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Amaneció aún con más frío en Córdoba. Matías abrigó a Jano y bajaron para encontrar la mesa, nuevamente repleta de comida. Los primos de Cata se habían quedado a dormir y sus hermanos acababan de llegar. Cata era la más pequeña de los cuatro y podía adivinar que había sido la consentida. Sus sobrinos y primos pequeños, enseguida invitaron a Jano a unirse a una partida de videojuegos y el niño accedió, mientras tomaba uno de los panecillos que le ofrecía Annika, la mamá de Cata. -Gracias, Anita.- le dijo el niño, saboreando el delicioso bocadillo. -Se llama Annika, no Anita.- lo corrigió el más pequeño de los niños. .Está bien, Jano puede llamarme Anita, como la mayoría de las personas de esta ciudad- le dijo la mujer con esa sonrisa que también lograba empatizar con quien sea que se

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