—Jared deja de moverte raro —le regañó Murica por cuarta vez. —¿Cómo quieres que haga eso? Parezco un asesino en un funeral. —¿Qué asesino estaría en un funeral? —la mujer volteó a verlo y él solo murmura un no sé. Caminaban por las calles con cautela como gente normal, pero la gente no los veía así. Murica tenía su vestido verde sucio hasta los talones con sus collares raros colgando de su cuello y su cabello esponjado. Ella todavía pasaba por gente normal a comparación de Jared que tenía una túnica negra luego un saco del mismo color encima una bufanda alrededor de todo el cuello más una cachucha oscura con un velo n***o que apenas y lo dejaba ver y por si fuera poco unos lentes y bloqueador solar en la cara. Era lo mejor que habían encontrado en la cabaña. —Hasta que no descubramos

