Las imágenes se repetían una y otra vez por su mente sin parar, los ojos de hielo de Griffin no la dejaban de mirar justo antes de que su alrededor se convirtiera en un verdadero infierno, aún y entre la inconciencia podía sentir el dolor del fuego quemando su piel mientras salía disparada por los aires; recordaba mirar el cielo y todo dando vueltas por todos lados, recordó el dolor que vino después cuando la gravedad hizo su deber tirándola violentamente sobre los calientes escombros del suelo ardiente, así que mientras regresaba de la inconciencia del desmayo, su mente estaba a mil por hora reproduciendo todo lo acontecido en aquella fatídica explosión que le había hecho mucho daño físico, más no la había matado, lo sabía, aún no estaba muerta, muchas otras tantas veces había estado más cerca de estarlo y sabía que así no se sentía, además de que si hubiera estado muerta el infierno era el único lugar en el que estaría.
Movió su adolorido cuerpo regresando poco a poco, frunció el ceño percibiendo un olor desconocido, además cuando se percató que estaba sobre algo blando, se sorprendió al esperar reposar sobre un duro suelo frio como acostumbraba despertar en aquellos días en los que las peleas con los de su misma “especie” la dejaban derrotada y herida, sin embargo ahora que estaba despertando de la inconciencia después de que un poderoso misil le explotara en la cara, se daba cuenta que despertaría en un lugar diferente al que estaba acostumbrada, su instinto la hizo agudizar el olfato y el oído, trayendo como consecuencia que abriera los ojos tan rápido como pudo, miró el elegante techo percatándose que estaba en alguna habitación de la cual estaba por averiguar, escuchó como alguien se levantaba de su silla de un estrepitoso movimiento, en el momento en que Joanna se sentaba sobre una suave cama de sábanas satinadas y almohadones gordos y aterciopelados, naturalmente miró hacia el sonido que la obligó a mirar, un hombre de mediana edad la miraba con los ojos abiertos como platos, la pelirroja parpadeó mirándolo con detenimiento, debía ser enfermero, lo dedujo por la forma en que estaba vestido, una punzada de dolor la invadió de pronto cuando agudizó la mirada, el hombre se movió cuando ella levantó un brazo que descubrió estaba canalizado.
-Señorita por favor no se mueva o se lo arrancará-. Musitó el hombre acomodando la larga tira que se unía a una bolsita que contenía un suero transparente.
-¿Dónde estoy?- Preguntó mirando con más detenimiento a su alrededor, el hombre se relamió los labios con nerviosismo mientras un guardia real asomaba la cabeza por el marco de la puerta, abrió los ojos tan grandes como su cara cuando se topó con los ojos de Joanna, el guardia se metió en la habitación poniendo la espalda recta mientras el enfermero le daba unas indicaciones que Joanna no entendió por tratarse de señas con las manos, miró como el guardia asintió con la cabeza y salió disparado como una bala con rumbo que ella desconocía, apretó la quijada mientras el enfermero le daba indicaciones sobre sus síntomas después de despertar, Joanna ignoraba las palabras del hombre mientras miraba, estaba algo desorientada pero pudo distinguir la habitación lujosamente cara, las cortinas finas y el balcón de su lado derecho, parpadeó entornando los ojos, el atardecer se asomaba por las puertas, pero desde donde estaba podía ver como el reino se extendía silencioso y hermoso frente a sus ojos, fue allí que la realidad le despejó la mente, una punzada le atravesó el corazón, su mente arrojó señales de alarma mientras pensaba los posibles resultados que habían generado que terminara justamente en aquel lugar del que pensó nunca estaría otra vez, se suponía que su peregrinación terminaría solo en un largo recorrido por el reino y no exactamente en el castillo, donde sabía que él vivía y que sobre todo que a esas alturas ya sabía que estaba allí.
Joanna sudó frio envuelta en pánico, tenía que salir de allí lo más rápido que podía, su mente se concentró en escapar, se remolinó sacándose las sábanas de las piernas y también al enfermero que se empeñaba en evitar que la chica se sacara la aguja de la mano; tan concentrada estaba en su afán por sacarse al enfermero y las sábanas de encima que no se percató que unos pasos apresurados y pesados se aproximaban peligrosamente a la habitación, el hombre le colmaba la paciencia pero tampoco quería hacerle daño a pesar de que las ganas de arrojarlo por el balcón le picaran las entrañas, fue en aquel momento en que un bullicio la hizo sudar frio, su corazón palpitó cuando frente a sus ojos apareció Bowie, con la mirada concentrada en inspeccionarla completa, como si intentara cerciorarse que en verdad era ella y no producto de su imaginación, Joanna sintió un mini infarto, sabía que en cualquier momento tendría un ataque, luego cuando se terminaba de petrificar, un par de guardias del sol flanquearon los costados de las amplias puertas de doble ala del cuarto, allí Joanna sintió como se le formo un nudo en la garganta, cuando de pronto una figura alta de unos anchos hombros y unos hermosos ojos dorados apareció en el umbral de la puerta mirándola con anhelo, el enfermero por fin la dejó en paz para hacerle una reverencia a su soberano que entró pisando con cautela, sin despegar los ojos de ella, los nervios de Joanna se la comían al saber que Chariose tenía toda su atención, temblorosa apartó los ojos de la poderosa mirada del joven rey, no podía verlo, no después de todos esos años en los que no sabía nada de él y sobre todo, después, de lo que ella se había convertido y todo lo que había hecho en todo ese tiempo.
-Su majestad-, intervino el enfermero desviando la atención del rey, Joanna miró como un gesto de molestia apareció en su mirada, sintió la tensión del enfermero al Chariose irradiar la ira al ser interrumpido –la señorita…-
-Déjenos-. Ordenó el rey sol haciendo que Joanna se tensara al volver a escuchar la potente voz masculina de Chariose que tenía tanto tiempo no le regalaba, ella tragó saliva con dificultad cuando el par de guardias y el enfermero asentían con la cabeza para después salir por la puerta en silencio, Chariose miró sobre su hombro, posando los ojos sobre Bowie que le devolvía la mirada. -Tú también-. Dijo, el general que tantas risas le había provocado a Joanna en el pasado la miró relamiéndose los labios con nerviosismo, él asintió con la cabeza haciendo una reverencia para salir por la puerta sin darle la espalda a su soberano, de un momento para otro Joanna y Chariose quedaron solos muy para el pesar de ella, quien no tenía el valor de mirarlo a la cara, desde que regresó al reino su plan no era aparecer frente a él y con eso desenterrar el pasado que tanto le pesaba, se suponía que sería un viaje de redención debido a la emancipación de Griffin para un nuevo comienzo en el que abandonaría el pasado para poder empezar de nuevo, así que después de aquel aprieto en el que su antiguo compañero la había metido, no sabía cómo era que tenía que volver a guiar sus planes iniciales, y mucho más cuando Chariose sabía que ella había regresado al reino.
Joanna se remolinó incomoda sobre la cama que ahora sabía le pertenecía al soberano después de volverlo a oler gracias a su nariz desarrollada, y es que además descubrió que ya no olía como antes, el dulce que desprendía hacia unos años había casi desaparecido para dejar uno mucho más fuerte, como a agua salada, así que mientras el silencio se los comía por completo intentó aspirar su olor agradable y nuevo que le erizaba los bellos de la nuca, además lucia mucho más guapo y fiero que antes, su mera presencia intimidaba, a diferencia de Griffin que lucía mucho más delicado y hermoso, Joanna dedujo que se debía a sus responsabilidades como rey, su título lo obligó a cambiar aquel porte por el propio bien de la estabilidad del reino, sin embargo, aún esperaba poder encontrar algo del viejo Chariose, al muchacho recién subido al trono, de mirada fiera y aterrada, que estaba decidido a todo y con las ganas de comerse al mundo; Joanna luchó por dibujar una sonrisa a pesar de los nervios que se la devoraban como ella a sus presas, controló sus manos temblorosas pasando un mechón rojo tras una de sus orejas intentando dar la impresión de seguridad.
-Luces diferente-. Musitó ella sin poder girar la cabeza para mirarlo, si lo hacía sentía que podría terminar llorando por la presión.
Pero hubo un incómodo silencio que le lastimaba.
Escuchó los pasos de Chariose que se movieron por la habitación en dirección a ella, tensó su cuerpo adolorido, por el rabillo del ojo miró como el rey acoplaba una silla junto a su cama en silencio.
Joanna se relamió los labios recargándose en la cabecera de la cama, tragó el nudo que se le había formado en la garganta esperando que la voz del rey apareciera en cualquier momento;
-Ocho años-. Habló él rompiendo el silencio, Joanna sintió un estremecimiento que le recorrió la espina, ¿Cómo había terminado en esa situación? Chariose era el último al que no quería encontrar, y mucho menos después de cómo habían terminado, hacia tantos años.
-Es mucho tiempo-. Respondió sonriéndole, aventurándose a mirarlo después de tomar fuerzas de quien sabe dónde, pero lo que vio no fue un rostro amable, la cara de Chariose era una mata de emociones de una atractiva amargura, lo que hizo que ella borrara la sonrisa forzada del rostro.
-¿Dónde estuviste todo éste tiempo?- Preguntó con los brazos y las piernas cruzadas en un gesto de duda.
La pelirroja quería salir corriendo y evitar el obligado interrogatorio que el rey sol estaba comenzando, lo que menos quería era evidenciar su vida esos últimos años y mucho menos que justamente él supiera que era lo que hacía con su comida.
-Yo-yo-. Las palabras se le atoraban en la boca, su mente daba mil vueltas, se imaginaba siendo evidenciada por ella misma frente al rey del mundo, sabía que él a pesar de su historia juntos no se desobligaría de sus responsabilidades, la mataría, era algo que no se podía discutir.
Chariose tomó aire por la nariz con impaciencia, su majestad era un hombre que no conocía el titubeo, aún recordaba con dolor aquel día en que ella se había condenado, en aquel momento era mucho más joven y estaba muy enamorada de un joven que recién había subido al trono, todo había pasado en una fiesta después de haber bailado toda la noche con él, esperaba que después de haber terminado a solas en el jardín, fuera un incentivo para devorarse en un primer beso del que había estado soñando, en cambio todo había resultado en todo lo contrario, y así sin el más mínimo titubeo él la sacó de su vida, aunque ambos no desearan que se fueran de sus vidas, simplemente Chariose había decidido que el amor no formaría parte de la suya, Joanna se estremeció cuando recordó aquella nefasta noche en la que después de salir corriendo por las callejuelas del reino en un lindo vestido blanco, se topara con su destino cruel.
-Te busqué todo esté tiempo-. Confesó con sus ojos dorados fijos en el rostro pálido de la pelirroja, ella parpadeó como respuesta, una punzada dolorosa atravesó su corazón.
-Lo siento, en verdad yo no…-
-No sabes cuánto tiempo me obsesioné con eso-. Su rostro se tornó duro, amargo.
Joanna tragó saliva con dificultad, evidentemente sorprendida por aquella confesión que la dejó sin palabras, un estremecimiento desagradable amenazó con dejar que las lágrimas salieran de sus ojos, las reprimió al comprender que Chariose había sufrido por su ausencia, su corazón la lastimaba al visualizar un destino que pudo ser y nunca fue.
Miró como los puños de Chariose se pusieron blancos debido a la fuerza de la frustración que sentía en aquellos momentos, Joanna podía percibirlo, también era parte de sus múltiples talentos que su condición sobrenatural le daba.
-No era necesario que te preocuparas por mí-. Escupió ella apretando las sábanas de la cama.
Chariose soltó aire de la nariz con rabia, ella lo vio levantarse de su asiento, las emociones del rey lo hacían desbordarse de frustración ante las palabras de Joanna, era como si a ella no le importara lo que tuvo que sufrir todos esos años, el cómo su obsesión le había quitado las ganas de vivir y de disfrutar los placeres que su título le ofrecía ¿Cómo mierda podía decirle eso? ¿Cómo era que para ella no fuera importante? No después de lo culpable que se sentía por haberla rechazado tan cruelmente aquella noche que no se le olvidaba de nada, reprimió las ganas de gritar de ira.
-¿Qué es lo que te ha pasado Joanna?- Masculló después de controlar sus emociones de cólera.
Ella guardó silencio mirando su regazo.
Si tan solo pudiera decirle la verdad sin ninguna consecuencia, lo haría sin dudar, se mordió los labios saliendo de la comodidad de la cama y sacándose la aguja de la mano, caminó hacia el rey sin acomodarse la bata de su pijama rosada, Chariose en su frustración se había levantado de su asiento y le había dado la espalda, porque si la miraba no podría evitar el llanto, el cual era su enemigo.
Aquello no impidió que ella se acomodara frente a él tomándolo por sorpresa, los ojos de Chariose la miraron con consternación, Joanna levantó los ojos hacia él completamente anonadada por su atractivo que quitaba el aliento, por un momento se recordó a ella misma cuando era mucho más joven, cuando Chariose le quitaba el aliento, como justamente lo hacía después de mirarlo fijamente, sus piernas temblaron al saber que aunque pasaron los años no había dejado de estar enamorada de él, su corazón latía con fuerza cuando lo tenía tan cerca de ella, oliendo su embriagador aroma y mirando su hermoso rostro marmolado de ojos dorados, se estremeció cuando para sorpresa de Chariose y también para la de ella misma, se aventuró a estrecharlo entre sus brazos, una oleada de calor agradable los recorrió completos cuando Joanna rodeó la cintura del rey con sus delgados brazos lastimados, el rey parpadeo en medio de un estremecimiento, después de mucho tiempo de alucinarla, de imaginar tenerla así de cerca se percató de lo que ella estaba haciendo, abrazándolo, su amplia necesidad de ella lo hicieron reaccionar rodeándola con los brazos, sintió su delgado cuerpo cálido pegado contra su pecho, entre abrió los labios mordiendo la necesidad de obligarla a levantar la cabeza para besarla, su corazón palpitó rápidamente en su pecho evidenciando su necesidad de ella, difícilmente tomó sus amoratados hombros para apartarla de él con el mayor cuidado que pudo para no lastimarla, Joanna disimuló un gesto de melancolía, había extrañado tanto su calor, su tacto y su olor que no pudo evitar salir herida con su lejanía, resopló apartándose, Chariose con el rostro enrojecido le regresó la mirada.
-Entiendo la situación-. Dijo ella cruzándose de brazos.
Pero para Chariose, no era suficiente, aún quedaban mil cosas sueltas que no podía dejar pasar, no era tan fácil para él aceptar aquello, sin tener respuestas todavía, él siempre había sido un hombre que no dejaba nada suelto.
-No vas a decirme nada sobre tu desaparición, ¿no es así?- Dijo el soberano.
Joanna soltó aire de la nariz largamente.
-En realidad, yo…- Chariose la miró con el ceño fruncido –es que yo,- ella se relamió los labios, tenía que ponerle un fin a todo eso,- no recuerdo nada de mi vida en estos ocho años, nada viene a mi memoria cuando trato de recordar-. Mintió.
Chariose entrecerró los ojos, maquinando ideas en su mente, algo en las palabras de ella, no terminaban de convencerlo.
Joanna lo presentía, sin embargo decidió continuar con su mentira, por el bien de ella, del reino y sobre todo del mismo rey.
-Creo que me golpee la cabeza en el incidente de anoche-. Se alejó un paso para contemplar su rostro mientras se llevaba la mano al nacimiento de su pelo, en su sien derecha, con cuidado apartó la mata de pelo sucio para dejar ver una herida aún hinchada y medio ensangrentada, el joven rey apretó los labios, algo no le cuadraba.
-Quiero creerte pero, debo estar alerta-. Habló el poderoso hombre con el rostro endurecido.
Joanna puso la espalda recta.
-Sé que es extraño, pero es que yo no, no sé qué fue de mí, no lo puedo recordar-. Masculló ella caminando con nerviosismo hacia el balcón donde un agradable viento fresco le enfriaba la piel, los nervios estaban por evidenciarla.
Escuchó las pisadas de él acercándose, a Joanna se le puso la piel de gallina.
-¿Por qué me torturas de esa manera?- Dijo a sus espaldas, ella se estremeció sabiendo que tenía los ojos de él pegados sobre ella.
-Mis intenciones no son que te sientas de esa manera, no estoy castigándote-. Se abrazó a sí misma.
Le daba la espalda pero sabía que Chariose entrecerraba los ojos.
-Lo haces-, musitó en voz grave- deja de ocultarme la verdad Joanna-. La muchacha se giró sobre sus talones con los ojos bien abiertos.
-No, yo…-
-Si insistes me veré obligado a reprenderte-. Dijo con autoridad, Joanna abrió la boca con sorpresa.
-¿Reprenderme?- Parpadeó sin poder creer lo que estaba escuchando.
-Debes estar consciente de los acontecimientos de los últimos días, apareces en la zona más sospechosa de la ciudad así de repente, y solo dices que simplemente no lo recuerdas-. El corazón le galopó en el pecho, siempre había sido mala mintiendo, pero, era de vida o muerte, no se echaría para atrás con lo que había dicho.
-¡Chariose yo no…!-
-Como rey no puedo confiar en nadie-. Confesó hiriéndola, sin embargo estaba consiente que las sospechas del rey eran acertadas, además, lo que menos quería era terminar descubierta. -Así que si insistes en ocultarme la verdad, tendré que obligarte a que te quedes en el castillo hasta que demuestres que lo que dices es cierto, y sobre todo que no estas ocultando algo que perjudique a mi reino-. Finalizó mirándola con aire extremadamente severo.
Joanna parpadeó al estar consciente de las intenciones del soberano, sopesó sus posibilidades, irse no era una opción, Chariose podía descubrirla en cualquier descuido, lo que le quedaba era guiar las cosas para que el rey no sospechara de ella, sin embargo la había puesto contra la espada y la pared, el rey era demasiado intuitivo y astuto, por ahora sus planes se habían suspendido por un momento, apretó los labios mirando cómo Chariose caminaba hacia la puerta de salida.
-¿Me castigarás de esta forma, no es así?- Joanna lo miró fijamente.
Chariose le regresó la mirada con frialdad.
-Si eso te refresca la memoria, si-, dijo saliendo al pasillo, Joanna sonrió con ironía -la cena se servirá en una hora, debes estar lista para entonces, quiero verte allí,- los ojos de Chariose brillaron –quiero que estés cerca de mí a partir de hoy-. Musitó desapareciendo de la vista de ella, de inmediato un grupo de sirvientas apareció en aire afanoso para prepararla para la cena, puesto que había estado inconsciente al parecer, todo el día, así que Joanna no tuvo más que dejar que la adornaran en silencio, por su mente maquinaba la solución que la sacaría de aquel problema del que Griffin la había metido.