CAPÍTULO 5 COLISIÓN DE ASTROS

4459 Words
Diez días transcurrieron en los que Joanna se vio obligada a esconderse, debía estar atenta por si los guardias del sol (que por cierto estaban más fieros que nunca) la encontraban, y sobre todo, escapando de un Griffin que se la pasaba jugando con ella y todos los pobladores del reino, en aquellos diez días se lo había topado un par de veces, al parecer él se estaba divirtiendo con ella, con el único propósito de solo luchar, pues las batallas no eran tan caóticas como lo fue la primera pelea que tuvieron luego de volver a encontrarse, Joanna lo supo, Griffin se divertía, al parecer le entretenía el mantenerla en jaque con las peleas donde le daba a entender que estaba dispuesto a morir con tal de llevársela, pero de un momento para otro terminaba marchándose aún y teniendo la oportunidad de simplemente tomarla y sacarla de allí, él se limitaba a fintarla, sin embargo esto no estaba exento de que no se generaran derrumbes y uno que otro incendio, no tan caótico como en su primera batalla pero si lo suficiente para continuar en la mira del rey. Y hasta cierto punto se daba cuenta que en aquella estadía en su peregrinación violenta sus esfuerzos perdían sentido, Griffin sabía el riesgo que representaba y presentía que con el tiempo Joanna volvería de nuevo a sus garras, a ella le frustraba la idea de que todo lo que había logrado, se esfumara así nada más, debía terminar con aquella aventura de una vez por todas, además ya había llamado mucho la atención, lo único que faltaba era que la descubrieran en cualquier momento y allí, sí estaría en aprietos. Así que luego de planearlo por un par de días se decidió a enfrentar a su compañero, lo haría aquella misma noche, y estaba completamente dispuesta a ganar o simplemente se rendiría a las obsesiones violentas de Griffin, así que mientras la ciudad (a pesar del caos) se preparaba para el carnaval que se celebraría en los próximos días, Joanna se expondría a él. Se preparó, comió lo suficiente y cuando la noche cayó de nuevo en el reino se encaminó para llegar al sitio en donde sabía podía encontrarla; cuando ya todos dormían en sus camas, ajenos a lo que estaba por pasar, Joanna arribó de nuevo al amplio jardín donde había reposado luego de los acontecimientos del bar. Con las emociones apagadas se recargó sobre el árbol del que un enorme hoyo refulgía demostrando el poder de su compañero, suspiró soltando el aire helado con fuerza, aquella noche era más fría que las demás, podía saberlo después de ver como el vapor escapaba de su boca, si pudiera sentir el frio como lo hacían las demás personas estaría completamente paralizada, sin embargo, se abrazó a sí misma, a pesar de todo, no quería pelear con su ex compañero, no por la lucha en sí, sino por el hecho de que le parecía absurdo, pero conocía perfectamente a Griffin, él nunca había sido alguien que se diera por vencido así de fácil, su naturaleza salvaje lo obligaba a serlo y más cuando estaba absolutamente obsesionado con ella, lo entendía, Griffin se había pasado siglos solo, entendía como era que debió sentirse al no comprender el ¿por qué? de aquella insulsa transición que le había pasado a él, debió ser duro entender después que había perdido su humanidad sin quererlo, sin embargo lo que no entendía era por qué la tomaba a ella como tabla de salvación, admitía que en el tiempo que erraron juntos la mayoría del tiempo todo era divertido, gracias a él, Joanna había conocido hermosos paisajes en lo más recóndito del mundo, además sus habilidades les daban la posibilidad de realizar cualquier cosa que se propusieran, como el tirarse de estrepitosos acantilados y danzar bajo brasas y, sobre todo, gracias a él había encontrado la sensación del más puro éxtasis; para su infortunio no todo eran risas, sabía que volviendo a las sombras, la violencia y la muerte la rodearían, aquello le quitaba el mayor atisbo de cosas buenas que pudieran surgir de todo y ante eso, no le importaba lo que Griffin pudiera sentir. De pronto, una extraña sensación invadió todo rincón de su cuerpo, un estremecimiento subió por su espalda cuando cerró los ojos, conocía aquella sensación oscura que invadía el ambiente, su piel se puso de gallina cuando una mano helada tocó una de sus mejillas, su cuerpo reaccionó en ardor, abrió los ojos lentamente mirando a un hermoso Griffin de brillantes ojos bicolores que le devolvían la mirada con necesidad, Joanna no pudo evitar sentir el deseo, y no era por el aura s****l que emanaba de sus cuerpos naturalmente, sino porque genuinamente el tener a Griffin dentro de ella era una experiencia extracorpórea, sabía que en eso, eran mucho más fuertes que los imanes, lo necesitaba, y él a ella, no les importaba el daño que se habían hecho el uno al otro, en esos momentos lo que importaba era devorarse una vez más, Griffin presionó sus rosados labios contra los de ella catapultando el fuego que había aparecido entre ambos, tomaron sus lenguas con conocida habilidad mientras se sacaban la ropa a tirones, los pedazos de carne que desprendían de sus cuerpos eran ingeridos con hambre mientras él entraba en ella con rapidez, necesitaba sentir en la lengua su carne favorita que lo volvía loco, se encendía completo al escucharla gemir entre sus poderosas embestidas animales mientras que en sus pieles erizadas resbalaban chorros de sangre caliente que irradiaban vapor, de los cuales su compañero de infierno tomaba en lengüetazos por su largo cuello blanco, y no fue hasta que Griffin mordió la lengua de Joanna con el fin de devorársela que, ella explotó en un orgiástico éxtasis que le llevó los ojos tras la cabeza y que incrementó cuando Griffin tuvo el suyo un poco después, culminando con el incendio que habían provocado en sus cuerpos. Ambos tuvieron que recobrar el aliento por un momento entre ruidosas respiraciones de satisfacción, para Joanna su anhelado éxtasis estaba por terminar, y con él, todo atisbo de paz entre ambos, era el momento de darle el lugar a otra clase de sensaciones. Se vistieron en silencio mirándose fijamente a los ojos, Joanna se acercó cautelosa, su compañero la miró con recelo, ella alargó una mano para reacomodarle el dorado mechón de la frente, el que siempre se le escapaba cuando ambos se devoraban. -¿No podré hacerte cambiar de opinión no es así, “Ann”?- Habló él apartando la mano de ella con un sutil movimiento. Joanna se mordió los labios. -Me temó que no “G”-. Dijo negando con la cabeza. Griffin se mordió los labios y de un momento la abrazó estrechándola en su cuerpo, enterró su nariz en su pelo aspirando lo más que podía su olor mezclado con la fresca hierba húmeda, ella no respondió, se mantuvo quieta bajo los poderosos brazos del rubio, aunque sí le sorprendía que él reaccionara de aquella manera, no porque creyera que él de pronto se hubiera enamorado, no, eso era imposible, era un demonio, no podía sentir amor, se gobernaban por las emociones más básicas, como el hambre y la satisfacción, Griffin era un monstruo, no la abrazaba porque sintiera algo lindo por ella, sus intenciones era mucho más oscuras. Joanna reaccionó primero, sintió la presión del abrazo, se remolinó intentando salir de los brazos pálidos del muchacho que llevaba siglos aparentando 20 años. Joanna respirando ruidosamente intentó mirarlo, pero él la tenía tan fundida en su cuerpo que ni siquiera podía mover su cabeza apoyada sobre su hombro, mientras la presión crecía con cada segundo que transcurría, Griffin además de asfixiarla le terminaría rompiendo la espalda si ella no lo detenía antes. Ella gritó al sentir el intensó dolor que le cruzaba el cuerpo, debía pensar rápido, había sido muy estúpida como para dejarlo abrazarla sabiendo que no era propio de él, su plan se iba por el caño y no tenía más opción que intentar escapar de las fauces del lobo, el aliento se le cortó cuando un hueso de su brazo tronó, su espalda seria la siguiente, así que tomando fuerzas de lo más profundo de su ser pudo aflojar el agarré de Griffin, cuando la presión disminuyó por fracciones de segundo, levantó una de sus rodillas para estrellarla con fuerza en la entrepierna del demonio, esté la soltó de inmediato al vaciar sus pulmones en un enfurecido grito demoniaco, lo había hecho enojar, esta vez él ya no jugaría al gato y al ratón con ella, Joanna se preparó, pasaría de nuevo, esta vez ella fue quien se arrojó sobre él aprovechando que tenía la guardia baja, logró atestarle un grupo de golpes que lo hicieron retroceder lo suficiente como para que ella preparara la siguiente ronda de golpes, para ese tiempo Griffin ya estaba completamente reestablecido, corrió para atajarla, el choque hizo que los árboles se mecieran y la tierra retumbara, afortunadamente Joanna había comido lo suficiente como para estar fuerte para pelear contra su oponente, se empeñó en detenerlo lo más que podía, era como si solo con mirarse supieran que quien perdiera se marcharía si es que no se mataban antes, por ende aquella noche darían todo de sí; sabían que aquella pelea no la podrían ocultar por más que hubiesen querido, sabían que llamaría la atención de la guardia quienes patrullaban las calles de día y noche aún afanosos en su búsqueda, así que cuando los árboles estallaban y los golpes daban como consecuencia huecos en el suelo, la guardia del sol no tardó en salir corriendo con rumbo a aquel caos que se estaba volviendo a desatar. …. Chariose había estado esperando ese momento desde hacía más de una semana, estaba más que listo cuando el caos se desató en su reino aquella noche helada, así que tomando todas sus tropas salió de la seguridad de su castillo para detener por fin a quien le estaba causando muchos problemas, lo había planeado desde hacía unos días, esperó hasta que fuera el momento perfecto para resolver el problema por sí mismo, a todos les tomó por sorpresa cuando Chariose se apersonaba hasta la zona del desastre, sabía que aquella era la oportunidad perfecta, su interior se lo gritaba, no lo fue en las otras ocasiones cuando estos enemigos causaron pequeños destrozos, sino ahora, el rey estaba sediento de batalla, tenía años que no sentía la adrenalina de una buena pelea, le emocionaba poder por fin salir de las aburridas paredes de su colosal castillo, además terminaría con el que había sido un fuerte dolor de cabeza ocasionado por aquellos problemas, los cuales pisotearía con la fuerza de su bota. El rey sol encabezo la Ilíada, Bowie estaba de segundo, esté había ordenado que una parte de las tropas se desplegara por toda la ciudad, Chariose quería que toda la ciudad estuviese cubierta por sus tropas, mientras que otra parte se encargaría del desalojo de todos los ciudadanos para su seguridad ante la pelea; aquella noche el infierno estaba por desatarse mientras los poderosos tanques de guerra peinaban las calles con rumbo al origen de los problemas, Chariose no podía evitar sonreír, estaba tan ansioso de poder estar en batalla que no se daba cuenta que sus generales lo miraban con el ceño fruncido, pero no con extrañeza, sabían que su rey resultaba fiero a la hora de la batalla, y es que el soberano sentía que tendría emoción después de tanto tiempo, nada le complacía más que la derrota de sus enemigos, pues no había nada por encima de él como para reprocharle sus acciones, él era el rey del mundo y tomaría aquel título para doblegar a quien le perturbara la paz. No se inmutó cuando una explosión estalló cerca, sus aviones estaban comenzando a surcar el cielo empañado de humo para apagar los incendios, mientras que otros comenzaban a atacar al enemigo con una lluvia de balas que tronaban el cielo en un eco estruendoso. -Quiero reportes Bowie-. Tronó Chariose metido en su auto blindado, su general tragó saliva con dificultad, mientras miraba el intercomunicador como si mirara directamente al rey, quien le ordenaba desde su auto. Bowie soltó aire por la nariz para después hablar por el intercomunicador del tanque que se conectaba al cómodo auto donde Chariose esperaba. -Parece ser que lo que estamos viendo su alteza es, una pelea-. Dijo esperando una respuesta, la que nunca apareció. Unas carcajadas de diversión atravesaron el ánimo del rey mientras sus soldados lo escuchaban por el intercomunicador que todos tenían en sus respectivos lugares, no evitaron el mirarse unos con otros, la repentina locura del rey les ponía la piel de gallina. Chariose todo el tiempo tuvo razón, su corazonada había sido cierta, sus consejeros eran estúpidos al creer que algo como esos ataques eran terrorismo, pues bien, no lo eran, algo nuevo había llegado a su reino y no tenía la más mínima intención de averiguar quiénes eran los que perturbaban su ciudad, quería eliminarlos ya. -¿Cuántos enemigos tenemos?- Dijo, Bowie era el encargado de darle las noticias por mucho que no deseara que así fuera. -Me informan mis capitanes que al parecer son dos enemigos, aún se averigua si haya más su majestad-. Musitó. -Bien, quiero las coordenadas exactas de nuestros intrusos-. Chariose miró una delgada pantalla frente a su asiento, de inmediato un mapa se extendió frente a sus ojos, hurgó en ella por un corto momento cuando dio las indicaciones necesarias para después dirigirse a uno de sus generales -Bowie-, lo llamó, esté se concentró en su soberano –quiero acabar con esto de una buena ves, da la orden con los bombarderos-. Ordenó con los ojos de todos abriéndose como platos. Chariose estaba más que cansado de los problemas que le habían causado, suficiente tenía con sus propios demonios como para lidiar con absurdas peleas como esas, además si lo hacía terminaría con los asesinatos esporádicos que habían acosado la ciudad, sabía que quienes estaban destruyendo su ciudad eran los mismos que habían provocado la masacre del burdel, cortaría todo de un tajo. -Actuaremos a sus órdenes alteza-. Exclamó Bowie con el sudor escurriéndole por todo el cuerpo. ….     Como Joanna ya se lo esperaba, la pelea además de haberse trasladado a la ciudad, tenían a la guardia del rey encima de ellos, y no solo eso, muy para su mala suerte al parecer, el mismo rey se encargaría del problema personalmente, además de lidiar con un Griffin incontenible, tenía que hacerlo con la autoridad que con todas sus fuerzas intentaba frenar la pelea que ellos dos continuaban teniendo a pesar de estarlos bañando de balas y soldados, que con valentía se atrevían a interrumpirlos, cuando pasaba debían suspender su pelea momentáneamente para deshacerse de quienes los querían frenar, como era de esperarse, Griffin no era el ejemplo de humanidad que parecía ser, si Joanna los terminaba volteándoles la cabeza, él tenía que sacarles el corazón con la mano; de un momento para otro se vieron rodeados sobre uno de los tejados, el ruido de los aviones y los gritos de los soldados los ponían de mal humor, la frustración de Griffin era evidente, poco a poco la pelea no se estaba volviendo suya, llegaban a entender que serían descubiertos por más que se escondieran en el espeso humo n***o del fuego, además los soldados se incrementaban, pronto no alcanzarían a matarlos a todos, alguno quedaría vivo para darle la noticia al rey de quienes eran, Joanna no podía permitirse eso, no cuando Chariose parecía llegar en cualquier momento, gritó frustrada arrojándose sobre Griffin con todas sus fuerzas, le partiría el cuello si solo él no se moviera tanto. -¡Todo esto es tú culpa!- Gritó Joanna rompiéndole un brazo al intentar llegar hasta su cuello, Griffin retrocedió mandando a volar a un soldado que le disparó por la espalda. -¡Esto no hubiera pasado si solo te hubieras quedado donde estabas!- Respondió él luego de que ella matara a un soldado de un golpe en la cabeza. Joanna lo golpeó tan fuerte que lo hizo tambalear un poco. -¡Te odio, voy a matart…!- Gritó de pronto, pero fue interrumpida por un repentino silencio que los hizo reaccionar, los ojos de ambos se abrieron tan grandes como su cara, de pronto ya no había soldados que matar, estos corrían entre gritos de retirada, mientras quienes los bañaban en balas hacia unos momentos se marchaban con velocidad, pero mientras les daba tiempo de entender el porqué de todo, miraron como un veloz misil se dirigía hacia ellos, tan rápido que solo podían escuchar como cortaba el aire; -Que mierda…- Logró decir Joanna antes de que la colisión hiciera explotar el edificio en miles de partes que salieron volando por los aires, el fuego devoró todo en cuestión de segundos, mientras lo que quedaba del edificio ardía en abrasadoras llamas consumiéndolo todo, el ruido era apañado por las llamas danzando en la zona de la explosión que había volado todo a su alrededor. La explosión fue tan poderosa que alcanzó a unos cuantos que no lograron ganarle distancia, de inmediato las fuerzas de contención se movilizaron para apagar las poderosas llamas incandescentes, mientras un lujoso auto n***o aparcaba cerca con un numeroso séquito de generales y soldados, y no fue hasta que el rey salió de su auto para mirar su obra que los demás también abandonaron el interior de sus tanques y camiones. Bowie se acercó juntó al rey que contemplaba como un número considerable de hombres luchaban con las llamas, Bowie terminaba de recibir los resultados. -El objetivo quedo eliminado, alteza-. Masculló Bowie mirando a Chariose que sonreía levemente. -Buen trabajo-. Susurró cruzándose de brazos para a continuación, regresar a su auto con su general pisándole los talones -Por la mañana quiero el número de víctimas fatales y que la ciudad esté en reconstrucción de nuevo, y búsquenlos…- musitó lo último mirando a Bowie por encima del hombro. -¿Buscar? ¿Pero?...- -¿Crees que se terminó Bowie?- La voz de Chariose era amenazadora, su general parpadeo con los labios ligeramente abiertos. -…- -¿Crees que solo dos eran capaces de destruir mi ciudad Bowie?- El rey sol se sentó en su auto, un soldado le cerró la puerta mientras Bowie lo miraba con los ojos tan abiertos como su cara, Chariose bajó la ventanilla del auto para regresarle la mirada. -Alteza-. -Busque cuerpos comandante-, Bowie tragó saliva con dificultad mirando como su rey miraba para enfrente sin prestarle el más mínimo interés –mañana me muestras tu informe-. Finalizó, el general asintió con la cabeza para después ver como el lujoso auto se marchaba de regreso al castillo solamente custodiado por un par de autos de seguridad. El chasquido de una viga partiéndose obligó a Bowie a mirar hacia el desastre, aún intentaba sacarse el desconcierto de la mirada, tuvo que mover su entumecido cuerpo, en verdad Chariose era terrible a la hora de imponer la ley, lo que le restaba, era hacer su trabajo, sus capitanes esperaban sus órdenes y no podía darse el lujo de solo mirar, miles de hombres estaban yendo de arriba para abajo con tal de apagar las llamas, no solo de ese poderoso incendio, sino de algunos otros que se habían originado a partir de todo el caos, Sócrates lo flanqueo, su cara gorda brillaba con la luz naranja del fuego mientras se preparaba para hablar; -General, estamos buscando y atendiendo a las víctimas, ordené que los cuerpos de emergencia vinieran lo más pronto posible, estamos buscando heridos-. Dijo, Bowie asintió con la cabeza caminando con su capitán, una de sus obligaciones era cerciorarse que los heridos fueran bien atendidos y además debía saber el recuento de los daños, así que sin decir nada más miró como los soldados habían establecido un campamento para atender a los heridos que iban desde soldados y civiles, apretó con fuerza los puños cuando contempló el dolor que se expresaba en quejidos, lágrimas y gritos, habían sido más víctimas de las que esperaba, sin contar el número de soldados muertos que los cuerpos de rescate lograban sacar de los escombros y eso que sabía que no eran todos, aún faltaban los del incendio, suspiró entrando al campamento que refulgía en gritos y apuros; por más que creyera que se acostumbraba a esa clase de bizarras escenas no podía engañarse, aquello lo hacía querer desfallecer, el olor a humo, sangre y carne quemada no era algo de lo que se pudiera acostumbrar al cien por ciento, mucho menos ver a la muerte llevándose a los más heridos con su larga guadaña, reprobaba muchas de las acciones del rey, sobre todo cuando se veían involucradas personas inocentes, sabía que no era intención del rey causar tanto daño, pero él creía que era la única forma de solucionar los problemas, esta decisión incluso le podría traer graves consecuencias, de las cuales Chariose estaba dispuesto a afrontar, Bowie lo sabía, conocía el rey desde que era un niño, entendía el porqué de sus decisiones, lo único que le restaba era hacer el menor daño posible, así que mientras Sócrates continuaba hablando, Bowie pasaba sus ojos sobre los heridos, quienes gemían medio muertos sobre las camillas improvisadas que los soldados habían puesto, mientras esperaban a los equipos de médicos que no deberían de demorar, puesto que desde donde estaba podía escuchar como las ambulancias estaban cerca. -…se está realizando el conteo de bajas, al parecer tenemos más soldados muertos que civiles…- Hablaba un nervioso Sócrates que en cuanto podía daba órdenes a sus soldados, los cuales continuaban en su ardua labor, Bowie estaba más en sus pensamientos que en otra cosa, como si ese fuera su método de defensa ante la muerte y la desgracia que le rodeaba, se limitó a seguir caminando mirando la hilera de heridos que no terminaban de llegar acomodados en sus camillas, mientras los atendían algunos soldados que se les habían asignado para evitar que se desangraran en lo que esperaban, el general se mordió los labios mirando como cada víctima estaba peor que la anterior, miró como un hombre agonizaba de dolor con media pierna desprendida, otros más tenían el rostro desecho por la colisión, el estómago le daba vueltas, de pronto una mata de pelo rojo le llamó la atención, y es que le traía recuerdos, de un largo pelo rojo que había vuelto loco al rey, caminó mirando el cuerpo femenino que hacia hecho un ovillo sobre una de las camillas completamente inmóvil, aquella chica que no parecía ser mayor que él había sido una de las pocas afortunadas, había recibido menos daño que los demás, y no es que estuviese intacta, pero al menos estaba completa, en cierto ángulo mientras caminaba miró una respingada nariz sobre unos lindos labios rosados que ahora estaban coloreados de ceniza negra, Bowie sintió una punzada en su pecho mientras fruncía el ceño, sacudió su cabeza saliendo de aquella zona, se relamió los labios sin quitarse la espina de la duda… -¿General?- Lo interrumpió la distintiva voz de su capitán, sacándolo del trance en el que él solo se había metido. -¿Si?- Contestó mientras Sócrates lo miraba con extrañeza.  -¿Está usted bien? De pronto lo noto algo pálido-. Le dijo el capitán. Bowie parpadeo irradiando una fortaleza que en esos momentos sentía que no tenía. -Ee-stoy bien, no se preocupe capitán-. Las manos de Bowie comenzaron a cosquillar mientras Sócrates asentía con la cabeza y emprendía de nuevo su caminata donde esperaba que su general lo siguiera, las piernas de Bowie se congelaron sobre el caliente suelo mientras la duda tomaba posesión de su mente, levantó la mirada hacia Sócrates; -¡Capitán!- Gritó por encima del bullicio, y esperó solo hasta que el hombre quedó frente a él. -¿Si, mi general?- -Se está llevando registro de los heridos supongo-. Musitó y Sócrates asintió con la cabeza confundido –Quiero que me los des ahora-. Ordenó y con la expresión de asombro de su capitán, este se los trajo mientras Bowie sentía que las piernas se le quedarían clavadas en el suelo para siempre, le arrebató el listado resguardado en una computadora que no era más grande que un celular, y con impaciencia comenzó a buscar algo que le pudiera parecer conocido, no tardó en encontrar lo que buscaba, además la chica era la única pelirroja, leyó sus características, el corazón comenzó a latirle en el pecho, cuando leyó “desconocida” en una parte del informe, la garganta se le secó, debía sacarse de dudas en ese momento, despegó sus pies lo más fuerte que pudo y caminó con las piernas de gelatina hacia la silenciosa muchacha que escondía su rostro bajo una capucha, Sócrates lo llamó un par de veces pero Bowie parecía hechizado ante lo que estaba intentando descubrir, su respiración se volvió ruidosa mientras se plantaba junto a la improvisada camilla, con manos temblorosas tomó la capucha y con cuidado tiró de ella hacia atrás. El choque inicial casi lo tira, por un corto momento sintió que lo que estaba pasando era causado por una ilusión debido al estrés, y no fue hasta que la giró para contemplarla mejor que sintió que el alma se le había caído, lucia mucho más adulta pero relativamente no había cambiado nada, aún parecía esa misma jovencita que le había robado el corazón a un rey, un estremecimiento se apoderó de Bowie ¿Cómo era posible que estuviese aquí? ¿Dónde estuvo todo este tiempo? Si todo el tiempo estuvo en la ciudad ¿Por qué no la encontraron hasta ahora? Se preguntaba mientras Sócrates llegaba corriendo y ajetreado por el esfuerzo hasta donde se encontraba su general tan blanco como el papel. -¿Señor?- Preguntó el hombre mirando a su general y a la inconsciente chica. -Sócrates-, lo llamó –trae mi auto, me llevaré a esta muchacha-. Dijo provocando que el capitán abriera los ojos como platos. -Ll-llevársela, pero está herida, es una ciudadana…- -¡Te di una orden!-. Exclamó Bowie mientras la cargaba sacándola de la incómoda camilla, Sócrates asintió con la cabeza y gritó las órdenes mientras Bowie la miraba nuevamente para cerciorarse que no estuviese alucinando, el corazón se le salía del pecho, el auto aparcó frente a él y no dudó en entrar con ella en los brazos. –Al fin harás que todo vuelva a su lugar Joanna-. Susurró Bowie mientras el auto partía con la carga más preciada del reino.   
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