La respiración era audible mientras Bowie caminaba a paso rápido flaqueado por dos de sus capitanes mientras avanzaban por los pasillos del castillo con rumbo a los aposentos del rey, los nervios se apoderaban de todos mientras meditaba cuales serían las palabras correctas para darle la noticia a su soberano, la madrugada pintaba la noche fresca, Bowie apenas y había conciliado el sueño cuando la noticia le llegó como un golpe de agua fría, una parte de la cuidad estaba en caos y no podía entender cómo era posible aquello, por ende mientras caminaba el sudor le mojaba la espalda, aún no resolvía un problema cuando ya tenía uno nuevo tocando su puerta, sin embargo mientras uno de los sirvientes abría la puerta de doble ala de los aposentos del rey se dio cuenta que esté último ya estaba completamente enterado de las noticias de las cuales lamentaba no poder resolver como por arte de magia; un latido nervioso se apodero de él cuando los ojos dorados de Chariose se posaron sobre su general, Sócrates puso la espalda recta al comprender que de aquellos ojos la ira se expandía hasta su espina dorsal.
-Su majestad…- Intervino Bowie hincando la rodilla en la alfombra de la habitación seguido de sus capitanes.
-Quiero que envíes a los mejores soldados, los responsables deben estar en los alrededores-, masculló la intimidante voz del rey mientras sus sirvientes le acomodaban una fina bata de satín sobre los hombros –ordena que cierren las fronteras de las ciudad y quiero soldados buscando en las calles-. Masculló sentándose con elegancia sobre una de sus sillas mirando para su balcón donde a lo lejos podía apreciarse el caos que solo los dioses sabían quiénes habían provocado, Bowie tragó saliva con dificultad asintiendo con la cabeza en silencio.
Chariose les hizo un gesto con la mano indicándoles que era hora de irse, Bowie apretó los labios con irritación, y con una reverencia salió de la habitación con sus capitanes pisándole los talones, estaba decidido ahora más que nunca a encontrar el al hijo de perra responsable de todo aquello, Chariose y el pueblo se lo exigía, apretó sus puños caminando de regresó a las calles donde seguro le esperaría el caos del que ya estaba completamente arto, a buena hora el infierno se había desatado en el reino, tenían ocho años de paz después de que el rey invadido los reinos vecinos donde gracias a los dioses había salido victorioso, Chariose mantenía todo en orden por la prosperidad de su pueblo, debía mantenerse firme si quería dar buenos resultados, la fiereza le recorría la venas como veneno, aquella noche después de las posibles bajas humanas se sentía mucho más dispuesto que nunca.
El rey sol soltó un largo suspiró acomodado sobre su silla mientras continuaba mirando el frio balcón, algunos incendios se habían provocado por los derrumbes y hasta donde estaba podía oler el particular olor del metal y madera ardiendo, apretó los dientes mientras sus sirvientes lo miraban en silencio apostados en ciertos puntos de la habitación, hizo un gesto con la mano y su mayordomo se apuró en servirle vino en una copa brillante, Chariose lo miró por el rabillo de ojo por un momento poniéndole los pelos de punta, tomó la copa con una mano y de un sorbo se terminó todo su contenido pensando en que si todo aquello sería parte de alguno de sus enemigos políticos, aquel incidente en el bar y ahora esto solo podía ser provocado con el fin de desatar una guerra de la cual él no rechazaría, lo que le restaba era encontrar quien era el responsable de aquella barbarie, apretó la copa con tanta fuerza que termino rompiéndola de golpe haciendo que algunos de sus sirvientes respingaran de pronto al mirar como su soberano hervía de ira, en aquellos momentos un nuevo sirviente se aposto entre jadeos en las puertas de sus aposentos con una expresión de adrenalina, su mayordomo fue el encargado de entregarle las noticias, escucho como el sirviente se alejó corriendo de regresó a sus obligaciones, agudizó el oído cuando su mayordomo le susurro en el oído; su sequito de consejeros solicitaban una reunión de emergencia, soltó un nuevo suspiró y de inmediato dejó que sus sirvientes le quitaran la ropa de cama para volverle acomodar sobre los hombros su pesada capa negra después de vestirse con aquella característica ropa de diario.
La reunión duro hasta que la luz del sol asomo de nuevo en el horizonte, tuvo que mediar a sus consejeros que hablaban al mismo tiempo entre histéricas declaraciones de guerra hacia reinos que suponían serían las responsables de ese caos, y no fue hasta que hartó de escucharlos intervino con tajantes palabras firmes; él se encargaría de resolverlo para antes de que se celebrara la fiesta anual de la primavera donde además de un elegante baile real el pueblo festejaba con un colorido carnaval, aquello no pareció agradarle a sus consejeros quienes con el mayor cuidado posible advirtieron al rey solo aquella proeza de la que si no se atacaba el problema a tiempo podría servir como parteaguas para quien estuviera a cargo de del caos, sin embargo Chariose tenía una dolorosa corazonada, algo muy dentro de él sabía que no se trataba de algo político, esto era mucho más oscuro de lo que pensaba, así que solo tenía 15 días para resolverlo o ahora si se arriesgaría a que las palabras de sus consejeros se volvieran realidad; dando por finalizada la larga charla tediosa se dispuso a continuar con sus obligaciones, además de firmar tratados y aprobar o refutar nuevas leyes debía encargarse de su otro pasatiempo, contactar a su general Zigor para el reporte diario de su búsqueda de la cual sabia ya se estaba realizando fuera del reino.
….
La noche había sido tremendamente larga, apenas y acababa de estarse quieta después de pasársela abandonando refugios todo la madrugada, la guardia del sol estaba por todos lados buscando a alguien que tuviera el más mínimo rasgo de parecer sospechosa para arrestarlo de inmediato, la madrugada se la paso escapando de un lado para otro con una evidente cogerá, una clavícula salida y un par de costillas rotas, el dolor casi se apodera de ella al intentar escapar con cuidado de no ser vista por nadie, sabía que no lucia como una ciudadana común para poder mezclarse con los demás afectados, ella era la única que parecía haber tenido una pelea violenta de la cual no quería ni recordar, se reprendía a sí misma una y otra vez, todo eso era su culpa, a pesar de que sabía que Griffin tomaría cartas en el asunto decidió tomar el riesgo de todas formas, era egoísta con pensar que sus intereses estaban muy por encima del bienestar de todo un reino, sin embargo aunque los resultados fueran incluso peores de los que ya estaban no estaba dispuesta a cambiar de opinión, para ella era la hora de abandonar todo lo que Griffin era, incluso si sabía que era renunciar a sí misma, a quien era, entre ambos nunca había existido más que una poderosa sensación de deseo, y es que aquel lindo sentimiento como era el amor no era bienvenido en su mundo de oscuridad, pues no existía más que el “éxtasis de saciarse” en todos los ámbitos del que pudiera desprenderse; las circunstancias de las que Griffin la había encontrado habían sido las peores, e incluso cuando esté le dio “su regalo” nada mejoró, no fue hasta que probo sus favores que se dio cuenta que era de lo único de lo que se sostendría; tuvieran que pasar casi diez años para entender que extrañaba sus raíces y sobre todo la sensación del amor, de la que había perdido por completo,Griffin nunca había podido dársela, lo más parecido que podía darle era cuando ambos se devoraban, además, lo extrañaba, a él, a su rey, su primera sensación de alivio y calidez, a veces imaginaba si aquella noche fatídica no hubiera pasado ¿Chariose la hubiera aceptado después de todo? ¿Oh, tal vez él jamás le hubiera correspondido? Quizás y hubiera tenido la oportunidad al menos de poder besarlo, tener aunque sea aquel recuerdo de sus labios tomando los de ella…
Parpadeo entre dolorosas descargas que su cuerpo le arrojaba mientras se apresuraba a encontrar algún sitio del que pudiera descansar y alimentarse, la pelea le había gastado casi todas las energías que había reunido con el banquete del bar, ahora tenía que encontrar al menos un poco de carne humana para poder reponer los huesos rotos, se vio obligada a esconderse en un desierto callejón fuera de un restaurante para lograr descansar un poco, Griffin no tardaría en volverla a encontrar y debía estar lista para una nueva batalla, estaba completamente decidida a pelear, él no la regresaría a aquel mundo oscuro del que muy a duras penas había conseguido salir, en esos momentos mientras se sostenía el costado con una mano no le importaba llevarse a todos al infierno con tal de volver a sentir aunque sea un poco de la humanidad que le habían arrebatado, así que tomando ventaja de la ajetreada mañana que ella había traído como consecuencia de su pelea tomaría a un pobre despistado al que comería hasta el hueso, se incorporó entre muecas de dolor entrando en aquel instinto que la regia, el callejón le daba tiempo de ventaja, además no era un mal lugar para desayunar, su cuerpo consiente de una nueva ración de comida se activó de tal manera que ignoró las dolorosas punzadas de los huesos rotos y sigilosa tomo ventaja de sus habilidades sobrenaturales y la oscuridad de su escondite para poder asechar a su presa, una desorientada mujer que miraba con terror como los soldados del sol irrumpían en una casa frente al callejón fue su objetivo, tomaría provecho de los gritos de las personas para amortiguar las de su víctima, y así lo hizo, solo esperó a que las personas comenzaran a gritar cuando la guardia del sol rompía todo el interior entre gritos de niños aterrados y mujeres histéricas buscando a quien debían considerar autor de los estragos de la noche, Joanna se aplastó en la pared silenciosa avanzando con los ojos fijos en su objetivo que estaba a espaldas de ella en medio de la entrada del callejón, sus encías le cosquillaron, el hambre le incitaba a hincarle el diente, con cuidado de no ser vista, tomó a la muchacha que solo logro emitir un gritillo cuando ella le arrancó la garganta de una mordida silenciándola para siempre, y con cuidado arrastró el inerte cuerpo lánguido de la mujer hasta el fondo del callejón, se acomodó tras un largo contenedor de basura y se dispuso a devorarla lo más rápido que podía, la guardia no tardaría en escudriñar su escondite y no dejaría que la ventaja de ellos se apodera de la suya, así que sin cuidado destripo el cadáver para devorarse las entrañas, la carne que era la más difícil de despegar del hueso no la toco, no tenía tiempo, los soldados ya estaban terminando de vaciar la casa, comió lo más que pudo en el tiempo que tenía y cuando considero que era suficiente tuvo que dejar a su jugosa victima con pesar, su cuerpo agradecía el alimento, borrándoles los cortes y reparándole los huesos que volvieron a estar fuertes para poder moverse, ensangrentada y con la suficiente energía como para escapar decentemente aprovecho las paredes estrechas del callejón para impulsarse con ambas piernas hacia los amplios tejados dejando tras de ella una espantosa escena que la guardia del sol no tardo en encontrar con sumo horror.
Ahora de lo que debía preocuparse era de poder encontrar ropa limpia y un escondite, Griffin podía rastrearla en cualquier momento y por ende encontrarla, la comida no había sido suficiente como para regresarle las fuerzas suficientes, su prioridad, velar por su propia seguridad, no deseaba volver a ser arrastrada por Griffin a la oscuridad, de eso estaba más que cansada, así que saltando tejados y corriendo por estrechos callejones malolientes logró encontrar un escondite apropiado para pasar la noche la que ya estaba pintando el cielo en un oscuro color ónix, en silencio se coló por la ventana de una de las casas que había destruido la noche anterior, tenía una parte del techo pero le serviría para acomodarse en lo que pasaba la noche, de inmediato se hizo un ovillo mirando la oscuridad de la noche que cayó como un manto sobre la ciudad.