabes lo que todas las demás manadas, pensaran y hablaran al no celebrar tu cumpleaños número 18? — Juny hablo con desdén.
— No, la verdad no me importa— dijo con cierta rabia Helid.
— Como siempre tan insensible, solo pensando en ti— Gruño molesto Hébert y Helid solo rodo sus ojos.
— Quieras o no se celebrará la fiesta— Juny hablaba con autoridad— Mamá y Papá ya dieron la orden y las invitaciones fueron enviadas.
— Oigan no es justo— reclamó indignada— Si van hacer esa fiesta, mínimo pues deberían dejar que participe en la organización.
— ¿Ya lo hiciste no? ya participaste— dijo sin importancia Hébert. Helid lo vio confundida y molesta— escogiste el color ¿no?, listo eso es participar.
Helid se indignó más— que, ósea solo eso— dijo riendo sin gracia— es mi cumpleaños, mi "día" no se supone que las cosas deberían ser a mi gusto— reclamo.
— Helid, hermanita no te ofendas, pero tus gustos son ahh… muy… como decirlo— Juny interrumpió con su tono de desdén.
—¿Ordinarios? — pregunto Hébert mirando a Juny.
— Si, gracias hermano— dijo riendo— ordinarios esa es la palabra, eres muy ordinaria y no está mal, pero considerando que en este evento vendrán personas importantes, Alfas y betas de manadas, entonces no podemos arriesgarnos.
— Es mi cumpleaños— dijo irritada mirándolos con brazos cruzados.
— Lo sabemos por eso me esforzare para que sea inolvidable, claro que con más clase— dijo con desdén Juny.
— Saben que, hagan lo que se les de la maldita gana— dijo molesta dando una vuelta, para salir de la oficina.
— Ese vocabulario— reprendió Hébert, pero Helid solo lo ignoro.
Antes de salir su hermana dijo con un todo de desdén y simple— ya que esta el color, entre poco te visitara la modista para crear tu vestido.
— ¿Que también a tu gusto, voy a ir vestida? — pregunto irritada.
— Por supuesto, no hay mejor gusto que el de Mua, tranquila ese día se tratara de hacerte brillar lo más que se pueda, será un desafío, pero no hay nada que Juny Dogerts no pueda hacer— dijo engreída.
Helid se molestó más y sin decir una palabra más salió de la oficina muy molesta azotando la puerta.
Helid no solo era despreciada por su supuesta falta de habilidades lobeznas, también lo era por su físico y gusto, en comparación a su hermana y prima.
Su prima era más alta esto se debía a que la mamá de Nicol era una mujer alta, aunque tampoco lo era tanto, de cabello castaño y ojos cafés claros casi llegando a un color miel, tenía una figura esbelta y pues era capitana del equipo de porrista como alguna vez Juny lo fue así que era la típica chica fresa y Nice popular de la preparatoria, pero sin cerebro.
Juny era más baja que Helid por unos centímetros Helid media 1.65 metros y Juny media 1.59 metros cabello castaño lacio largo y ojos profundos de color marrones, su figura delgada y esbelta junto a su fuerte autoestima y poder la hacían radiante ante lo que usara.
Ambas tenían piel blanca y el gusto por todo lo femenino, el maquillaje en exceso, tacones, vestidos, perfumees caros fuertes que Helid no entendía como su olfato de lobas no estaba afectado por semejantes olores que para su gusto eran desagradable.
Al igual compartían el gusto por la moda y el sentirse las más bellas de todas, Juny en su tiempo de preparatoria también fue la más popular y capitana de porrista, pero igual a Nicol le hacía falta algo de masa cerebral.
Helid en cambio sus gustos eran sencillos, no le gustaba la moda, el maquillaje en exceso, las joyas ni nada que ver con gustos extravagantes, solía usar ropa holgada y "fuera de moda" según las chicas, no era la más femenina además de odiar los vestidos y los olores fuertes en perfumes.
Su compleción, bueno Helid tenía un cuerpo curvilíneo proporcionado, en realidad tenía un cuerpo espectacular digno de la envidia de las chicas, pero por la ropa que solía usar nadie lo notaba, no era la más alta, pero tampoco la más baja en su familia y manada.
Su piel era levemente más bronceada, su cabello era marrón ondulado con suaves risos que caían sobre sus hombros, ojos negros, cejas tupidas y poseía un pequeño lunar entre las cejas casi en el centro de su frente.
Su personalidad también contrastaba mucho con la de su familia, mientras todos era fuertes, seguros de sí mismos, extrovertidos y sobre todo les encantaba la atención.
Helid prefería la calma y pasar desapercibida ser invisible, además de que era insegura, introvertida y muy, pero muy ansiosa.
— No vale la pena— suspiro cansada y triste Helid antes de entrar a la cocina de vuelta.
En el lugar encontró a su nana y a la hija de la mujer, ambas le sonrieron y Helid correspondió el gesto, sentándose en uno de los bancos del desayunador de la cocina.
Su nana al ver que se sentó le puso un plato con espaguetis, tomates, mayonesa y atún, uno de sus platos preferidos.
— Gracias— dijo iluminándose esos hermosos ojos negros.
— De nada, come que no creas que no sé qué te fuiste sin desayunar y Axel ya me conto que no comiste mucho en la preparatoria— la miro severa, era tan normal que Helid se matara de hambre, pero si seguía así lo único que haría era enfermarse.
— Hablando del rey de roma— dijo divertida y algo nerviosa por la mirada de su nana— ¿dónde está?, ¿no lo convenciste de que entrara nana? — pregunto curiosa.
Aunque sabia la respuesta pues al lado de ella estaba un plato de arroz chino, una de las comidas preferidas de Axel.
— Si, pero salió un rato afuera— contesto, calma.
— Al parecer alguien lo llamo y es confidencial— dijo calma la hija de su nana y a la que consideraba su hermana, Helid la miro— Vamos tranquila, seguro a ti te cuenta— dijo algo picara y le guiño un ojo a Helid.
Helid rodo los ojos divertida— Hay Zoé— río y negó divertida.
Helid continúo comiendo en paz, hasta que vio a Axel volver este se miraba algo exaltado, sus ojos se encontraron y ella vio un brillo raro en sus ojos.
— Y ahora tú, ¿qué mosca te pico? — pregunto mirándolo con una ceja levantada.
Axel se acercó a ella y la tomo de sus hombros mirándola a sus ojos.
Hed creo que encontré una solución, para tus secretos> Le dijo atreves de su conexión metal, aunque Axel no se miraba muy seguro de lo que decía o hacía.