Lo que continuó fue tan vertiginoso como confuso para Cata. Una llamada, una ambulancia y una camilla. Las sirenas, la velocidad y el oxígeno. Un hospital, las luces en el techo de un pasillo interminable y el dolor. Las contracciones, las enfermeras y un sonido rítmico, cada vez más frecuente. Su corazón, el de su bebé y una mano desconocida tomando la suya. Su amiga Luli colocándose un barbijo mientras hablaba por teléfono, su amiga gesticulando frente a los médicos de la sala, su amiga sonriendo con los ojos mientras le decía que todo saldría bien. Un doctor viejo, con anteojos pequeños y cejas gruesas que jamás había visto analizando su v****a como si fuera un rompecabezas y nuevamente un dolor punzante atravesándola desde la punta de los pies hasta la cabeza. Varias voces que

