—No quiero ir contigo, tengo miedo. —Me detengo y lo miro. —¿Él es como tú? —Sí. —Dios mío. Quiero llorar y gritar con todas mis fuerzas. —Tranquila, no te pasará nada. —Lo dice con tanta tranquilidad como si nada hubiera sucedido, como si ese vampiro jamás habría estado aquí. —¿Y cómo quieres que esté después de lo que pasó? —Río con amargura. — ¡Por el amor de Dios, ese chico quiere matarme! Yo, yo tengo que avisarle a mis padres y a la policía lo que está sucediendo. —Doy la vuelta y comienzo a caminar, pero Liam me sujeta por la cintura haciendo que me detenga. — ¡Suéltame maldita sea! —Vocifero removiéndome en sus brazos. —Tranquila, Hanna. Te tengo dicho que no me hables así. —Replica enojado. —Yo hablo como se me dé la gana, ¡así que suéltame! —Grito exasperada, no sé cómo

