—Buenos días. En primer lugar, quería dar la bienvenida a la doctora Sanz, que acaba de unirse al equipo, y me gustaría aprovechar la ocasión, no solo para explicarle a la doctora cómo funcionamos, sino también para aclarar algunos puntos sobre la situación actual. —Habla con la misma confianza en sí mismo con la que se mueve: tranquilamente, sin elevar el tono, mirando a la cara y los ojos de cada uno de los presentes—. Como bien saben, nuestra función como Unidad de Ingeniería Militar de la ONU dentro de esta misión de paz es posibilitar el despliegue bajo condiciones que permitan realizarla de manera eficiente y segura para todos los actores.
»Las unidades de Ingeniería Militar de Construcción, como la que está destinada aquí, no solo posibilitan el mantenimiento de la paz, sino que también tienen como objeto apoyar el desarrollo de la propia nación donde operan. En particular, nosotros formamos parte de una subunidad especializada en el diseño y ejecución de proyectos de suministro de agua y saneamiento, incluyendo la perforación y construcción de pozos. —Parece que el discursito estará dedicado especialmente a mí.
Es cierto que la disponibilidad de agua de buena calidad tiene un impacto drástico en la calidad de vida de las comunidades. E imagino que también en las operaciones militares, por eso deben de existir este tipo de unidades en el Ejército. El agua es fuente de vida y conflicto, y si no se garantiza un suministro adecuado surgirán plagas, y la violencia es la plaga más mortal. Yo creo que la OMS la debería incluir en el catálogo de patógenos peligrosos...
—Aparte de la construcción, somos autosuficientes en los desplazamientos y la protección armada de nuestros efectivos, así como de los civiles en misiones humanitarias que nos acompañen. —Vuelve a dirigirse a mí—. Es el caso del personal civil de la ONU o, en su caso, doctora, de los trabajadores de entidades colaboradoras. En este sentido, tenemos el mandato de darles todo nuestro apoyo para realizar su misión de cooperación.
»Es cierto que dependemos directamente de la autoridad del jefe civil de la misión y que nuestras prioridades son determinadas por esta jefatura, pero —ahora mira a Rania y hace una pausa— es el comandante de las fuerzas militares el responsable de su ejecución en las condiciones adecuadas de seguridad. Es importante que esto sea entendido correctamente —sigue mirando directamente a Rania, quien parece aguantar un chaparrón. Sospecho que ese era el punto conflictivo en disputa anoche—. Yo soy el responsable de la seguridad de este grupo y solo recibo órdenes de mi superior militar. Por lo tanto, no habrá ningún desplazamiento, repito, ningún desplazamiento que yo no haya aprobado y planificado personalmente después de haber estudiado su seguridad y de recibir la autorización de mis superiores. ¿Se entiende esto perfectamente, doctora Nadyrova?
Estaba claro que la avería del camión no justificaba esta reacción. ¡Y, por supuesto, tampoco que les interrumpiera la fiesta! Lo que le sentó a cuerno quemado fue que su pelotón se marchara a una misión sin él. Por eso el chorreo intempestivo de anoche al teniente y a mi jefa.
—Sí, muy claro, capitán. Siento haber malinterpretado las instrucciones de Kaminski. En esa aldea llevan sin acceso al agua potable desde hace...
Parece que reconoce una metedura de pata y se somete a un tirón de orejas público. Tengo la sensación de que está haciendo el paripé cuando humilla la mirada. No termino de creérmelo.
—Kaminski será el jefe civil de la misión, doctora, pero soy yo quien debe evaluar la factibilidad y la seguridad de cada desplazamiento. En especial, cuando hay cooperantes implicadas, y después de lo que pasó. ¿Está claro, teniente Agincourt? —Esta vez se dirige al teniente. Le está dejando muy clarito que aquí no se mueve nadie sin su permiso y que la insubordinación está muy fea en el Ejército—. No puede volver a pasar.
¿Qué será eso que pasó? El capitán Ojos Azules estaba iracundo anoche, aunque sabe controlarse. Así que está claro que «eso que pasó» debe de haber sido algo grave y quiere llevar las riendas de la seguridad en persona.
—Sí, mi capitán.
Su respuesta se corresponde con la de un disciplinado militar. Su gesto desencajado me confirma que en el Ejército la insubordinación no es un tema menor.
—Bien. Pues una vez aclarado este punto, vamos a pasar a explicarle a la doctora Sanz las medidas concretas de seguridad. Dado que el material que necesitan desplegar es reducido, el vehículo institucional de la OMS se integrará directamente en nuestro convoy. —Vuelve a dedicarme su atención. Yo le escucho atentamente con los ojos muy abiertos, así oigo mucho mejor—. Uno de mis hombres se encargará de la conducción.
»Una vez en la población objeto de la intervención, situaremos su consulta en el punto que yo designe dentro del perímetro de seguridad y no se desplazarán por la zona sin previamente comunicarme a mí, o al centinela de servicio, el objeto y destino de su desplazamiento. Probablemente, tendrán que pasar consulta en un lugar relativamente alejado del punto donde nosotros estaremos realizando las obras, pero mantendremos una supervisión continua y tendremos comunicación fluida. —Esto último se lo dedica a Janan.
—Capitán, sabe que, si los ven cerca, las mujeres no se atreverán a venir a la consulta a hacerse una revisión —interviene la matrona en un precario pero eficaz inglés—. Sus maridos no les dejarán acercarse ni a cien metros de un casco azul. Es mejor que nos dejen trabajar de manera independiente.
—Seremos discretos, señora Daoudi. No se preocupe, no interferiremos con su labor. Pero si tienen que desplazarse a algún domicilio, por favor, manténganse en contacto. Les dejaremos transmisores de radio si no hay buena cobertura de móvil. —Hay respeto y consideración hacia esta mujer en su tono—. Por otro lado, como es probable que sepa, doctora, las misiones de la ONU tienen un estricto código de comportamiento; y todo el personal debe respetar las leyes, costumbres y prácticas locales, así como tratar a los habitantes del país anfitrión con respeto, cortesía y consideración, actuando con imparcialidad, integridad y tacto.
¡Vaya! Se lo sabe de memoria. Me he repasado en el viaje las normas de conducta del personal bajo mandato de la ONU, y no se ha dejado ni una coma.
—No voy a ocultarle que ha habido casos puntuales de acoso s****l a algunas mujeres occidentales de la misión por parte de locales. Las gentes de Oryen son pacíficas, pero muy tradicionales. Creo que usted es una persona culta e inteligente, y no hace falta que incida más sobre el tema.
—Sí, estoy al tanto de estas normas y me adhiero por completo. Lo último que desearía sería ofender a las gentes que vengo a ayudar. ¿Es necesario que me cubra el pelo o algo así?
Rania se apresura a intervenir.
—Sí, claro. Además, no lleves prendas demasiado ajustadas o que marquen tus formas de mujer. —Creo que desaprueba mi camiseta—. Ropa siempre holgada y modesta que no provoque o perturbe a los hombres que te miren. Y no estaría de más que utilizases una shayla o un hiyab para cubrirte la cabeza siguiendo las costumbres musulmanas.
No soy una mujer dada a exhibirme o llevar ropa provocativa. En especial, si estoy trabajando. En cierta manera, me molesta tener que variar mi indumentaria por cuestiones religiosas. No quiero molestar a nadie, pero tampoco que nadie me imponga sus convicciones.
—Si Natascha hubiera...