Así me había tomado días convencer a Mary de aceptar mi regalo. Aunque su emoción en aquel momento fue más que notoria, luego se lamentaba que tuviese que gastar aquel dinero. Pero era un regalo que moría por poner en sus manos. —Hay algo más que quiero decirte antes que me des tu regalo.—Susurró entrando a mi habitación y tomándome desprevenida. Me asusté por su llegada y la miré, tomando sus manos con fuerza.—Deja de intentar que no te de lo que es tuyo, Mary.—Respondí burlona. —No es eso ésta vez Ashley.—Dijo pasando mi cabello tras mi oreja.—Te debo decir algo y luego decidirás si aquello sigue en pie. —Me estás asustando, Mary.—Le dije sin más. Ella respiró hondo y me miró.—Michael y yo hemos decidido vivir juntos... Ya sabes, tener nuestro propio espacio. Dónde solo seamos

