Richard
Al día siguiente decidí por fin volver al club en donde trabajaba Christine, o más bien, Jade. Dejé listos los pendientes que tenía en el periódico y le inventé una excusa tonta a mi jefe y a Peter, solo para que no me hicieran preguntas estúpidas.
Llegué al club y me recibió el mismo grandulón de la última vez que vine, hace cuatro años, creo que se llama Jhonny.
-Oye, hace tiempo no te veía... ¿Cómo estás?- Me preguntó el grandote... en el club todos sabían de mi amistad con Jade y me tenían consideración, cosa que no tenían con los demás clientes cuando solían ponerse pesados con las chicas.
-Hola... busco a Carl. ¿Puedo hablar con él?-
-Claro que sí, adelante.-
Entré al club, el cual estaba muy cambiado desde la última vez... las chicas aún conservaban las máscaras que ocultaban sus identidades, con el fin de evitar el escarnio público en esta ciudad tan hipócrita.
El escenario era más grande, con grandes luces y humo por doquier, digno de un club exclusivo como este.
El sitio se había agrandado y lo noté porque al lado del club yacía un local comercial abandonado y desocupado. Jade me contó alguna vez que Carl quería adquirirlo, pero no contaba con los recursos para ello. Supongo que al final lo consiguió.
Las chicas son diferentes a las que conocí en aquella época. Hay algunas jóvenes y otras, con más experiencia. Jade me contó que este sitio servía de impulso para muchas mujeres que soñaban con iniciarse en el mundo del espectáculo. Actrices, cantantes y bailarinas pasaban por estas paredes antes de convertirse en famosas.
También me contó que Carl había heredado este sitio por parte de su padre, quien lo tenía como un bar de mala muerte. Al llegar un joven Carl con muchas ideas en la cabeza, transformó el lugar en un escenario tipo Hollywood, en donde las chicas ofrecían bailes artísticos y temáticos, con movimientos sensuales.
Muy pronto, el bar se volvió imponente en la ciudad, a pesar de la competencia, quienes, además de ofrecer shows calientes, las chicas se tenían que desnudar, eran tratadas como basura y en ocasiones abusadas por los clientes. Lo único bueno era el pago, el cual era tres veces más que aquí. Lamentablemente muchas mujeres cambiaban el dinero por su dignidad.
Me senté en la barra y fui atendido por un muchacho joven. Ya iba a iniciar el espectáculo principal, que fue anunciado por el mismo Carl.
-Distinguida clientela. Déjenme presentarles a la estrella de este humilde club- hizo una venia y todos rieron.-Preparen sus ojos para observar a la única e inigualable... ¡Ruby!- El público aplaudió y entonces apareció una chica con una máscara verde, en forma de mariposa, pechos grandes y gran personalidad, vestida con un traje selvático. Sé que vi antes esos movimientos, pero estaba tan embelesado con su belleza que no me acordé en dónde los había visto antes. Una vez terminó su baile todo el mundo se puso de pie y recibió una oblación por parte del público. Ella hizo una reverencia e ingresó de nuevo a su camerino. Carl terminó de observar el espectáculo y se fijó en mí.
-¡Muchacho! ¿Qué alegría verte, dime qué te trae por acá?-
-Carl, voy a ser directo- digo con mucha seriedad.- Necesito saber si tú estás al tanto del paradero de la hija de Jade.- Él me miró algo sorprendido, pero mantuvo la calma.
-Sí... ella apareció hace cuatro años, poco tiempo después de que tú viniste por última vez.- Abrí mis orbes cafés ante tal afirmación. Maldición, había perdido tiempo valioso, solo por querer alejarme de Jade y abandonar la investigación. ¡Qué idiota fui! Debí volver hace bastante...
-¿Dónde está?- le pregunté apresurado.
-¡Cálmate, muchacho!-Contestó sonriente. -Ella está aquí-
-¿Aqui? ¿Y qué hace ella aquí, en este sitio?- Él frunció el ceño de pronto, como si lo hubiese insultado.
-Mucho cuidado en cómo te refieres a mi club, ¿eh? Me lo preguntas como si esto fuera cualquier barcito.
-Discúlpame, Carl, pero me imaginé todo, menos que ella se encontrara aquí...¿Cómo diste con ella?- le pregunté. El bajó la guardia y se relajó.
-La verdad, un día llegó aquí buscando trabajo y de inmediato supe que se trataba de la hija de Jade... Es idéntica a ella. Tiene sus mismos ojos y su mismo cabello.- En realidad, nunca supe cómo era el rostro de Christine, ya que ella siempre aparecía con máscara y peluca. Solo recuerdo que tenía unos hermosos ojos azules. - Le permití bailar en el bar y cuál fue mi sorpresa que hasta tenía su mismo estilo de baile.- Tampoco supe nunca cómo era su danza... cuando llegaba al club ella ya había terminado su rutina y nos dedicábamos a hablar.
-¿Carl, me permitirías hablar con ella?- le pregunté directamente, sin pensarlo. Él dudó por un segundo.
-Está bien, muchacho. Pero trata de no molestarla. Sabes que no me gusta que los clientes hablen con mis chicas.-
-No soy un cliente. Pero tranquilo, Carl. Seré cuidadoso.- En ese momento pensé que era mejor tomar las cosas con calma e ir paso a paso con ella. Si quería obtener información tenía que ganarme primero su confianza. En ese momento una mujer pasó corriendo en frente de nosotros. Iba llorando y perseguida por la misma chica que bailó hace unos segundos, aún portaba su máscara y peluca. Carl tomó del brazo a la segunda.
-Querida, te buscan.-
-¿Quién?- contestó ella agitada. Carl me miró y ella siguió sus pasos. Abrió sus ojos color cielo, como si ya me conociera y yo no tuve dudas de que era la hija de Christine. Tenía puestos los aretes de Rubí de los que habló en la carta que me dejó antes de morir. En verdad eran muy particulares.
-Mucho gusto, mi nombre es Richard.- Me levanté y extendí la mano como todo un caballero. Ella miró a Carl, algo molesta.
-¿Acaso te volviste loco, Carl?¿Me vas a obligar a hablar con este... señor?-
-Querida, no seas grosera con el caballero. Solo quería conocerte y ya.- Ella lo miró casi fusilándolo. No entiendo el por qué de su actitud, si ni siquiera me conoce.
-Es extraño que accedas a esas peticiones. Ese no es tu estilo, Carl.- Le dijo, un poco más calmada. Entonces nuestras miradas se cruzaron de nuevo. Dejé de extender la mano, al no recibir respuesta de su parte, ya que parecía un idiota. Ella se sentó.
-Los dejaré solos- Nos dijo Carl. Yo Asentí.
-¿Qué quieres de mí?- su pregunta fue directa y me desarmó totalmente.
-Nada, solo quería conocerte y hablar un poco contigo.-
-¿Sobre qué?- volvió a preguntar, malhumorada.
-Oye, ¿Se puede saber qué te hice? Pareces una niña malcriada.- Le dije firme...Me harté de su actitud. Sin mediar palabra alguna, se levantó y pretendía irse, dándome la espalda.
-Conocí a tu madre- Dije de repente. Ella se detuvo en seco y volteó despacio.
-¿Qué sabes de ella?- indagó.
-Se llamaba Christine, ¿No es cierto?-
-¿Cómo sabes que soy su hija?- señalé sus orejas. Ella se tocó y dedujo inmediatamente de que estaba hablando.- Es el único recuerdo que tengo de ella. Antes de morir me pidió que los usara.- parecía triste. Se sentó de nuevo. -¿Cómo la conociste?- Me preguntó algo dubitativa.
No quería contarle la verdad, así que le inventé algo.
-Una noche, un amigo me invitó a este club... aquí la conocí.-
-Y ¿Cómo es que ella accedió a hablar contigo?- Me puse nervioso, pero al fin dije algo.
-Eh... no sé, le pedí a Carl que me dejara hablar con ella, que quería hacer un reportaje sobre una bailarina, obviamente, sin revelar su identidad... verás, soy periodista. Ella no tuvo problema con eso y aceptó.- Le sonreí un poco nervioso.
-Y ¿Qué quieres de mí?¿Acaso me harás una entrevista? o ¿Vienes solamente a alimentar tu morbo?- me sorprende su actitud conmigo. Me molesta su altanería.
-Oye, no todos los hombres son pervertidos sexuales, niña. Solo te quería conocer porque Christine me pidió que te buscara.- Ella abrió sus enormes ojos de nuevo.
-¿A quién llamas niña?¿Por qué mamá te pediría algo así? ¿A ti?- me dijo muy enojada.
-Cálmate. Si no quieres que te diga niña, no actúes como tal. Me hice muy amigo de tu madre, pero jamás me dijo que tenía una hija. Me enteré porque ella me dejó una carta antes de morir.-
-¿Acaso te acostaste con mi madre?- Su pregunta me indignó de inmediato y terminó por sacarme de quicio.
-Te repito que no todos los hombres pensamos en sexo. Solo charlábamos y ya. Ni siquiera tuve la oportunidad de observar su show porque siempre llegaba después. ¿Se puede saber qué te pasa conmigo?¿Por qué estás tan agresiva desde que me viste?¿Acaso te hice algo?- Ella se tensó en su sitio, pero después de meditarlo bajó totalmente la guardia conmigo.
-Discúlpame. No estoy acostumbrada a hablar mucho con hombres... Carl, Andy y Jhonny son los únicos con quienes hablo.- Se me hacía extraño eso que me estaba diciendo, pues envuelta en un mundo en donde había muchos hombres era imposible que no tuviera trato con ninguno. Sin embargo, no quise cuestionarla al respecto.
-Ya debo irme.- Le dije levantándome del puesto.
-Ruby.-
-¿Cómo dijiste?-
-Me llamo Ruby- Me dijo con una pequeña sonrisa en su rostro.-¿Te volveré a ver?- me preguntó con una voz suave y delicada.
-Vendré mañana.- Ella asintió y volvió a sonreír.