Mientras evaluaba y llenaba las historias de mis pacientes recibia la llamada diaria que mis padres hacían para saber cómo iba todo, antes de responder como de costumbre me llenaba de valor y nuevamente fingia que todo iba bien, que habían tomado la mejor decisión por mí.
—Hola papá, mamá, ¿cómo va todo?
—De maravilla, nos está yendo muy bien con las ventas —enfatizaba mi padre, a la vez que también escuchaba a mi madre saludarme.
—¿Cómo va el curso? —preguntaba mi madre.
—De maravilla, en dos años me graduó.
—¡Qué alegría Evannia y que orgullo que pronto serás médico!— respondía esta vez mi padre, demostrando estar muy contento.
—Sssiii, un orgullo como ustedes siempre lo han querido —respondí, desilusionada de que ellos no se dieran cuenta de que esto no me hace feliz.
—Evannia, te enviaremos algo de dinero para que no te falte nada.
—No te preocupes, padre, estoy bien no hace falta.
—¡Tonterías! Entiendo que nos necesitas y que no tienes para mantenerte, por eso lo hacemos.
—Está bien, debo dejarlos, tengo pacientes que atender.
—Desde luego, lo entendemos y dejamos que te ocupes, te amamos —refería para después también hacerlo mi madre y seguidamente colgar.
Después de terminar la llamada me dirigí a un baño cercano, estando allí solloce hasta más no poder. El saber todo lo que hacían por mí me hacía sentir una mala persona si abandonaba esto que hacía, así que solo seque mis lágrimas y me repetí que debía seguir, ellos no lo merecían.
Estando calmada salí y seguí con la rutina diaria. Apuntaba datos de nuevos ingresos que habían llegado al hospital cuando de pronto escuche que alguien pronunciaba mi nombre. Al haberme girado me di cuenta que era la doctora Stefany Sanders, alguien que me guardaba aprecio desde que llegue aquí.
—¡Cariño! te he buscado por todas partes, como no tengo tu teléfono se me ha hecho imposible saber de ti— exclamaba habiéndose acercado para darme un cariñoso abrazo.
—Hola Doctora Sanders ¿Qué necesita? —contestaba luego de corresponder a su abrazo.
—Dime Stefany ya te lo he mencionado antes, Evannia.
—Está bien, ¿que necesitas, Stefany?
—Así está mejor, acompáñame, necesito presentarte a alguien.
Como me indicaba que la siguiera, antes quise preguntar sobre lo que mencionaba.
—¡Ah, por supuesto! olvide que no te lo mencione ¡Que cabeza la mía! Evannia, eres una de las mejores estudiante que tenemos, por ello decidí postularte para que atiendas a uno de nuestros pacientes exclusivos.
—¿Yo? pero aún no soy médico.
—Eso lo sé y por eso pensé que podías hacerlo como su enfermera, manejas muy bien los medicamentos y sabes realizar casi todos los procedimientos quirúrgicos.
—Gracias por pensar en mi, pero... y si no lo hago bien.
—Claro que no, lo harás excelente.
—¿En qué área del hospital se encuentra el paciente?
—No está aquí.
—¿Cómo? ¿Siendo asi como estaré a su cargo?
—Es un paciente exclusivo de este hospital, pero no lo tenemos aquí en vista de que presenta varias problemáticas.
—¿A qué te refieres con que presenta varias problemáticas?
—Evannia ¿has escuchado hablar del apellido Abramovich?
—No, en realidad no.
—¡Qué extraño! Ese apellido es muy conocido, tanto aquí en Londres como en todo Reino Unido... Hago la pregunta ya que cuidaras al heredero y único hijo de la señora Abramovich. El y su madre son los propietarios de la cadena de restaurantes de comida sin gluten en todo Reino Unido. Lastimosamente presenta hemofilia adquirida, (esta es una enfermedad autoinmune que aparece cuando el propio organismo genera anticuerpos que atacan al factor de coagulación VIII) Esta le fue provocada por la celiaquía que también padece (La enfermedad celíaca es una afección autoinmune que daña al revestimiento del intestino delgado, este daño proviene de una reacción a la ingestión de gluten)—. Al parecer siendo pequeño la adquirió y eso desencadeno a que también padezca de agorafobia (tipo de trastorno de ansiedad en el que se tiene miedo a los lugares externos o las situaciones que podrían causar pánico)—. Por ese motivo la señora Abramovich vino a buscar a alguien que le preste apoyo con su hijo, es una mujer muy ocupada y no cuenta con tiempo suficiente.
—Entiendo ¿Qué edad tiene el pequeño? —ante mi pregunta note que se sonrió, gesto que me extraño de su parte—. ¿Qué pasa? ¿Porque sonríes? ¿Acaso no es un chiquillo?
—Para nada, es un joven de veintiún años.
—¡Vaya! Creí que era un pequeñín.
—Si, lo note, pero ahora que sabes lo que padece, ¿quieres hacerlo? Pensé en ti porque sería una excelente oportunidad para tener más experiencia, además te recompensará muy bien, solo que si crees que no puedes... Tendré que buscar a otra persona.
—¡No! Puedo hacerlo, acepto.
—¡Ahhh! qué bien, por un momento pensé que te negarías, ahora si acompáñame, ella nos espera en mi consultorio.
Nos dirigimos al elevador ya que su consultorio estaba en otro piso. Mientras íbamos en este pregunte como haría con mis labores en el hospital ya que de eso dependía finalizar mi carrera.
—No te preocupes por eso, hablare por ti con el director y lo solucionare.
—Está bien, confiare en ti ¿puedo saber cuáles fueron el resto de los motivos que te llevaron a escogerme?
Como sabía que habían otros estudiantes más capacitados, quise saber porque exactamente proponerme a mí.
—Tú eres la indicada, Evannia, aparte de lista eres alguien pura, muy amable y tengo la certeza de que le serás de gran ayuda —escuchar que dijera que soy alguien pura me hacía pensar si tanto se notaba en mí, quizás por mi forma tan patética de lucir les daba esa impresión.
A los pocos minutos llegamos a su consultorio, allí nos encontramos con una mujer muy atractiva y de aspecto muy fino. Ella tenía un cabello rubio hermoso y unos ojos azules tan preciosos como el zafiro. Al verme me saludaba, presentándose como Rose Abramovich, posterior a eso le preguntaba a Stefany si yo era la que había postulado.
—Si, ella es Evannia Walsh, será perfecta para estar al cuidado de su hijo.
—No lo sé, Stefany, se ve muy joven ¿qué edad tiene, señorita? —preguntaba la fina dama.
—Tengo diecinueve y en dos años culminare mi profesión academica— al mencionarlo ella solo me detallaba y a la vez hacia una expresión como si lo pensara. El hecho de que me observara de esa forma me hacía sentir insignificante, ella era tan hermosa y yo tan poco agraciada y sin gracia que no me sentía cómoda con su mirar.
—Está bien, aceptare que lo cuides, necesito urgentemente quien se pueda quedar con él y este al pendiente de su medicación. Tengo mucho que hacer y realmente no quiero desatenderlo.
—Descuide señora Abramovich, Evannia lo hará muy bien—al escuchar que Stefany le hablaba muy bien de mi asentí con la cabeza indicándole que así seria.
Posteriormente se levantó e indico que vendría por mí a las tres de la tarde para llevarme a su casa y presentarme a su hijo.
—¿Stefany te comento lo que padece Zayn?
—¿Zayn?—pregunte en vista de que no sabía a quién se refería.
—Es mi hijo, así se llama, Zayn Abramovich— mencionaba la señora Rose amablemente.
—¡Ohh! lo siento no sabía que así se llamaba y si la doctora Sanders ya me platico sobre su estado de salud.
—No te preocupes, Evannia es mi culpa por no habértelo dicho.
Después de eso ella se retiraba reafirmándome que a dicha hora pasaría por mí, que estaría en la entrada del hospital, di mi aceptación y me despedí de ambas para volver a mi piso y terminar lo que me faltaba. Como había quedado de ayudar a Brandon en la hora del almuerzo al terminar mis deberes baje a la cafetería y me mantuve esperándolo hasta que llegara, algo que no pasó y solo veía llegar a Karen.
—¡Uff! que mañana tan agotadora ¿no? —exclamaba para tomar asiento—. ¿Qué tal tu mañana, Evannia? —escuchaba su pregunta, pero solo pensaba porque Brandon no aparecía.
—Heyyyy, Evannia ¿Qué te pasa? ¿No me escuchas?
—Lo lamento Karen, estaba pensaba en algo.
—¿En algo o en alguien?
—Tienes razón, en alguien —respondí para luego llevar un bocado de comida a la boca.
—Es por Brandon ¿Cierto?
—Si... es que quedó conmigo a la hora del almuerzo y aún no aparece.
—Ah, ya veo ¿No sabes dónde está?
—No, me imagino que estará ocupado.
—Sí y lo está, muy ocupado —lo decía de una manera muy extraña que me causaba curiosidad.
—¿De qué hablas, Karen? ¿Porque lo dices con un tono extraño?
—Cuando venía hacia acá lo vi con una de nuestras compañeras en los dormitorios que solemos usar para descansar en la jornada nocturna.
—Crees que ellos estén…
—Obvio, Evannia, diría que aquí todos lo hacen. Bueno, no todos, tu no.
—Y tú tampoco.
—Lamento desilusionarte mi amiga, pero si lo he hecho, varias veces con el doctor Max.
—¿Qué? pero él está casado.
—¿Y qué? solo es una aventura lo que tenemos. Evannia, si no haces cosas que te sacan de tu zona de confort nunca cambiaras de ser como eres.
—No quiero cambiar, Karen y menos de esa manera.
—Está bien, no seas una inmoral como yo que ando con hombres casados, pero arriésgate, enamórate con locura de alguien que te haga querer desearlo cada segundo y olvídate de los demás.
—No creo que eso pase, nadie querrá perder su tiempo conmigo.
—¡Otra vez con esa actitud! Ya no puedo escuchar más —repuso enojada mientras se levantaba del asiento, llevando consigo su almuerzo y dejándome sola en la mesa de la cafetería.
Luego de eso las horas pasaron muy rápido llegando a ser las tres de la tarde muy pronto. Estaba un poco exhausta, pero sabía que tenía un compromiso, por esto me encontraba esperando en la entrada del hospital. Al poco tiempo llegaba un lujoso auto obscuro y desde la ventanilla la señora Abramovich me saludaba e indicaba a su chófer que abriera la puerta para que entrara, orden que el hombre hizo cortésmente para luego subir y poner en marcha el auto.
—Evannia, gracias por tu cooperación, espero te lleves muy bien con Zayn, él es un poco callado, pero deberás entenderlo, todo lo que padece no es fácil de llevar.
—No se preocupe señora Rose, haré todo lo que esté a mi alcance.
El pensar que a su edad padeciera tres trastornos, aún sin conocerlo me hacía sentir un poco de lastima por él.
—Evannia, quería comentarte otra cosa. Habrán algunos días que deba estar de viaje de negocios, espero puedas quedarte en la casa y acompañarlo tiempo completo, alistare una habitación para tu uso, por eso no tendrás problemas.
—Pero...
—Por favor accede, no quiero dejarlo solo... Te remunerare muy bien por tu labor.
—De acuerdo, acepto.
—Gracias por entender, espero le seas buena compañía... siempre está solo. A Zayn no le duran las enfermeras, es como si las ahuyentara a tal punto que ellas solo se marchan sin decirme que ocurre, pero tú me das esperanzas, lo presiento.
Escuchar que dijera que a él no le duran las enfermeras me daba un poco de curiosidad y al mismo tiempo una sensación de temor por saber qué hacía para que eso ocurriera.
Minutos más tarde el chófer nos mencionaba que habíamos llegado. Al haber descendido quedaba impresionada, era una casa enorme con detalles sofisticados. Como si ella adivinara que también estaba un poco desorientada, se acercó y menciono que estábamos en Kensington, uno de los barrios lujosos de Londres; lugar que nunca pensé que conocería ya que solo los millonarios viven en esta zona.
—Ven Evannia, acompáñame adentro —indicaba la señora Rose para que la siguiera.
Estando dentro me sentía como una hormiga, todo era enorme y lujoso—. Zayn tiene su propia área de la casa en vista de su condición para socializar.
—¿Usted le menciono que vendría?
—Le dije que traería otra enfermera para que estuviera a su cargo — respondía mientras pasamos por un área que al parecer ella había designado dividir, dicha zona dejaba ver un espléndido lago con una hermosa vista a un jardín que también habían recreado—. Por su problema para salir no aprecia la naturaleza por ello quise traerla a él de esta manera, aunque en realidad no la admira, se mantiene encerrado en su habitación, como si lo que padeciera fuera una maldición que le hubiese quitado las ganas de vivir.
Luego de ese triste comentario y habiendo recorrido esa extensa área llegabamos a una puerta enorme que indicaba que era su habitación.
—Iré primero, espera aquí por favor —menciono mientras yo esperaba afuera. Al poco tiempo salió nuevamente y me señalo que entrara. Me adentre allí un poco nerviosa, dándome cuenta que también la habitación era enorme, aunque un poco obscura ya que lo único que pude apreciar que la iluminaba era una lámpara con luz tenue que estaba en un buros, percibiéndose todo como si se tratara del aposento de algún vampiro. Al mirar hacia donde ella me indicaba que estaba su hijo, me sorprendí una vez más. Era como si fuera un personaje sacado de un cuento y el fuese el príncipe encantado. Físicamente era alguien de tez muy blanca, con el cabello tan rubio como su madre y unos ojos verdes encantadores, tal cual como dos pares de esmeraldas, quedaba perpleja e hipnotizada con su majestuosa belleza.
Su mirada era profundamente intensa y su rostro estaba totalmente inexpresivo. Al parecer leía algo privado ya que al acercarse su madre cerró su lectura y se ubicó de pie. Estando de esa manera comprobé que era muy alto a pesar de que sufre de hemofilia adquirida, y es un paciente celíaco.
Su belleza me había dejado completamente cautivada, hasta el punto de que lo contemplaba sin pronunciar palabra. Me sentía avergonzada de que fuera tan poco atractiva delante de alguien como él.
En medio de mi contemplación observaba que su madre le indicaba que me saludara, pero el solo me miraba, detallándome de pies a cabeza mientras guardaba silencio. De repente la tomaba de la mano y la llevaba a parte, como si fuese a comentarle algo confidencial. Al terminar de intercambiar palabras él se alejaba y entraba por una puerta mientras que su madre venía hacia mí.
—Perdona su comportamiento, no está acostumbrado a socializar con nadie, pero esta vez deberá hacerlo, ya lo decidí.
—No se preocupe, entiendo su situación.
—Hablaré con el y así mañana cuando estés aquí espero su trato cambie, podrás venir a partir de mañana, ¿cierto?
—No lo sabía, pero lo haré.
—Perfecto, ahora sígueme, ordenare que mi chófer te lleve a casa.