Unas horas más tarde, viajaban por la ruta en el auto de Luli. Cata iba a su lado sirviendo mate para compartir con el resto de los ocupantes. Matías se había sentado atrás junto a su hijo, quien luego de haber hablado sin parar a causa de la emoción de visitar una nueva provincia se había caído rendido en la falda de su padre. Luli miraba a Matías por el espejo retrovisor, parecía algo gracioso en aquel pequeño auto, pero también lo veía relajado y pendiente de Cata y eso la alegró. Su amiga merecía a alguien que la valorara y por el interrogatorio al que lo había sometido durante el viaje, parecía un buen hombre. Depositó su mano sobre la rodilla de su amiga y cuando esta la miró le compartió un gesto de aprobación. -Si preferís manejar avisame, Matías.- le dijo Luli, sacándolo de sus

