Capitulo 5 Besos prohibidos

1172 Words
Glen dejó a su hermana y continuó su viaje hacia su residencia de Hollywood Hills, pensando en lo que había vivido en las últimas horas. _ Es increíble que me haya pasado esto a mi _ sonrió irónico _ Me gustó una hermosísima chica que no solo tiene hijos, sino que está casada. Porque si me voy a buscar problemas, lo voy a hacer en grande, sino no los quiero. Apenas entró a su casa, se desplomó en el blanco sillón que tenía en su amplia sala de estar. Sacó su celular y vio un mensaje de un número desconocido, era Alex. “Mi mamá me ha dado tu número. Dijo que, si te quería escribir, podía hacerlo”. Alex. Escribió el niño junto a un emoji con una carita sonriente. Glen sonrió, no había logrado acercarse a la madre, pero si al hijo. La estrategia no le había salido tan mal después de todo. Como no estaba dispuesto a perder la oportunidad, le respondió rápidamente. “Alex, puedes escribirme todas las veces que quieras ... siempre que pueda, te responderé. Desde hoy, seremos amigos. ¿Te parece?” ¡El niño apenas lo podía creer! Glen Austen quería ser su amigo. ¡Por supuesto! Le respondió junto a un emoji. _ ¡No sé porque diablos hago esto! ¿Yo amigo de un niño? _ dijo burlándose de sí mismo _ Definitivamente, estás hecho un estúpido Glen ... un real y completo estúpido... pero ella vale la pena. Buscó en la galería de fotos, la que Eva le había tomado junto a Isabella. Sonrió, mientras aumentaba la imagen. _ Por Dios, no puedes ser tan hermosa Isabella... por ti podría hacerme amigo hasta de tu esposo si es necesario _ bromeó. Miles de mujeres a su disposición, pero la favorecida en captar su atención había sido Isabella, la mujer prohibida. No había manera de que pudiera sacársela de la cabeza, esa proximidad que había habido entre ellos, lo estaba volviendo loco. De repente, tuvo una idea. No podía esperar a la boda para volverla a ver, tenía necesidad por volverla a ver y usaría todo lo que tenía a su alcance por hacerlo. “En la guerra y en el amor, todo se vale” pensó sonriendo divertido y en ese momento su único nexo con Isabella era Alex, ¿Era algo sucio y cuestionable lo que estaba por hacer? Si, lo era, pero él no era ejemplo de moral ni de ética, ni le interesaba serlo. “Dime Alex, ¿Qué estás haciendo ahora?” le preguntó de manera casual al niño. Él niño le respondió al instante. _ Mi papá nos trajo a cenar a “IL Mare” ¿Sabes dónde queda? _ preguntó el niño quien de ingenuo no tenía un pelo. Glen sonrió divertido. Claro que lo conocía, era amigo del dueño, se levantó raudamente, tomó las llaves de su auto y salió hacia el lugar. _ No voy a dejar las cosas así, no puedo quedarme con la duda durante todos estos días _ dijo decidido _ necesito probar esos labios con urgencia. Apenas llegó, le pidió al gerente a quien también conocía, que lo ayudara a entrar por la puerta trasera del lugar, no quería llamar la atención, se asomó y ahí la vio. Clavó sus hermosos ojos verdes en ella quien sonreía divertida con sus hijos y a su lado estaba ese hombre desagradable quien parecía estar muy lejos de ahí, apenas si la miraba. Frunció el ceño, a pesar de ver el trato que ese hombre le daba, no pudo evitar sentir celos de él. Después de todo, era con quien dormía en ese momento la mujer que deseaba. _ Sigue así amigo, me harás muy fácil las cosas _ musitó divertido. Comenzó a pensar la manera de hacerla abandonar la mesa, para él poder hablar con ella, de pronto se le ocurrió una más que brillante. Llamó al mesero, le entregó mil dólares para que “accidentalmente” le derramara el vino sobre la ropa. _ Guiala hasta el baño y asegurate de que nadie nos moleste, ¿Ok? _ le dijo sonriéndole, poniéndole el dinero en el bolsillo. El hombre asintió e hizo todo tal cual Glen se lo había pedido, pudo escuchar la queja de Andrew ante la “torpeza” del mesero y supo que era su momento, se dirigió rápidamente al baño y esperó con paciencia detrás de la puerta. Apenas Isabella entró para limpiarse, él la tomó por detrás suavemente, ella dio un leve grito del susto, pues él le tapó la boca con la mano. _ Soy yo, Glen ... no tengas miedo _ le susurró al oído con voz tenue y melosa. Pasó suavemente su nariz por el cuello, percibiendo el hermoso aroma floral que ella usaba _ Te soltaré, pero no grites, se buena ¿Sí? Ella asintió con la cabeza. Glen la soltó e inmediatamente Isabella se dio vuelta mirándolo con furia. _ ¿Qué crees que haces? _ le reclamó tocándose el pecho _ ¿Quieres matarme? ¿Con que derecho haces esto? Glen la miraba esbozando una sonrisa indescifrable para la mujer, su inmutable y segura posición, la avasallaba dejándola en una posición muy vulnerable ante él. _ Con el derecho de querer verte y terminar lo que comenzamos hoy _ le dijo sin un ápice de inseguridad _ ¿O me vas a decir, que no te has quedado con la misma inquietud que yo? No se lo podía negar, pero tampoco podía darle la razón, después de todo era una mujer casada y debía guardar su lugar. _ Yo ... _ dijo dubitativa _ no sé de qué diablos estás hablando. Él dio un paso hacia adelante la tomó de la cintura y luego posó sus labios sobre los de ella, Isabella trató de oponer resistencia, pero Glen la fue llevando hasta la pared aprisionándola contra ella, fue intensificando el beso hasta que ella abrió la boca y él pudo introducir con toda libertad su lengua dentro de ella. ¡Por dios que hermosos y calientes labios tenía! Harían perder la cordura a cualquier hombre. Cuando por fin el hombre le dio una tregua, ella soltó una respiración acelerada y profunda, su pecho subía y bajaba con intensidad golpeando sus prominentes senos contra el ancho pecho de Glen. _ Dime que no me deseas, y te liberaré ahora mismo _ le dijo él con voz ronca mientras, le filtraba su mano por debajo de la falda, subiendo suavemente por su muslo _ dímelo Bella. Ella tragó saliva, cerró sus ojos soltando un leve gemido. No podía decírselo porque estaba confinada al deseo irrefrenable que sentía y al profundo placer que le provocaban sus besos y caricias. _ Glen... _ balbuceó entre jadeos, él la volvía a besar apasionadamente, mientras su mano seguía trepando más y más por la entrepierna de ella, casi pudiendo palpar la humedad que lenta pero poderosamente se asomaba. Y esto recién empezaba. .
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