El capitán la interrumpe dirigiéndose a mí al ver mi expresión seria.
—Doctora, no está obligada a llevar una indumentaria concreta ni a plegarse a unos preceptos de una religión que no comparte. Nosotros garantizaremos su integridad física y moral de cualquier agresión física o verbal, vista como quiera que vista. Las normas de la ONU son muy exigentes en cuanto a la igualdad de género y el respeto al derecho de la mujer a comportarse libremente.
»Tan solo le ruego que sea consciente del delicado equilibrio multicultural y minimice los riesgos de manera pragmática. En los últimos tiempos, hemos detectado un incremento de elementos extremistas, como ha ocurrido en otros países. El ataque a mujeres extranjeras es una consecuencia indeseable más de este auge.
Cuando pedí este trabajo, era plenamente consciente de que venía a un país árabe y de que las mujeres de aquí se enfrentan a una semiesclavitud desde tiempos inmemoriales por el simple hecho de ser mujeres. Lo sé y lo tengo asumido, pero voy a intentar defender mi identidad y mis principios hasta donde sea razonablemente posible. Me gusta que un militar de la ONU me respalde en esa decisión, y el capitán se ha expresado muy claramente. Tengo derecho a que me protejan sea cual sea mi indumentaria. ¿Qué pasaría con Natascha? No la veo a ella tampoco poniéndose un hiyab. ¿Se enfrentaría a Rania por ese tema? Tengo que hablar con ella cuanto antes para que me ponga al día.
—Por supuesto que soy consciente del entorno en el que voy a ejercer mi labor, pero preferiría no adoptar símbolos religiosos o culturales con los que no me identifico. ¿Sería suficiente que llevase ropa holgada de campo y un gorro como el que llevan las militares de su unidad?
—Por supuesto. No se le puede pedir más. —Mira a Rania pidiendo su confirmación, que asiente, no de muy buena gana—. Una vez aclaradas las normas generales de seguridad, dejaré que la doctora Nadyrova explique los detalles de la próxima expedición.
—Gracias, capitán. La próxima campaña se dirigirá a la pequeña población de Salenah: mil quinientos habitantes, al noroeste de nuestra posición. Actividad principal: pastoreo, ganadería, y por supuesto industria gasística. Llevan tres años sin acceso a una fuente fiable de agua potable. La OMS ya ha dado parte de varios brotes infecciosos de cólera relacionados con la escasez e insalubridad del agua, que por fortuna han sido controlados.
»Ahora, se están abasteciendo con cisternas de agua potabilizada que visitan el pueblo cada semana. Debido a la construcción de un oleoducto, la población de Salenah se ha duplicado en el último año con obreros inmigrantes, y la situación sanitaria se está haciendo insostenible. Es urgente la construcción de un pozo que abastezca de agua potable de primera necesidad a la gente, y en breve será necesario también abordar la construcción de una infraestructura adecuada de evacuación de aguas residuales, pero eso lo dejaremos para más adelante.
—¿Y los constructores del oleoducto no se encargan de mejorar el abastecimiento? —Me miran como si hubiese dicho una burrada—. Al fin y al cabo, la mano de obra que utilizan es del pueblo, sin ella no podrían construirlo. No entiendo muy bien por qué tiene que construirles las infraestructuras de apoyo la ONU con financiación pública internacional.
El capitán me mira y sonríe con esa media sonrisa sardónica que ya le he visto antes. Le ha hecho gracia mi ocurrencia y está expectante por la reacción de Rania, a la que mira después de mí.
—Sara, lo que dices no tiene ni pies ni cabeza. —Pone cara de hablar con una niña tonta—. Una empresa gana dinero, no hace obras de caridad. Sería ridículo. La ONU está para suplir estas carencias de los pueblos sin recursos. —Esta mujer no ha oído hablar jamás de la responsabilidad social empresarial—. En cualquier caso, eso no es asunto nuestro. Janan y Ruwa pasarán consulta a las mujeres que así lo soliciten durante los días que dure la construcción. Sara, tú las acompañarás e irás tomando las muestras que necesites, ellas te ayudarán como hicieron con Natascha. Capitán, ¿cuándo podrán partir?
—Pues me gustaría revisar con el teniente Agincourt los estudios geotécnicos para establecer el mejor punto de perforación y las características del pozo. Como ya lo trabajó él la semana pasada y está muy avanzado, no tardaremos mucho. Revisaremos también los suministros de obra y creo que mañana saldremos. Doctora Sanz, ¿se ha puesto ya al día con el material que dejó la doctora Todorova?
—Pues no. ¿Dejó material? No me habían informado.
¿En qué está pensando Rania? Le pregunté. La miro inquisitivamente.
—Yo no me encargaba de las muestras. De eso se encargaba usted, ¿verdad, teniente?
—Sí, las tenemos almacenadas tal y como la doctora Todorova nos indicó. Después de que ella... Como ella se tuvo que ir repentinamente, estábamos esperando instrucciones.
El teniente ha mirado al capitán, y habría jurado que este ha negado con la cabeza, aunque no la ha movido ni un milímetro.
—Teniente, acompañe cuando terminemos a la doctora Sanz para que examine las muestras y pueda decirnos cómo proceder.
—Sí, gracias. Necesito saber cuánto había avanzado Natascha. No he podido hablar con ella. ¿Por qué abandonó de manera tan repentina el trabajo?
Todos se levantan ignorando mi pregunta.
—Bueno, damas y caballeros, pongámonos a trabajar.
El capitán se dirige con rapidez a la salida seguido por el teniente y Rania. Ruwa me mira con una sonrisa dulce y Janan mira al suelo. ¿Nadie me va a contar qué ha pasado con Natascha? El tema empieza ya a escamarme bastante.