Al llegar a la hacienda, el sol ya se había metido, acompañe a Amalia dentro y al entrar, pude observar bien el lugar.
La casa estaba vacía, había algunos muebles viejos y no había luz.
Pregunté si realmente se quedaba ahí y donde estaban sus padres, y al oír eso su mirada cambió.
-Mis padres abandonaron este lugar cuando se casaron. Mi madre quería ir a vivir a la cuidad y ambos decidieron irse. Hace algunos meses mis padres murieron y me quedé sola. Recorde a mi abuelo y a esta hacienda, así que vendí lo poco que teníamos en la cuidad y vine aquí, pero al llegar solo descubrí que el abuelo murió hace dos años. Ahora solo tengo esta hacienda, así que voy a sacarla adelante.-
Su historia me hizo sentir mal por ella, los humanos mueren pronto y ahora ella estaba sola en este mundo.
-No puedes quedarte en este lugar sola, mira como está, alguien puede entrar y lastimarte, mi casa está en el pueblo, la hacienda aún no está lista, así que porque no te quedas en mi casa algunos días, al menos hasta que se reparen las puertas y las habitaciones de este lugar- propuse, pero ella se negó, -Esta es mi casa, gracias por tu ayuda pero estaré bien aquí.-
No dije nada más, así que me despedí y me fui.
Esa noche no volví al infierno, decidí quedarme en mi hacienda, aunque no estaba lista ni había mueble alguno, pensé que alguien podría aparecer y causarle problemas a Amalia, así que sin más me quedé ahí.
La noche pasó sin contratiempos y al día siguiente fui al pueblo y contrate a más gente para terminar pronto la construcción.
Después compré algunas cosas y fui a casa de Amalia. La encontré intentando reparar algunas cosas en la cocina, y me ofrecí a ayudar.
Ella no se negó, así que primero quise reparar las puertas principales, así nadie podría entrar y Amalia estaría segura,
Continúe con las puertas de algunas habitaciones, y finalmente regrese a ayudar con algunos muebles de la cocina.
Ofrecí contratar gente para reparar y remodelar la hacienda, y otros más para apoyarla, pero nuevamente Amalia se negó.
No intenté convencerla, pero le dije que al menos me dejara ayudarla en la reparación, y ella accedió después de insistir un poco.
Cuatro meses después, mi hacienda finalmente estaba terminada, la llamé "Hacienda sangre real", pues en el infierno existe algo llamado linaje real, mi padre es el rey del infierno, y eso nos convierte en príncipes del infierno.
Al cabo de este tiempo, la hacienda de Amalia también estaba casi restaurada, y ella decidió dejar el nombre de la hacienda tal y como estaba "Hacienda el Salazar"
Ahora eramos oficialmente vecinos y durante esos meses pude conocer un poco más a Amalia.
Ahora ya me tenía confianza y nos habíamos acercado un poco más. Pude conocer a una Amalia amable y alegre, siempre sonreía y ya se había adaptado a vivir en el pueblo.
Yo me sentía bien en su compañía, siempre tenía conversaciones diferentes y me gustaba estar ella.
Un día estando en el infierno, me encontraba haciendo algunos deberes acumulados, tenía prisa por terminar, ya que me había comprometido a acompañar a Amalia a realizar una compra de reces, pues había decidido continuar con la producción de ganado, que era a lo que se dedicaban su abuelo y padre cuando aún vivían en la hacienda.
Al verme tan apurado Samm me dijo -hace meses que vas más seguido a la tierra, ¿acaso te gusto tanto ese pueblo? ¿o es por esa joven?-
- Me gusta el lugar, además la hacienda requiere mi atención también, más ahora que a las tierras se les sembró vid, recuerda que tu me aconsejaste eso para poder producir vino como el que te gusta-
-jaja vamos Mae, soy tu hermana, sabes que tus excusas no funcionan conmigo.
Si realmente fuera por la hacienda podrías mandar a uno de nuestros sirvientes a hacerce cargo. Dime la verdad, ¿te estas enamorando de esa humana?-
Me quedé callado por un momento y finalmente respondí -me gusta estar con ella, me hace sentir bien y no quiero dejarla cada vez que tengo que regresar. Nunca he estado enamorado, no se si es amor-
-Ya veo- respondió Samm -Anda, ve a donde tengas que ir, tengo tiempo libre ahora así que terminaré esto-
Sonreí, -te quiero- dije, le di un beso en la frente, y me apresure a ir al encuentro con Amalia...