Ruby
Las noches en el club cada vez son más agotadoras. Aunque me gusta lo que hago y lo disfruto, no puedo evitar las miradas pervertidas de algunos hombres que no van a ver el espectáculo sino mi cuerpo.
El único momento de paz que tengo es cuando llego a mi apartamento. Vivo sola desde que tenía 16 años... mi madre murió de una enfermedad mortal y quedé desamparada. Tuve que buscar trabajo de lo que saliera para sobrevivir, para poder comer... antes de morir, mi mamá me dijo que buscara a mi papá, pero ella no alcanzó a decirme su nombre. De todas maneras no me importa... nunca lo necesité y ahora menos... Mi madre me enseñó a trabajar y también a bailar. Mi mayor pasión. Como era menor de edad cuando me quedé sola no me contrataban fácilmente, pero cuando cumplí mi mayoría de edad conseguí trabajo en un club prestigioso. El dueño del sitio, Carl, conocía a mi madre, dice que me parezco mucho a ella. Tengo su mismo cabello, sus mismos ojos y el mismo estilo de baile. Ella trabajó ahí por mucho tiempo, desde que yo nací hasta que cayó enferma. Nunca me dijo en dónde trabajaba. Tal vez quería que yo no siguiera sus pasos, pero me interesé mucho y le insistí que me enseñara.
Allí conocí a Monique y a Margot... dos chicas mayores que yo, con mucha experiencia y muy buenas amigas. Ellas fueron las primeras que me acogieron cuando llegué hace cuatro años.
Hasta ahora no había tenido ningún problema con los clientes. Ellos solamente van a mirarnos, pero ninguno se propasaba con nosotras. Carl tampoco lo permitía. Nos cuidaba a todas como si fuésemos sus hijas. Corrí con mucha suerte al dar con este sitio, ya que la competencia era un bar exclusivo en donde los clientes podían pasar la noche con las bailarinas. Nuestro show es más artístico y los hombres solo van a mirarnos.
Siempre que llego a mi hogar me paro frente al espejo y miro mi reflejo. Observo mi rostro y pienso en muchas cosas... pienso en mamá, en mi trabajo y en todo lo que he logrado... sola. Pienso en cómo mi rostro se transforma todos los días... me veo hermosa, pero mis ojos reflejan la realidad... No sé a dónde voy... mi vida no tiene ningún sentido. Cuando me invaden esos pensamientos negativos me retiro del espejo y comienzo mi baile. Eso me relaja mucho, porque me encanta hacerlo. Bailo para mí, para enamorarme cada vez más de mi escencia... me siento plena, llena de vida. Cada movimiento es un motivo más para vivir. Al terminar me doy una ducha rápida y me acuesto a dormir. En las mañanas me levanto y hago mucho ejercicio. Tengo un gimnasio improvisado en mi apartamento con algunas cosas que la gente desecha en la calle. Necesitaba tener mi cuerpo en forma y no tenía dinero para ir a un sitio especializado para ello.
Esta noche me causó mucha curiosidad un tipo... No lo había notado, pero ahora que lo pienso, siempre estaba sentado en el mismo sitio. A veces cuando salía en algún momento de mi jornada lo veía en los callejones hablando con algunas personas y haciendo intercambios... supongo que son drogas. Hoy fue diferente. Me observaba detenidamente, tenía una mirada obsesiva, lo cual me causó mucho temor. Al cabo de un rato se retiró del sitio.
Mis amigas y yo salimos, después de una noche de trabajo, en el auto de Andy, el bartender del club, para nuestros respectivos hogares. Una vez me bajé del auto me encerré en la tranquila soledad de mi apartamento. Hice lo mismo que hago todas las noches, pero cuando me disponía a retirarme del espejo, para bailar de nuevo, un reflejo en mi mejilla izquierda llamó mi atención. Entonces giré mi mirada hacia la izquierda y un maldito pervertido tenía unos binoculares... me estaba observando. Mi cuerpo se paralizó totalmente y nuestras miradas se cruzaron después de que él bajó el aparato de su rostro... nunca me había pasado eso, sin embargo, en lugar de aterrarme me causó curiosidad. Si quiere un espectáculo gratuito lo va a tener. Pensé. Comencé a moverme solo por diversión y captar su reacción. El tipo estaba mudo y paralizado. Me causaba mucha gracia verlo así, entonces continué hasta que alguien golpeó la puerta.
-¿Quién será a esta hora?- me pregunté y abrí. No tuve tiempo de reaccionar, cuando el tipo que estaba observándome en el club abrió la puerta fuertemente.
-¿Qué haces aquí?¿Cómo diste conmigo?- Le pregunté. Estaba aterrada, pero traté de mantener la compostura.
-Te estuve mirando en el bar todas estas noches y me gustaste... ¿Tienes algún problema con eso? Te pagaré muy bien si me dejas estar contigo esta noche.- mis ojos lo miraron indignada. Entonces me le enfrenté.
-¿Acaso crees que soy una de esas? Te equivocaste conmigo... Te quiero fuera de mi casa ¡Ahora!- Le grité y le indiqué la puerta con mi dedo índice. Durante el tiempo que estuve trabajando en el club nunca había tenido novio. Tal vez muchos pretendientes, pero no quería tener nada con ninguno. De hecho, aún soy virgen. Empero, con la ayuda de Monique y Margot había aprendido defensa personal, en vista de la clase de trabajo que teníamos. No soy aquella mujer débil que se deja maltratar de cualquiera. Entonces, ese hombre aprovechó mi distracción y me empujó hacia la pared. Con sus manos me agarró el cuello. Me estaba asfixiando.
-¡Suéltame! - Le alcancé a decir... él empezó a reírse. De un movimiento lo empujé. -¡No me vuelvas a tocar!- le grité de nuevo. Entonces rápidamente se acercó y me dio un golpe en la cara. Como estaba tan aturdida caí al suelo y el hombre me tomó de la muñeca y me arrojó a la cama... intenté zafarme pero no lo logré... Ese tipo iba a abusar de mí. Se colocó en medio de mis piernas y comenzó a tocarme... Lo escupí y grité, pero él aprovechó y me golpeó de nuevo. De mis labios manaba sangre. Me abrió la blusa y desabrochó su pantalón. Me besó el cuello y mientras lo hacía me levantó la falda... No sé por qué pero olvidé todo lo que aprendí en las clases de defensa personal. No había de otra... sería suya. De pronto alguien lo tomó por detrás y lo lanzó al piso.
-¡Vete!- Escuché. Me incorporé y me di cuenta de que era aquel pervertido que me estaba mirando a través de su ventana. Claro, no se aguantó que otro hombre me tomara y creo que él lo iba a hacer después de que el tipo se marchara. Pero esta vez sería diferente. Ahora tengo las fuerzas suficientes para defenderme. Le grité al hombre que se encontraba en el suelo que lo iba a acusar con la policía por los negocios que yo sabía que él tenía. Pero el muy imbécil se atrevió a insultarme. Cuál fue mi sorpresa que el pervertido me defendió. Una vez nos amenazó a los dos se largó de mi casa. Mi ahora defensor se me iba a acercar y le advertí que no lo hiciera. Le pregunté quién era y me toqué el rostro... El muy animal me había dejado la cara marcada... maldije porque ni el maquillaje podía ocultar las heridas, ya que eran algo profundas. Entonces me pidió el botiquín y cuando supe sus intenciones bajé un poco la guardia con él. Mientras me curaba las heridas de mi cara me miraba los pechos. Me di cuenta de que no me había quedado tiempo de abotonarme la blusa y de un solo movimiento me tapé. Se disculpó. Le hice varias preguntas, pero decidió irse. Me sentí mal porque no le había agradecido lo que hizo por mí, aún sin conocerme, y después de advertirme que cerrara con llave se marchó. Esperé un momento a que llegara a su apartamento y miré a través de mi ventana, mas no logré verlo, ya que no encendió las luces y estaba muy oscuro. Tomé la decisión de comunicarme con Margot, quien también vivía sola.
-Margot ¿Te desperté?-
-Sí... pero dime, ¿Pasó algo?-
-Ehmnn sí... ¿Recuerdas al hombre que te comenté? el que vimos en el club hoy.
-Sí... algo.- Me contestó, aún dormida.
-Me siguió hasta mi casa y me atacó.-
-¿Cómo?...¿Estás bien?-
-Sí... afortunadamente un vecino se dió cuenta y me lo quitó de encima... si no fuera por él habría sufrido un ataque sexual... Margot, ¿Me puedo quedar contigo a partir de mañana? Solo serán unos días...lamento mucho incomodarte, pero no tengo otra salida... no me quiero quedar aquí.-
-Eso no tienes que mencionarlo. Por supuesto que sí. Haremos pijamadas todas las noches y no vuelvas a decir que me incomodas... eres mi amiga y ahora me necesitas.-
-Muchas gracias. Nos veremos más tarde.- colgué la llamada y me acosté a dormir, aún intranquila, pero por la mañana veré las cosas con más claridad.