Ese viernes fue un día sumamente aburrido, yo siempre acostumbro a ir a trabajar, pero estaba suspendida. Los padres de Roman hablaron con el comité y sé que ya no iban a botarme, pero aun así iba a permanecer suspendida hasta el miércoles después de carnavales, eso es en más de una semana y ahora estaba aquí en el cuarto de invitados de Lucila con tanto aburrimiento que me resultaba desesperante. Entonces salí a correr esa mañana y llegué hasta los toboganes, justo en la vía donde amenacé mil veces con aventar a Roman cuando era más pequeño y estaba gordito. Reí al recordar eso, a sus ojos furiosos cada vez que lo amenazaba o agarraba sus gorditos. Recordé una tarde en que era el cumpleaños de su papá y mis padres y yo fuimos hasta su casa. Ellos hicieron un asado con los familiares que

